miércoles, 8 de abril de 2009
Feliz cumpleaños a miiiii
Quién hubiera pensado que iba a festejar alguna vez mi cumpleaños en Dunkerque? Bueno, al menos no es invierno, pero así y todo Francia celebra mi cumple con una lluvia.
Anyway, se aceptan felicitaciones. Y en breve espero estar celebrando con mis fieles seguidores de la República de Buenos Aires, aka "Macriland".
Salutes.
martes, 24 de marzo de 2009
Breizh y más.
En fin, no bien llegamos fuimos para la casa de Marie, la CouchSurfer que los alojó las noches anteriores. Ella y su familia viven en una casa por demás rara, dado que tiene un templo budista en la parte de atrás, y que por eso queda abierta durante todo el dia!! Increíble pero real, llegamos y no había nadie, y entramos como panchos por nuestra casa, dejé mis cosas y volvimos a salir para visitar la biblioteca, donde se suponía que había una vista panorámica de la ciudad, que no resultó ser tan panorámica, o en todo caso no tan impresionante.
Caminamos un buen rato por la ciudad, visitando en forma bastante rápida los lugares más importantes. Como toda región de Francia, Bretagne tiene sus particularidades, tal vez más que otras: construcciones en piedra con paredes muy, muy gruesas, carteles en francés y bretón, creperies por todos lados, y un sentimiento nacionalista (bretón) apenas comparable al de Alsacia. Deambulamos hasta aproximadamente las 18, cuando fuimos al supermercado a comprar la comida y volvimos. En casa de Marie estaba su mamá, que nos recibió con una bebida artesanal bastante extraña (pero para nada fea) que probamos durante la cena (cosas congeladas con verduras congeladas).
Luego de una digestión más o menos prolongada salimos para encontrarnos con Marie en la "rue de la soif" de Rennes. Por empezar, como el colectivo iba a tardar demasiad y estaba lloviendo un poco, decidimos tomar el subte, peeero camino a la estación se empezó a largar con tutti, con lo que nos empapamos bastante. Al llegar, la "rue de la soif" parecía una "rue du sommeil" por la poca cantidad de gente que había, aunque dada la lluvia y que era martes, es algo entendible. Nos metimos bastante rápido en un bar y pedimos unas cervezas, hasta que finalmente apareció Marie, con parte de un boudín casero muy rico :-P. Nos quedamos charlando un rato más, hasta que nos pareció prudente salir. A Marie también le pareció que sería una buena idea hacernos un pequeño tour por los alrededores de noche, sobre todo dado que su auto estaba un poco lejos. El problema fue que en todo nuestro recorrido la lluvia no hizo más que aumentar, y llegamos al auto aproximadamente treinta minutos (o quizás más) empapados hasta el orto. Para colmo, los limpiaparabrisas no funcionaban bien, y eso obligó a Marie a salir del auto un par de veces.
Llegamos a la casa y entre el agua y el frío nos había agarrado tal sueño que no nos costó casi nada dormirnos.
A la mañana siguiente no nos levantamos sino hasta las diez, y para cuando ya nos habíamos duchado, no teníamos demasiado tiempo hasta que saliera el colectivo que nos dejaría en la estación para tomarnos el tren hasta Saint Malo, nuestro próximo destino. Mientras preparábamos el almuerzo llegó Marie, que había logrado salir antes del trabajo para despedirnos. Comimos con ella (quien realmente y a pesar de haberla visto un par de horas se portó de diez), limpiamos todo, agarramos nuestros petates y nos despedimos.
Tomamos el colectivo a tiempo, nos bajamos en la estación y esperamos a que fuera anunciado el andén de nuestro tren. Tuvimos alrededor de una hora y media de viaje hasta Saint Malo, donde no bien llegamos tuvimos unos 20 minutos de caminata hasta encontrar el hotel, debido a la falta de Couchsurfers en la ciudad.
Por suerte la habitación era bastante cómoda, no muy cara, y relativamente cerca del centro. Después de dejar nuestras cosas decidimos caminar por el centro histórico, para lo que preguntamos a la recepcionista por indicaciones. Afortunadamente nos dimos cuenta poco después de haber salido que la mina nos había dicho cualquiera, y un buen obrero de la construccioón nos puso de nuevo en camino. En el trayecto nos topamos con paisajes casi de película, una suerte de península a izquierda y a derecha, apenas opacado por el mal tiempo. Llegamos y pasamos primero por la oficina de turismo a por unos mapas, y luego entramos en lo que es la parte "antigua" de la ciudad, pues fue reconstruida después de la guerra manteniendo el estilo que tenía antes de ser destruida. Hubiera sido una caminata sumamente agradable por lo interesante del lugar, pero el hecho de que estuviera repleto de negocios y que hubiera empezado a llover y a haber un viento de puta madre amargó bastante nuestro paseo por las murallas. Al regresar, pasamos por la estación de trenes para ver cómo podíamos ir al Mont Saint Michel al día siguiente, y de paso buscamos un supermercado para comprar nuestra cena Y almuerzo del día siguiente: sandwiches de fiambre y queso, oficialmente declarada comida de los indigentes sudakas en Europa.
De vuelta en el hotel teníamos tan pocas ganas de movernos que apenas lo hicimos después de cenar. Después de decidir la mejor forma de ir a nuestra excursión del día siguiente, nos tiramos a ver la tele (pasaron Hairspray en francés, qué desastre!) y luego a dormir.
El jueves nos levantamos bien temprano a la mañana, nos alistamos y partimos hacia la estación de micros, pasando antes por nuestro nunca bien ponderado Lidl para comprar el desayuno y el almuerzo. Veinte minutos después estábamos partiendo rumbo a Pontorson, desde donde correspondía tomar otro micro, ahora sí, hasta el Mont Saint Michel.
El Mont Saint Michel (que queda en Normandie y no en Bretagne, ojo al piojo) es una postal hermosa. Una micro ciudad construida alrededor de una Abadía, toda en una península ínfima que queda el descubierto cuando hay marea baja, pero que se ve rodeada de agua con marea alta. Aquí una prueba de ello (ok, un poco escura, pero se capta la onda):
El problema del lugar es que por dentro, es un parque de atracciones para viejos: está compuesto casi exclusivamente de negocios de souvenirs, restaurants, hoteles y algún que otro museo, más la Abadía. Para peor, hay una densidad de turistas más alta que en la sala del Louvre donde se expone la Gioconda, sobre todo de japoneses, a los que hay que multiplicar por 1,5 por las dimensiones de sus cámaras de fotos super super. En fin, estuvimos aproximadamente 4 horas dando vueltas por el lugar, tanto por dentro como por fuera (es decir, rodeando la península caminando por la arena debido a la marea baja), hasta que se hizo la hora de tomar el bondi de vuelta. A eso de las 18 ya estábamos de vuelta en Saint Malo, camino al hotel, pasando por todas las pizzerias que se curzaban en nuestro trayecto para ver en dónde era más barato comprar nuestra cena. Nos decidimos finalmente por el gran Domino's, otro de los escasos reductos yanquis de Francia, donde la crisis ha provocado promociones de 2x1 en todas las pizzas, algo impensado en nuestra patria peronista. Luego de comer, la habitual fiaca nocturna nos condujo a un paulatino sueño.
El viernes por la mañana hicimos nuestras valijas para dejar todo preparado para la partida. Silvia tenía que ir a Rennes a buscar un abrigo que se había dejado olvidado, y nos reencontaríamos en el TGV hacia Le Mans, que hacía una parada en esa ciudad. Aclaro para que no me peguen, Le Mans queda en Pays de la Loire, no en Bretagne.
Ezequiel y yo, por nuestro lado, decidimos hacer una visita a aquellas partes de la ciudad que no habíamos podido ver. Dejamos las valijas en la recepción y salimos a disfrutar del primer día sin viento ni lluvia desde que me uní al equipo de asistentes.
Realmente Saint Malo es una ciudad muchas veces más linda que Dunkerque, no podría explicar cuánto mejor me hubiera sentido viviendo ahí, a pesar de que tiene conexión solamente con Rennes (eventualmente con Paris, pero son como 4 horas de viaje), que gira en torno a un puerto (como Dunkerque) y que llueve los 8 días de la semana (como en Dunkerque). Esto demuestra claramente que a pesar de todas las adversidades, uno puede hacer una linda ciudad (algo que NO pasa en Dunkerque). Un par de muestras de lo que digo:
Con Eze caminamos durante varias horas, llegando hasta un par de monumentos en honor a los combatientes de la Segunda Guerra. Cuando digo monumento me refiero a cualquier cosa que haya quedado en pie y tenga impactos de balas y todas esas cosas, a la que le pusieron una plaquita, pero la verdad es que está muy bueno. Acercándose el mediodía pegamos la vuelta para ir al comedor universitario y almorzar por la módica suma de 2,85€. Ok, el comedor estaba en la loma del orto y nos costó bastante llegar, pero posta que si hay algo que no existe más que en Francia (y que voy a extrañar tanto o más que el queso entre la comida y el postre) es el hecho de poder comer bien y barato, objetivamente (no me refiero a casos como el de Bolivia donde para nosotros es una ganga, pero para los bolivianos es como una semana de sueldo).
En fin, cuando terminamos de comer fuimos de regreso al hotel a buscar nuestros petates y enfilar para la estación de tren, no sin antes pasar por el Lidl que nos proveería la merienda a cambio de un par de euritos...Subimos al tren y esperamos pacientemente el momento de la partida. En el trayecto se nos unió Silvia, aunque tuvo que sentarse en otro vagón por tener un asiento distinto y ya estar lleno el nuestro. También en medio del viaje me llamó Estefanía, la rosarina que labura como asistente en Le Mans. Una copada mal, pero lo interesante fue el pedido de una señora paqueta (en inglés, porque siempre que no estés hablando francés para esta gente, estás hablando en inglés) de irme del vagón para hablar por teléfono.
Al llegar a "Le Mans" (los franceses me van a matar, en realidad debería haber dicho "Al Mans", pero suena tan feo que lo dejo como está), estuvimos a punto de tomarnos el tranvía cuando nos dimos cuenta de que estábamos a sólo 5 cuadras de la casa de nuestro CouchSurfer. Cuando llegamos, nos recibió Julien, junto con su novia Elise, pero además estaban Marion (una amiga de ellos), Priscilla (una CouchSurfer de Lille que se estaba yendo), y otra amiga más, cuyo nombre no recuerdo, pero que venía de Macedonia (seh, Macedonia, el mundo es una locura). No bien dejamos nuestras valijas nos sentamos a charlar con todos, mientras pasaban bandejas con Rillettes (la especialidad del lugar, pan con una pasta como de atún) y botellas de aperitivos. Luego vino una inesperada cena de carne con lentejas, y más vino y charlas a más no poder, y vino, y charla, y vino, y comida, y.......a las doce de la noche el cansancio nos había ganado a los newcomers, asi que nos fuimos a dormir.
El sábado nos levantamos a la mañana relativamente temprano. En realidad, no recuerdo mucho la sucesión de hechos de la mañana, lo cierto es que poco a poco se fueron yendo todos los que habían pasado la noche, y quedamos solamente los tres invitados con Julien y Elise. Por pedido nuestro, nos llevaron a ver el circuito donde se corren las 24 horas, al que por cierto nunca habían entrado. A excepción del mini-museo donde se exhiben un par de autos, la pista no tiene nada de especial cuando no se están corriendo las 24 horas, de hecho está prácticamente vacía. Por suerte, para animar un poco la visita, había una competencia de escarabajos, y un 500 nuevo infiltrado por ahí.
Una hora más tarde estábamos volviendo a la casa, sólo para tomarnos el tram hacia el centro de la ciudad. Le Mans tiene un centro comercial bastante lindo y vivo, con una plaza enorme (siempre de cemento, obviamente) pero muy linda, incluso con día nublado. Además, y como curiosidad, tiene placas por la calle con la forma de las manos de los ganadores de las 24 horas.
Después de tomar un café y comer un sanguche (si, me pintó decir "sanguche" y no sandwich), nos fuimos a recorrer el "Vieux Mans". Elise hizo estudios de traductora y trabaja para el estado, pero Julien trabaja relevando el patrimonio arquitectural del departamento (departamento como división administrativa), con lo que se conoce TODO lo que sea viejo y te cuenta cuándo se hizo, cómo se hizo, qué había antes, TODO, un fenómeno.
Estuvimos dando vueltas por ahí un par de horas, conociendo un poco de la historia de Le Mans (nuevamente, tendría que decir Del Mans, pero queda horrible) y sacándo(nos) fotos cual grupo de japoneses, hasta que decidimos entrar en un bar super extraño, decorado hiper finamente y lleno de fotos de Versailles, hasta el inodoro estaba hecho en forma de trono, una cosa increíble. Nos tomamos unas cheves y fuimos al super a comprar los ingredientes para las crèpes que comeríamos a la noche. En el medio invitamos a cenar también a Estefanía, para conocerla y sumar más argentinos al grupo, como si no bastara con dos. Llegó una hora más tarde, mientras yo robaba las fotos del viaje de todos y un poco de música francesa de la compu de Julien y Elise, y nomás entrar nos pusimos a charlar entre todos, excepto Julien que hizo nuevamente de chef y cocinó las crèpes, que por cierto salieron increíbles.
No se nos escapó prácticamente ningún tema en nuestra conversación nocturna acompañados de comida y vino, y eso es lo más increíble de CouchSurfing y la vida en Francia: el primero porque llegás a casa de un completo desconocido y automáticamente se vuelve tu amigo, no importa que sea la primera vez en tu vida que lo viste, no importa que el tipo/la mina ya te haya dejado dormir en su casa, no les basta con eso y mueren de ganas por saber tu vida y contarte la de ellos en el poco tiempo que tengas para charlar; en el segundo caso es porque estando rodeado de gente que habla otro idioma, encontrás hasta a un indigente que te pide una moneda en español y de inmediato se transforma en tu mejor amigo, y si tenés 10€ en la billetera, se los das porque habla español, aunque después te enteres que es un criminal de guerra nazi que casualmente nació y vivió sus primeros años en Haití antes de volver con su familia a Alemania. Cosas increíbles de este mundo que ya no me parece tan, tan grande.
Estuvimos dale que dale charlando hasta aproximadamente las 2 de la mañana (creo que un poco más también, pero mi memoria empieza a fallar), hasta poco después que Estefanía se despidió de nosotros y salió con sus amigas asistentes. Como mi tren partía a las 11 de la mañana del domingo, y tendría que levantarme más temprano de lo que el resto estaba dispuesto, realizamos las despedidas pertinentes y nos fuimos a acostar. Esta vez yo fui solo al cuarto del hijo de Julien, que la noche anterior habían usado el resto de los invitados, cosa que Ezequiel debe haber agradecido después de haber dormido en el mismo colchón durante unas tres noches.
Domingo a las 9 AM ya estaba arriba, duchándome y bajando a tomar un desayuno. Una hora más tarde baja Julien y nos sentamos a desayunar mientras conversamos un rato, hasta que se me hace la hora de ir. Me despido una vez más de él y voy hacia la estación, esta vez abajo de la lluvia, que nos había dado un respiro de dos días. Para mi desagradable sorpresa, el tren que tomaba a Paris no era un TGV, sino un TER que hacía trescientas ochenta y cinco mil paradas antes de llegar a Montparnasse. Por suerte contaba con mi amada compu y finalmente, después de tenerla ahi guardada durante meses, vi "Historias Minimas". Nada del otro mundo la verdad, yo también hago una peli así.
Al arribar a destino contaba todavía con una hora y pico antes de tomar el TGV a Dunkerque, que salía de la Gare du Nord, la otra punta de Paris (o casi). Como soy un judío de mierda, decidí que no valía la pena gastarme 1,6€ en un viaje en subte que va de la puerta de una estación a la otra en unos 10 minutos, por lo que emprendí una caminata con mi mochila y valija a cuestas por Paris, que obviamente estuvo a puntod e salirme mal. Paso a explicar: como Paris-Dunkerque es una ruta que obviamente tiene poca concurrencia, a la SNCF no se le ocurre otra idea que unir dos trenes hasta un determinado lugar, y después separarlos y que cada uno vaya por su lado. Para este fin, te asignan un vagón de los que va a tu destino, peeeero, si llegás 2 minutos antes de que salga el tren y tu vagón es el último de la formación, se te complica la cosa. Por este motivo tuve que viajar parado aproximadamente 40 minutos hasta la primer parada, la única a la que iban los dos trenes juntos antes de separarse, y debí bajar inmediatamente empujando a viejas, niñas y guardas de tren para subir a la formación correcta.
Ya en mi asiento, y al poco rato de arrancar el tren, se cruza Yolanda por el vagón. De haber sabido lo mal que había pasado las vacaciones y que acababan de agarrarla con su Carte 12-25 trucha (porque ella tiene 28), creo que me hubiera hecho el boludo. Pero en fin, tuvimos una conversación un tanto incómoda (para mí) durante aproximadamente una hora. Cuanto llegamos a Dunkerque, cada uno tomó su rumbo, yo me fui para mi habitacion/casa y ella para su estudio. Era el fin de las mejores y más largas vacaciones en Francia so far, y para mejor el tiempo había mejorado bastante con respecto al de hacía 20 días atrás.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Tout le monde rêve d'y aller au moins une fois dans sa vie
El sábado fuimos a pasar el día en Versalles, y la verdad es que no nos alcanzó ni para ver la mitad, si contamos todo ese inmenso predio que ocupan el palacio y los jardine. Es realmente inabarcable, no sé qué extensión tendrá, pero la verdad que este Luis XVI era un zarpado, yo creo que no habría esperado a que llegara su nieto para empezar a cortar cabezas. Para peor, los miembros más mayores del equipo ya empezaban a mostrar signos de fatiga a horas cada vez más tampranas, por lo que seguir no tenía ningún sentido. Complicada fue la vuelta, nunca hubiera pensado que el RER C hacía un círculo, y mucho menos que los carteles informativos podían dar tan poca información, pero finalmente papá Feld decidió mandar al carajo nuestro orgullo de hombre y preguntar en ventanilla qué tren tomar. De yapa, y a pedido de hermanita Feld, nos bajamos en la torre Eiffel que ya estba con todas sus luces encendidas y su tropa de senegaleses vendesouvenirs para ofrecer un espectáculo turístico único.
El domingo aprovechamos que los museos serían gratis, por ser el primer domingo del mes, pero no tanto como me hubiera gustado. Por empezar fuimos a Notre Dame, y por primera vez vi en Paris gente yendo a la iglesia para rezar, cosa que me soprendió bastante más que la catedral en sí misma. Luego fuimos caminando hasta el Centro Pompidou, lugar al que tengo ganas de entrar como hace 4 años y que todavía no logro, y esta vez no fue la excepción, porque no bien llegamos empezamos a buscar un lugar para almorzar, y terminado el almuerzo, nos dirigimos al Louvre. Esta vez decidí ir a ver la exposición del Louvre medieval que me había perdido hace 4 años, y realmente valió la pena. En pocas palabras, durante los últimos trabajos de renovación del museo (esos que dieron vida, entre otras cosas, a la pirámide), se encontraron con las ruinas del antiguo castillo que fue construido ahí alrededor del siglo XII. Ahora lo exhiben, chimpum. Salimos alrededor de 3 horas más tarde, y emprendimos una caminata hacia el Arco del triunfo, que fue saboteada a los pocos metros por Julia, a quien le "dolía el estómago".
El lunes fue un día que podría haber sido perfecto, de no ser porque a la señora Julia se le ocurrió que seguía con dolores, y que por eso no nos acompañaría al tour que pensábamos hacer. El tour fue el mismo que hice con Vico al llegar a Francia, sólo que con otra guía, que al principio me cayó mal, pero luego se fue ganando mi simpatía. Luego de finalizado, el equipo volvió a separarse en "Brian" y "el resto" para que yo pudiera ir a tomar un café con don Volman. Nos encontramos en Montparnasse y estuvimos aproximadamente dos horas charlando por la módica suma de un café, hasta que fui interrumpido por doña Julia preocupada porque "el resto" aún no había regresado.....a las 5 de la tarde. Volvimos a pata Victor y yo, pasando por un par de supermercados para comprar fajitas para la cena del susodicho, sólo que no eramos justamente los seres más indicados para comprar comida.
Al regresar tuve que bancarme unas dos horas de preguntas sobre el paradero del resto de la familia, y hasta tuve que llamar a la dueña del departamento para saber dónde estaba la comisaría de policía, obviamente sin ningún sentido. Finalmente, aquellos a quienes mi madre les había dado el status de "perdidos" aparecieron poco antes de la hora de cenar, obviamente luego de haber aprovechado de su último día en París para conocer algunos de los lugares a los que no habíamos tenido oportunidad de ir.
El día siguiente en familia fue bastante corto, pues a las 3 horas de levantarme ya debía partir hacia la estación para tomar el tren que me dejaría en Rennes para continuar mi viaje, ahora en compañía de Ezequiel y Silvia. El viaje en familia duró el tiempo justo y necesario como para que no pudiera llegar hasta el hartazgo.
Bélgica (una mas y van...)
Bueno, lo haré breve porque ya estoy súper atrasado y la verdad es que no hay muchas novedades sobre lo que hicimos esos días, excepto una visita por dentro del Atomium, la "torre Eiffel de los belgas" porque lo hici
eron para la Exposición Universal del 38 (creo), sólo que los muy nabos la hicieron medio en las afueras de la ciudad, con lo que no es tan accesible. También vimos al Maneken Pis vestido de invierno, y el jueves, último día de nuestra visita, fuimos caminando tooooodo derecho derecho por la "Rue de la Loi" hasta el Parc du Cinquentenaire, y a la vuelta, se me ocurrió la brillante idea de pispear en la entrada de uno de los millones de edificios de "algo" europeo, y me encontré con la exposición que mandó a hacer la República Checa por su presidencia temporal de la UE, no tiene desperdicio. Por otro lado, el miércoles, cuando fuimos a Brujas, no sólo hicimos el tour autoguiado por las calles de esta minúscula y medievosa ciudad, sino que también lo hicimos en minibus, como el bateau mouche de Strasbourg, y al igual que en esa oportunidad, me quedé dormido a mitad del viaje. Dado que una imagen vale más que mil palabras, supongo que un par de fotos servirán para dar una idea de nuestras aventuras belgas:
domingo, 15 de marzo de 2009
Luxemburgo, el no-pais
¿Por qué el no-pais? Bueno, por empezar, es un ducado, o sea que no es un país hecho y derecho, pero principalmente porque Luxemburgo, si bien es muy, pero muy lindo, lleno de casas antiguas (muchas de ellas con esas torres cónicas de estilo medieval), miradores por doquier, un parque bien en medio de la ciudad enorme y muy bien cuidado, es un lugar en donde da la sensación de que no pasa absolutamente nada. De verdad ¿alguien alguna vez escuchó, leyó o vio alguna noticia sobre Luxemburgo? Bueno, ellos tampoco, porque la enorme mayoría del diario refiere a la situación internacional, y la parte local tiene noticias del tipo "Crean un perfil falso del Primer Ministro en Facebook"....como decíamos con Javier, a ese lugar le faltan un par de ladrones y/o asesinos, al menos que maten de mentiritas, no sé, algo...
La foto la debo, tendré que esperar a que alguien del Team B (o sea la familia menos yo, que soy el Team A) se digne a mandarme alguna. Por suerte para nosotros, este tipo de ciudades tan poco extendidas permiten que uno las visite de manera fácil y relativamente rápida, sobre todo cuando se sigue el recorrido que te marcan en la oficina de turismo. A eso de las 17 volvimos al auto y, aproximadamente a las 17.30, ya estábamos en Bélgica (sisi, Luxemburgo es MUY chico), a apenas una hora y media de Bruselas, donde nos recibió la dueña en patas. Un departamento demasiado raro, con una extraña configuración de camas para 5 personas, pero como punto a favor, con un lavaplatos salvador de after-meals.
Poco después de instalarnos, caímos en la cuenta de que no teníamos absolutamente nada para comer, y ya eran aproximadamente las 20, lo que aquí implica "todo cerrado". Por suerte, todo excluye a los kiosquitos árabes, que nuevamente nos salvaron las papas. Después de comer e intentar acceder a internet (por suerte en ese bendito país las conexiones no vienen bloqueadas con contraseña por defecto), fuimos a dormir para no desaprovechar el poco tiempo que tendríamos en Bélgica.
viernes, 13 de marzo de 2009
Chupando frío
Seguimos nuestra caminata por una hora más, dado que a mediodía teníamos que dejar el hotel. Doce en punto estábamos saliendo con el auto, abandonando Troyes para dirigirnos a nuestro siguiente destino vacacional: Estrasburgo, o mejor dicho Alsacia. Viajamos durante aproximadamente 5 horas, parada para almorzar incluída, por lo que parecía ser la pampa argentina: campo, campo, ciudad mediana, campo, campo, campo.
Llegamos a Estrasburgo alrededor de las 17.30, no nos fue muy difícil encontrar nuestro alojamiento gracias al GPS, y allí nos recibió la hija de la dueña para mostrarnos el lugar. El día ya estaba "perdido", por lo que nos instalamos y, luego de las compras pertinentes en el supermercado y una charla con la dueña (quien nos explicó qué cosas podíamos hacer durante nuestra estadía), nos propusimos descansar. El hecho de que el día hubiera sido mayormente soleado nos llenó de esperanzas, que se esfumaron no bien comenzó el día siguiente.
El viernes, luego de dejar el auto en el parking público y tomar el tramway, hicimos el recorrido de Estrasburgo bajo un frío como pocas veces habíamos sentido. Realmente la ciudad no tiene nada que ver con el resto de las ciudades que había visto antes, producto de su origen germánico.
Nuestra primer parada fue en la catedral, enorme, imponente y.....roja. Adentro, mientras estábamos haciendo la visita, y nos aproximábamos al reloj astronómico con sus marionetas mecánicas, fuimos abordados por un Estrasburgués loco que no nos dejó solos ni medio segundo durante casi una hora explicándonos(me) cada detalle de la maldita catedral. Los franceses de esta región ya se estaban mostrando simpáticos, demasiado simpáticos tal vez.
Terminamos el recorrido y salimos para subir a la torre de la catedral, con unos 300 escalones que pusieron a prueba la resistencia del Team Feld ya desde el tercer día de viaje. Con mayor o menor dificultad, todos lo superamos y obtuvimos como recompensa vistas como esta de la ciudad:
Vale decir que a esa altura y al aire libre, nos requeterecontra cagamos de frío. De hecho, no se llega a apreciar porque era muy poca, pero estaba nevando.
Luego del descenso, volvimos a entrar para ver el reloj en funcionamiento. Unos tres minutos de desfile de apóstoles y demás muñequitos moviéndose al compás del ding-dong, lo único que sorprende de todo eso es que es un reloj que tiene casi 200 años.
Nuestra próxima parada fue el muelle donde paraba el bateau mouche de Estrasbourgo, que hacía el recorrido alrededor de la islita con comentarios en español. Antes de subirnos, sufrimos un almuerzo de linyeras bajo el horripilante frío. Los dedos de mis pies estaban en un estado tal de congelamiento que ya no los sentía para nada, y me vi obligado a dar vueltas para que circulara un poco de sangre. Por suerte no pasó mucho tiempo hasta que pudimos subir al barco, pero la calefacción y el cansancio producto del frío que había tomado hasta ese momento hicieron que me pegara un torro de aquellos, y no pude aprovechar casi nada del paseo. Terminado el mismo, dimos una última vueltita por la ciudad,nos metimos en el shopping a tomar un café, y nos volvimos al depto. Media hora más tarde nos dirigimos a la casa de la dueña del departamento, quien nos invitó un apéro junto con unos australianos que hacía 6 meses que vivían con ella y que visitarían Argentina un mes más tarde. Unos grandes los aussies, y también la francesa, pues la comida y el vino alsaciano que nos ofreció fueron increíbles, tanto que casi no nos dio ganas de cenar luego de que nos fuimos. De todas formas, y para hacerle honor a nuestro alma de gordos, cenamos y nos fuimos directo a la cama.
