jueves, 4 de diciembre de 2008

Palpitando el invierno (Parte 2)

El domingo a la mañana, antes de ir para lo de Mónica, decidí que no era apropiado llegar con las manos vacías, así que salí a buscar un lugar abierto donde pudiera comprar un vino. La mañana era de lo más helada que conocía hasta el momento, con nieve (o aguanieve, me cago en la diferencia) y todo. Encontré un lugar abierto donde no sé bien qué compré, pero al menos la misión estaba cumplida, y me encaminé hasta la casa de Mónica en Rosendaël. El frío siguió todo el día, y yo me perdí un par de veces antes de llegar, así que el trayecto fue bastante, pero bastante duro realmente. Al entrar a su casa, todo fue maravilloso, como tocar el cielo con las manos. Calor, amplitud, y español de verdad, no ese que suelo escuchar en las clases o entre las profesoras.... Mónica es increíblemente receptiva, llena de vida y con ganas de recibir a todo latino que se le cruce por la vida, y si es argentino mejor. Comimos con su familia unas milanesas exquisitas con puré (no sé si habrán sido las más ricas que probé en mi vida, pero el contexto así lo hacía parecer), entre historias de vida, elogios y tiradas de mierda a unos y otros (o sea, argentinos y franceses), y demás, hasta alrededor de las 5 o 6 de la tarde, hora en que decidí partir. En la noche no hice demasiado, porque al dia siguiente correspondía levantarse temprano para una jornada bastante extensa.

No hay comentarios: