miércoles, 3 de diciembre de 2008

Palpitando el invierno (Parte 1)

El lunes a la mañana salimos muy, pero muy temprano hacia la estación de trenes. Bertrand y yo nos despedimos de Robert, y nos subimos al tren, preacordando sentarnos cada uno en una fila distinta para hacer de los asientos una cama que nos permitiera prolongar el sueño. Llegamos alrededor de una hora más tarde a París, donde nos saludamos, y tomamos cada uno nuestro rumbo: él el subte, yo la calle hacia la Gare du Nord, donde en poco tiempo saldría mi tren hacia Lille. Ese viaje tampoco duró más de una hora, así que a las 11 ya estaba en Lille Europe, y 10' después en Lille Flandres, haciendo tiempo hasta que saliera mi tren, a las 12.30. La parada en Mc Do para almorzar fue casi obligatoria, iba a llegar al colegio con suerte quince o diez minutos antes de que empezara la clase. Ese fue, en efecto, el tiempo que tuve desde que deposité mis cosas en casa. No recuerdo ya muy bien la dinámica de las clases del día, pero como de costumbre no fueron nada satisfactorias, a excepción del 2D6 de Marguerite. A la noche, sopita y a la cama.
El martes sólo tuve clases con los 2D10 de Laure, a quienes no veía desde hacía prácticamente un mes, por lo que la misma no consistió en más que una presentación. Esa clase terminó a las 17, y a las 17.30 estaba ya en la plaza para encontrarme con Iris y volver a nuestras charlas de aproximadamente una hora en español, que habían quedado suspendidas durante las vacaciones, y al día sólo le restó la típica reunión de los martes en el Bommel con los demás asistentes.
El miércoles vino una clase a las 8 de la mañana con los chicos de Terminal. Es cierto, es demasiado temprano, pero al ser los que más español saben, se torna bastante entretenido y el tiempo pasa más rápido. Después de almorzar me encontré con Nathalie para ir a Bergues, que está a escasos 5' en tren, y sólo cuesta 2,40€ la ida y vuelta. También teníamos que esperar a Danielle, pero de todas formas el tren no salía sino hasta una hora más tarde, y la siempre simpática mujer de la empresa de colectivos no nos quiso dar mucha información sobre el micro de otra empresa que iba hacia allí. Hicimos algo de tiempo y salimos alrededor de las 3 de la tarde, llegamos en 5' y nos pusimos a recorrer esa ciudad que teóricamente era linda......lástima que estaba completamente vacía de casi todo. Caminamos un poco, tomamos un chocolate caliente, y un par de horas después de haber llegado nos fuimos, sólo que nos tomamos el tren en dirección contraria y eso nos trajo algunos inconvenientes, tanto para llegar como con los guardias del tren, que tienen menos onda que un renglón. Fue regreso, cena y a dormir.
El jueves es día de collège. También era día de paro docente, pero habíamos pasado dos semanas preparando las clases que iba a dar con Morgane, con lo que habría sido un desperdicio de tiempo adherirse al paro. Los ejercicios resultaron bastante adecuados, y las clases fueron muy buenas, así que salí muy conforme, ya por la tarde, aunque el cansancio nocturno me llevó a rechazar una propuesta de salida al Bommel. Solo charle un poco con Anita, quien me comentó que el sábado iría a Brujas con Iris a pasar el día, dado que tenía el auto disponible. Podía plegarme si quería, así que la idea no me pareció mala y al día siguiente arreglé con ellas para salir el sábado a la mañana. Por cierto, el viernes fue día de exposición de los trabajos que Claudie le había dado a los 2D de sección europea, más la primer clase con los 2D7 de Virginie desde que empecé a trabajar (sí, hacía casi dos meses que había empezado a trabajar), más un intento de que los 1ES3 entendiaran y completaran la letra de "El oso" de Moris. Mi memoria vuelve a jugarme una mala pasada, y no sé qué hice el resto del día.
El sábado me levanté temprano, preparé mis cosas (básicamente NADA), y salí a encontrarme con Anita en la puerta del internado para ir hacia lo de Iris. Hizo muuuucho frío esa mañana, y lo padecimos a lo largo de casi todo el trayecto, que no estuvo exento de pérdidas (o sea, nos perdimos una vez). Llegamos, tocamos el timbre, y no bien bajó Iris nos subimos al viejo Fiat Uno con caja de 4ta que comparte con su marido y, previa parada en la óptica para arreglar sus anteojos, nos fuimos hacia Brujas, lugar al que llegamos apenas una hora más tarde. Yo miraba el paisaje mientras las chicas hablaban en un fluido alemán que a mí, como de costumbre, me sonaba a insulto tras insulto. Hicimos una primera recorrida por el centro de la ciudad, pero el comienzo de la caída de lluvia, que luego se transformó en aguanieve nos apresuró a encontrar el museo del chocolate, al que queríamos ir. Luego de dolorosos 5€ entramos para ver un museo sobre la historia del cacao y el chocolate, pero que definitivamente no valía su precio. Habremos estado allí durante una hora, hora y media como mucho, y no pudimos llegar a la degustación de chocolate, pues faltaban todavía 20 minutos y moríamos de hambre.
Después de buscar bastante bajo el frío y la lluvia, nos metimos a un restaurant italiano donde nos atendió un mozo que extrañamente tenía un apuro inimaginable, a pesar de la poca cantidad de mesas del lugar. En ese momento recibo el inesperado llamado de Mónica, la argentina que vive en Dunkerque y que quiere conocerme, pero la pésima calidad de comunicación obligó a cortar la llamada. Comimos cada uno una pizza individual, y salimos a caminar un poco más, a perdernos por las calles de Brujas, que es como una Bruselas en miniatura, pero que el frío y el granizo la convirtió en una pesadilla. Nos vimos obligados al poco tiempo a meternos en un café y, luego de un chocolate caliente, volver para casa. Al llegar, fui a cocinar uno de los asquerosos platos congelados que había comprado en Lidl en casa de las chicas, y llamé a Mónica, quien me propuso ir a su casa al día siguiente al mediodía para comer milanesas (un golazo de mitad de cancha), y charlar un poco. Minutos antes de volver a casa y finalmente descansar, recibo una invitacióon a ver "Vicky, Christina, Barcelona", de parte de Hillary. Sólo costaba 5€, así que fue imposible resistirme. Media hora después estaba en el cine, disfrutando de una no super buena película, pero película al fin. No mucho más tarde de que hubo terminado, ya estaba en mi palacio real durmiendo.

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