El sábado partimos hacia Colmar, a alrededor de una hora de viaje. No hay demasiado para decir sobre Colmar, excepto que es muy linda aunque bastante chiquita, basta con un día o menos para ver las cosas de la ciudad que realmente valen la pena. Nuevamente, nuestra pobreza sudaca salió a la luz al momento de almorzar, cuando en medio de una plaza medio vacia pelamos nuestros sandwiches de fiambre y queso y el termo con té (no, somos una familia de no-mateadores). Aquí una prueba de lo que digo:
Luego de seguir recorriendo un poco más, de enseñarle a mamá a usar un baño público, y de toparnos con las bandas carnavalescas del fin de semana, decidimos pegar la vuelta, pasando antes por Estrasburgo para recorrer un poco el barrio llamado "Petite France" por su alta concentración de putas durante el medioevo (no es joda). Después de pasar a tomar un café cortesía de Subway, intentamos buscar, en vano, el Parlamento Europeo, hasta caidísima la noche, cuando nos volvimos al departamento descansar un rato antes de ir para el restaurant que la dueña nos había recomendado para comer platos tradicionales. Resultó ser un lugar de puta madre en el medio de la nada, pero por suerte las flammekuche tenían un precio bastante accesible (para un papá), y pudimos probar un plato de la región.
El domingo nos esperaba Haut-Koeningsburg, un castillo medievoso que se conserva en excelente estado, tanto que ni le pusieron calefacción, y como consecuencia (debido a que había nevado hacía poco tiempo), nos helamos enteritos, y más de uno debe haber estado a punto de no llegar con vida al final de la visita. Aquí una prueba:
Algo interesante de recalcar (mentira), es que mientras en los palacios renacentistas inmensos como Versailles hay sólo dos baños, este castillo tenía algo que aparentaba ser un baño en cada cuarto. Sería bueno saber qué carajo se incrustó en el cerebro de esta gente de los siglos XVI, XVII y XVIII para decidir que limpiarse era algo malo. En fin, la visita por todo el castillo duró unas dos horas en las que padecimos terriblemente el frío, pero así y todo valió la pena.
Esta vez los sanwiches del almuerzo los comimos en el auto, al abrigo de las miradas despreciativas y el frío polar, y seguidamente partimos rumbo a Obernai, un pueblito más chico incluso que Colmar, pero con ese mismo estilo alsaciano que tan bien queda. Allí no estuvimos mucho tiempo, principalmente porque en una hora y media ya le habíamos dado la vuelta al lugar, pero también porque era momento de volver y empezar a rearmar las valijas para partir temprano el día siguiente. Antes, decidimos pasar por una patisserie y comprar unas muy ricas porciones de tortas de las que hicimos nuestra merienda. Luego de eso, no hicimos más que dejar todo en orden hasta el momento de la cena. Seguidamente, todos todos a la cama.
jueves, 12 de marzo de 2009
When the Flintstones met the Jetsons
El miércoles empezó a las 6 de la matina, conmigo duchándome y alistándome para salir. Conseguí hacerlo a las 7.30 aproximadamente, pero debido al estado de mi valija sólo pude llegar a la parada del colectivo (que está a unos 300 metros) unos 10 minutos más tarde, todo un récord de lentitud. Nuevamente viajé sin pagar, no lo estimé necesario tratándose de sólo 3 las paradas que tenía que hacer, y mis bártulos no levantaron la menor sospecha. A partir de allí, y salvo percances menores que contaré a medida que avance en mi relato, todo fue demasiado simple.
El primer percance fue el acordarme que había olvidado mi registro internacional en la pieza, pero como no tenía grandes chances de manejar, ese no iba a ser un problema muy grande. De todos modos, ya casi era hora de que saliera el tren hacia Lille. El viaje fue de lo más normal, sólo que aproveché la adquisición del GPS para no dejar de pasar por un maldito ñoño y medir la velocidad del tren. Cabe destacar que si en nuestra querida República tuvieramos trenes un 50% más lentos que éstos (que eran trenes comunes), nos sentiríamos los seres más felices sobre la tierra, así que Cristi, dejate de joder con el tren bala y poné guita en las redes que ya tenemos.
Llegado a Lille Flandres me encontré con el inconveniente de tener que trasladar mis petates a través de los 600 metros que separaban esta estación de Lille Europe, de donde salía mi tren hacia el aeropuerto CDG, donde se suponía estaría esperándome mi familia. Por suerte pude usar uno de los carritos transportadores para llegar a la otra Gare, peeeero los muy hdp pusieron carritos distintos en las dos, con lo que mi eurito pa' la birra casi es apropiado por Estado Francés SA, de no ser porque un buen hombre ofreció darme 1€. En fin, estuve unas dos horas en el primer TGV de dos pisos en que he viajado, hasta que por fin llegamos al aeropuerto.
Ya en Roissy, nuevo percance: me entero que el avión tiene 2 horas de demora, por lo que en lugar de llegar a las 11 (poco después que yo), los aquí llamados Flinstones llegarían a las 13, y yo no los vería sino hasta unos 40 minutos después del aterrizaje. Una vez encontrados y dados los saludos pertinentes, nos dirigimos a la agencia de autos para retirar el coche, donde tuve que convencer a la tropa que el C-Max NO era mucho mas chico que el Scènic y que no nos estaban estafando.
En fin, GPS y auto en mano, nos dirigimos a nuestro primer destino: Troyes. Aproximadamente una hora del viaje consistió solamente en salir de la region parisina, y otra hora y media en la ruta propiamente dicha. Así, entre pitos y flautas llegamos a destino alrededor de las 17.30, luego de que don Luis cometiera unas 5 infracciones de tránsito en 15 minutos, pasándose semáforos en rojo y haciendo caso omiso a mi advertencia de que "en estas ciudades todas las calles son doble mano a menos que se especifique lo contrario". En el hotel tuve que pelearme con la encargada por 6 malditos euros que querían cobrarme de más (como de costumbre, "atención al cliente" es algo que a los franceses no les debe sonar), pero finalmente nos instalamos cómodamente. Dejé al equipo asearse luego del viaje mientras llamaba a Violaine, que ya estaba preparando todo y hasta se extrañaba que no hubiésemos llegado aún.
Finalmente, y luego de "perdernos" un par de veces alrededor de las 19, 19.30 llegamos a lo que, por esta vez, llamaré el hogar de los Jetsons. Ahí nos recibieron Robert y Violaine, como era de esperarse. Luego de las presentaciones dieron inicio unas 4 horas de lo más impensadas para mi: en lugar de oficiar de traductor, los Flinstons (Feld) y los Jetsons (Dumez) se entendian casi a la perfección y yo pude disfrutar con ambos! Esta bien, está bien, un tercio del tiempo estuvimos comiendo, sea durante el apéro, la cena (con una....¿tartiflette? exquisita), el queso o el postre, pero así y todo el idioma no fue para nada una barrera. Conversaciones de todo tipo (desde la posibilidad de que exista vida con los hijos fuera de casa hasta la imagen de Sarkozy en el exterior) se mezclaron con comida, vino y champagne. Luis y Julia decidieron que pasadas las 23 horas ya era el momento de dejar en paz a los pobres Violaine y Robert, que tenían que ir a trabajar al día siguiente. Despedida con promesa de regreso incluída, nos metimos todos en el auto y frase de mamá "la verdad, qué culo tuviste de haber caído en casa de esta gente". Indeed I was lucky.
La previa...
El martes por el contrario sí fue un día de antemano super relajado. Sólo una hora de clase y ya estaba de vacaciones. Lo único malo del asunto fue que tuve que esperar hasta las 17 para liquidarlo, pues es a esa hora que terminaba la clase con los 2D10 de Laure. Afortunadamente estos niños no presentan ningún problema, con lo que tampoco es que la pasé tan mal en mi última hora de trabajo pre-vacaciones. A la noche, y como ya era costumbre, nos juntamos "todos" los asistentes en el Bommel para tomar algo y charlar, obviamente de nuestras respectivas vacaciones por venir. Así fue durante un par de horas, hasta que todos partimos, volví a casa y no tuve más que terminar de armar mi destrozada y pesada valija y esperar la hora de la salida.
domingo, 15 de febrero de 2009
Gent +10 (esos podrían haber sido los grados que hizo)
El jueves fue una jornada larga en el collège. Tuve que recuperar una hora que me había quedado colgada desde antes de navidad (maldita Morgane, siempre haciéndome recuperar las horas), por lo que empecé a las 9 y, pausas mediante, terminé a las 15.30, y ya el día fue todo para mi. Al regresar, tuve que esperar más de la cuenta para ver Lost, así que decidí ver esa película de la que tooodos hablan en esta región: "Bienvenue chez les Ch'tis". Básicamente es una parodia de la gente que vive en esta región del norte de Francia, sólo que a mí me hubiera gustado que estuviese basado en una historia real, o algo así. Los Ch'tis son presentados como gente muchisimo mas copada de lo que encontré en Dunkerque. Tuvo que pasar la hora de la comida para que finalmente pueda disfrutar del último capítulo de Lost, pero definitivamente la espera valió la pena. Lejos de terminar ahí, mi noche internética continuó mucho tiempo más, al punto que fui a dormirme pasadas las 12...
El viernes por la mañana mis ganas de levantarme eran mínimas. No encontraba forma alguna de salir de la cama, y sin embargo tenía que estar listo para la clase de las 9, la única del día. De algún lado habré sacado fuerzas para levantarme, ducharme, desayunar y salir, todo para encontrarme con que ¡habían anulado el curso! Sentí dentro mío una mezcla de júbilo por saber que podía volver a descansar e ira por no haber sido avisado con antelación, lo que me hubiera ahorrado todo el esfuerzo previo a la llegada a clases, pero bueno, sólo me quedaba aprovechar de mi día libre y fue eso lo que hice: descansar y leer hasta el caer de la noche.
Finalmente llegó el fin de semana. Luego de pasar por Lidl a hacer un par de compras, me alisté para salir junto con Anita a la parada del colectivo que nos llevaría (junto a Katharina, la otra alemana de la troupe) a la estación de trenes de La Panne, en Bélgica. Destino: Gent, una de las ciudades más importantes de Bélgica, y también de las más lindas, a pesar de su clima un tanto hostil (igual al de Dunkerque, bah). De todas formas, extrañamente tuvimos unos de los días más soleados desde mi llegada a Francia, por lo que sólo el frío fue nuestro enemigo este día. Igualmente, estuvimos recorriendo la ciudad durante unas 4 horas aproximadamente antes de refugiarnos en un café.
Tuvimos que salir un poco a las apuradas para llegar al tren, pero lo logramos unos 3 minutos antes de que éste llegara con la ayuda de la gente que amablemente nos indicaba la dirección a seguir, y las vías del tram, que fue lo que finalmente nos condujo hasta la estación. Desafortunadamente, el tren no era lo único que podíamos perder en nuestro viaje de vuelta, y sí, el colectivo que nos traería de regreso a Dunkerque salió dos minutos antes de que llegáramos, y tuvimos que esperar una hora hasta la partida del próximo. Terminamos llegando alrededor de las 9 de la noche, muertos de frío y sueño, por lo que ese fue el final del día.
Hoy, domingo, fue día de lectura, día de partido de rugby (el no poder ver los que estaban programados para ayer me dejó con un poco de bronca, por lo que decidí no perderme lo que finalmente fue la paliza de Irlanda a Italia), y día de armado de valijas, para mi próximo viaje alrdedor de Francia :-D.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Palpitando el encuentro...
Al terminar, me fui al lycée a almorzar para seguir mi jornada, y al pasar por la sala de profesores y abrir mi casillero, me encontré con una nota diciendo que una de mis clases se había cancelado. Gran noticia, porque ahora sólo me quedaba una clase de 14 a 15 y estaría libre hasta el martes a la tarde. Afortunadamente, la clase fue bastante sencilla, aunque todavía tengo que luchar contra el malhumor de algunos. Al menos ya era libre.
Fui a ver si podía conseguir algo más de la ropa que necesitaba aprovechando el final de las soldes, pero terminé volviendo con una bolsa de supermercado con algo de comida que me faltaba (estoy peor que una mina, lo sé), y ya sin nada para hacer, me dediqué a grabar parte de las decenas de películas que bajé desde mi llegada a estas tierras inhóspitas. Durante la cena ya se empezó a sentir el advenimiento del partido más esperado por todos, con cargadas de la hinchada local. Obviamente, no tienen idea de contra quién van a jugar.
El martes a la mañana llegó un momento muy esperado por mi: luego de unos 5 o 6 meses, volvería a cortarme eso que ya no podía llamarse pelo. Es interesante cuán iguales son los peluqueros en todo el mundo: tanto acá como en Argentina se permiten esos aires de grandeza como exigirte tener un turno para cortarte el pelo, y tanto aquí como allá aman hablar de lo que sea, empezando por el tiempo (que por cierto era horrible, tuvimos vientos fuertes y tormenta) pero terminando, si uno quisiera, en la crisis económica. Por suerte para mí, el trámite no duró más de veinte minutos, y luego pude volver a casa a esperar que terminara de bajarse el último capítulo de Heroes, que posteriormente vi. Luego de eso, tocó el turno del almuerzo, el lavado de ropa, y ya se habían hecho casi las 15, hora de mi primer clase del día. Lamentablemente, nadie me había avisado de la suspensión de esa hora de clase, por lo que tuve que esperar una hora más, cruzado de brazos, hasta empezar a trabajar. Nuevamente, la clase fue pasó sin sobresaltos, y hasta diría que con algo de dinamismo.
Camino a mi habitación/casa, me encontré con Nathalie y su hermana, que había venido a visitarla desde Ginebra. Aproveché su presencia para sacar mi ropa ya lavada, y quedar para ir juntos al bar, como todos los martes a la noche. Esta vez, sin embargo, la velada se prolongó más de lo previsto inicialmente, y lo que pensé que sería una cena con cerveza de una duración de una hora, hora y media como mucho, resultó finalmente una salida a uno de los bares de la playa, el único que estaba abierto a las doce menos cuarto de la noche (sisi, así es Dunkerque), y que de todas formas no permanecería más de una hora abierto. En fin, terminé llegando a casa a la 1 de la mañana, pero como hoy no tenía clases.....
Esta mañana fue todo lo poco productiva que podía ser. Basicamente no hice absolutamente nada hasta el momento del almuerzo, y después mucho menos. Recién a las 16 salí para encontrarme con Yolanda, como ya es costumbre, e ir a tomar un café y charlar durante casi dos horas, hasta pasadas las 18. Ahora, después de la cena, espero paciente el pitazo inicial, ese que (espero) terminará en la oportunidad más grande de mi vida de reírme en la cara de un pueblo entero.
lunes, 9 de febrero de 2009
Fin de semana en Ch'tiland
El domingo fue un día.....vacío, digámosle. Pivoteé entre la computadora y mi libro durante prácticamente todo el día, y sólo salí durante unos 3 minutos a sacar la basura, que ya había adquirido dimensiones considerables. De todas formas, no sentí que la haya pasado demasiado mal. Terminé la noche escuchando a Boca, con lo que no habría podido terminar mejor.
sábado, 7 de febrero de 2009
Final de semana en Ch'tiland
Después de eso volví a mi casa y llevé mi bici al "taller de bicis" para que arreglaran un par de cosas, para lo que tendría que dejarla hasta el día siguiente. Volví a casa a pata, dejé a lavar la ropa y me metí en casa a practicar mi ya habitual hobbie de NO HACER NADA, combinado con la cita habitual de los jueves con LOST y lo que queda de mis gestiones diplomáticas con la comunidad hasta prácticamente la hora de la cena, y luego hasta la de dormir.
El viernes fue, a pesar de todo, el mejor día en el liceo. Digo a pesar de todo porque , en primer lugar, la noche fue terrible y casi no pude pegar un ojo, y porque en mi primer clase, de las 9 de la matina, me di cuenta de que había perdido absolutamente todo lo que necesitaba para la actividad, por lo que tuve que improvisar. Pero la segunda clase, a las 10, con unos estudiantes a los que no había visto nunca, fue espectacular. Eran alumnos de Claudie, y ella les había hecho estudiar la dictadura chilena de Pinochet, y me encargó a mí, hasta el final del contrato, hacer el paralelismo con el Proceso. Nunca hasta ahora me sentí tan útil desde que llegué, si bien supongo que no va a ser un trabajo sencillo.
Luego de eso intenté tirarme un rato en la cama, sin resultado alguno, pero logrando que el tiempo pasara hasta el almuerzo. Posteriormente decidí estúpidamente ir a la Securité Sociale (ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que fui), sólo para llevarme el disgusto de saber que todavía no tengo mi número (Estado de bienestar y la que te parió). A la vuelta a casa, fui a retirar mi bici. No tenía una idea muy clara de lo que costarían los arreglos, pero supuse que cambiar los frenos, ponerle grasa a la cadena y un par de boludeces más no pasarían de los aproximadamente 8€ que tenía en mi billetera. Grave error. Esta es una representación de lo que imaginé cuando me dijeron que tenía que pagar 26,80€:
En fin, tuve que pagar con tarjeta pero volví a casa feliz con mi bici. Lo único que restaba ahora era hacer tiempo hasta la hora de ir al cumpleaños de Alex, el hasta ahora único Dunkerquois copado (porque básicamente sabe lo que es Dunkerque y sólo viene los fines de semana). Finalmente, como hasta las 18.30 no tuve respuesta de Nathalie y Anita sobre el regalo, tuve que salir a comprar uno por mi cuenta, lo que por suerte fue una tarea bastante sencilla.
A las 19.50 salí para encontrarme, un poco por casualidad, con Nathalie, Anita y Danielle en la esquina, que básicamente no sabían para dónde ir, con lo que tuve que conducirlas hasta el bar-restaurant. Llegamos a las 20 en punto (sí, era muy cerca), y durante unos 15 minutos fuimos los únicos presentes, pues el agasajado llegó tarde (qué vergüenza...). La noche estuvo muy buena, la comida también, y tuve oportunidad de ver a un par de asistentes a quienes no veía desde hacía un tiempo, con lo que todo PODRIA haber sido genial, de no ser porque en cierto momento tuvimos que pagar la cuenta. Pensé que cada uno pagaría lo suyo, por lo que fui bastante medido con la ingesta de alcohol (además, mi pancita cervecera no hace más que aumentar), pero no conté con el hecho de que la cuenta se repartiría en forma equitativa entre todos los comensales: 26€ por persona, y yo encima tenía que pagar la parte de Anita, que se había ido antes y me había dejado 12€. Esta es una representación de lo que pensé cuando me enteré de la noticia:
Salimos del lugar y mi ya excesivo cansancio me obligó a abandonar a los demás, que iban camino al Bommel a terminar de empedarse. Al llegar a casa ya no tenía fuerzas para nada, con lo que cambiarme para dormir fue ya bastante esfuerzo. Empezaba un nuevo fin de semana, esta vez sin planes de viajes, con lo que será mi creatividad y sólo mi creatividad lo que me permitirá pilotearla (ergo, estoy en el horno).
miércoles, 4 de febrero de 2009
Pasé un rato por casa para dejar las cosas que estaban de más, y alrededor de las 13.15 partí rumbo a su casa para almorzar. De paso, decidí probar mi nuevo GPS andando en la bici, el cual funcionó de maravillas, aunque calculo que cuando uno está andando durante horas y horas, la voz de la gallega robótica puede cansar un poco. Llegué con unos 15 minutos de retraso, pero tratándose de una española y un argentino, es casi como decir que llegué a horario. La ingesta de un extraño pero rico pollo con salsa blanca y manzanas era lo único que nos impedía hablar el 100% del tiempo que estuve ahí. Es un placer juntarme a charlar con Yolanda, nos entendemos tan bien que muchas veces es un excelente desahogo de la realidad. Estuve ahí unas 4 horas prácticamente, hasta que llegó la hora de volver a casa, donde seguí con mis esfuerzos diplomáticos por internet, con una pausa para la cena. Mas entrada la noche, fui a ver la semifinal de la Coupe de la Ligue: Bordeaux-Paris, con Placente pero sin Cavenaghi. Buen partido, al menos bastante mejor que el Lens-Paris de hace unas semanas, y acompañado de dos chicos de Prépa bastante simpáticos y conversadores. ¿El resultado? 3-0 para Les Girondins, dos de los cuales se hicieron a menos de 5 minutos de terminar el partido.
Now's time to go to bed.
martes, 3 de febrero de 2009
Hoy puede ser un gran día....
Y así me lo planteé. Después del disgusto de ayer me dije "¿qué podría ser peor?". Caeteris paribus mi contexto (o sea, mi trabajo y el hecho de estar viviendo en Dunkerque), no encontraba una manera en que pudiera sentirme más miserable. Una persona en su sano juicio tal vez se habría suicidado, pero yo por suerte estoy un tanto loco, por lo que decidí tratar de enderezar las cosas. Obviamente, no todo salió bien, pero estuve cerca. Empecé por lo inmediatamente más importante: reconciliarme con la comunidad gala. Mails mediante, pedí mis debidas disculpas y tiré la pelota al otro lado de la cancha, sólo me quedaba esperar.Salí a intentar cortarme el pelo, pues había encontrado una peluquería "no tan cara" y decidí que era el momento de volver al punto de partida, o sea el estado en el que llegué. Lamentablemente, los aires de grandeza de los peluqueros llegan (y probablemente con más fuerza aún) a estas tierras, por lo que fui recibido con un "no tenemos turno para esta semana". ¿Pero qué son viejo, médicos? No, just think positive. Arreglé un turno y salí a buscar los regalos para la familia, para ser enviados por Pap&Mam Express al regreso de su viaje por estas tierras. Hecho esto, sólo me restaba "resolver" un asunto: el lycée. Al llegar y ver que las profesoras estaban yéndose cada una por su lado, decidí hablar primero con Marga. Debo admitir que es bastante "facha" algunas veces, y que cuando la escucho me dan ganas de mandarla de una patada en el orto a Marruecos, a ver cómo la tratan ahí, pero es la que siempre se ha mostrado más dispuesta a ayudarme, y la que lleva más años como profesora de español en el lycée. Dicen que el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo, y no se equivocan. Su discurso, si bien un tanto desesperanzador, logró hacerme bajar a tierra y empezar a aceptar la realidad tal cual es. Después del almuerzo (¡que por suerte esta vez incluyó queso! Lo que aumenta mi felicidad cuando hay queso en la comida no tiene nombre) Silvia siguió con el lavado de cerebro. Entre lo que quedaba de mi rato libre y la clase que tenía, parte del fruto de mi tarea matutina se hizo visible: Pasca decidió responder. Para mejor, la clase que tuve el día de hoy (que sólo era de una hora) resultó en parte objetivamente buena y en parte subjetivamente mejor a las demás, luego de decidir ponerme los anteojos de "la realidad" y sacarme los del "imaginario de Francia".
Terminada mi jornada laboral, fui a la Secretariat a pedir mi permiso de ausencia, para adelantar mis vacaciones, el cual me dijeron tenía grandes chances de ser aceptado (y ya me voy sintiendo como Maradona y Messi juntos haciendo maravillas en la cancha). Salgo a hacer un recorrido infructuoso por los negocios para encontrar algunos regalos que todavía me faltan, vuelvo a casa y me encuentro con un mensaje de Pascaline. Dos horas y media de conversación y la cancelación de mi participación en la ya habitual reunión de asistentes de los martes a la noche en el Bommel fue lo que tuve que invertir para tener la esperanza de recobrar su incipiente amistad, pero es altamente probable que haya valido la pena. Pocos minutos después, respuesta auguriosa de Julia, mañana será un nuevo día de gestiones diplomáticas en Potalandia. Queda todavía pendiente Maëlle, y si bien no me podría permitir llamar "éxito" a esta tarea con dos tercios de trabajo cumplido, sí presagia esto un mucho mejor resto de estadía.
PD: La imagen no tiene nada que ver con Dunkerque, la saqué de internet. Lo digo para no crear la ilusión de que hay amaneceres como este acá. Al menos, lo desconozco.
lunes, 2 de febrero de 2009
Estado de la "Nacion" al 2/2/2009
El fin de semana sólo parece haber sido una islita de felicidad en el océano de desesperanza en el que navego desde hace ya un tiempo. No lo soporto más, me estoy volviendo loco. Ahora entiendo cómo se sentía Tom Hanks en "Cast away" (pero no entiendo de dónde saco fuerzas para hacer chistes como este). Algo tiene que cambiar YA, pero dudo que sea posible en este pueblo miserable.
Ni siquiera el hecho de saber que esto tiene fecha de vencimiento me consuela ya, no sólo porque abril todavía me parece inconmensurablemente lejano, sino porque nunca pensé que iba a desear con tantas ganas irme. No fueron pocas las veces que soñé que ya estaba de vuelta en casa, aunque sin saber cómo ni por qué. Empero, siempre pensé que era un estado de ánimo pasajero, no un deseo que se iba a instalar en mí con tanta fuerza que ya ni ganas tengo de enfrentarlo.
Ya ni puedo ver claramente lo que estoy ganando con este viaje. Las escapadas que hago y los lugares increíbles que conozco empiezan a ser insuficientes para paliar lo mal que la estoy pasando en Dunkerque.
Rouen
No bien terminamos el almuerzo, Brice (el novio de Emma) y Charlie se fueron a las afueras de la ciudad a probar el Patator, mientras Emma y yo fuimos a dar una vuelta por el centro de la ciudad. Rouen no es muy grande, pero hay tanta gente que da la sensación de serlo. Además, es una ciudad donde se combinan edificios de todo tipo. Desde las casas antiguas de madera, torcidas que parece que se van a caer al estilo Troyes, hasta edificios super modernos de vidrio como la facultad de derecho o el rectorado, pasando por casas de ladrillos bien sobrias y otras con decoraciones extravagantes. Está muy bien cuidada, tanto que uno diría que no es una ciudad estudiantil, pero definitivamente lo es (al estilo francés, claro). Recorrimos los negocios del centro caminando por la rue du Gros Horloge, vimos el Palais de Justice con los vestigios de los enfrentamientos durante la Segunda Guerra Mundial, la placita del Ecole de Beaux Arts, con sus grabados tétricos, la Mairie, la Catédral, varias iglesias, incluyendo una super super moderna, el muelle y parte del puerto, la Préfecture que es enorme, la facultad de derecho, el rectorado, etc.
Habremos caminado unas 3 horas o un poco más, cuando ya el sol bajó casi por completo y el frío fue intolerable. Volvimos a la casa apenas un rato antes que Charlie y Brice, hueveamos un par de horas (bueno, algunos se entretuvieron mirando El Zorro, que al parecer está haciendo furor entre grandes y chicos acá ¿Alguien se imagina El Zorro en francés? Yo no, por eso decidí no acompañarlos), y sólo cuando ya se había hecho bastante tarde, fuimos a la casa de Remi, otro de los amigos de Emma, para cenar. La gente era la misma que la noche anterior (tal vez en menor número), y es que acababan todos de terminar sus exámenes y predominaba el ambiente vacacional, incluso si ya había empezado el segundo semestre para algunos.
La espera de la cocción de la cena la piloteamos con un extraño juego en internet de adivinar la canción y el artista que están pasando, sólo que mi cultura de varieté française no es nada vasta para ser sincero. Cenamos alrededor de la 1 de la mañana, y no mucho después todos se estaban yendo, acto al que nos adherimos.
El domingo fue aún más tranquilo que el sábado. No desayunamos, sino que directamente empezamos a hacer el almuerzo. Primero el postre: un arroz con leche con receta de internet que incluía cocción en microondas, que más allá de su gusto terminó haciendo un enchastre en toda la cocina. Luego la comida: fideos con steak haché, igual que el día anterior. Mientras tanto, yo veía la final del Australian Open por internet, obviamente con la expectativa de que fuera el gran Roger el que se lo llevara. Lamentablemente dios TAMBIEN parece haberme borrado de su lista de MSN, Facebook, y bloqueado mi dirección de mail, porque no me dio bola.
Luego del almuerzo y una exhaustiva limpieza, guardé todas mis cosas en mi mochila y salí, junto con Brice y Emma rumbo al Muso de Antigüedades, aprovechando que era el primer domingo del mes, y por tanto la gratuidad de los museos nacionales para los estudiantes. Como en cualquier ciudad de Francia, el domingo Rouen estaba casi desierta, y el 90% de los negocios estaban cerrados. De todas formas, esta vez se comprendía un poco más por el frío que hacía, de hecho trayecto hasta el museo parecía enorme con esta temperatura que si no estaba bajo el cero, le pegaba en el palo.
Con algunos objetos encontrados en Rouen y sus cercanías que datan de la edad media y el renacimiento, y algunos otros traídos de Egipto, Roma y Grecia, el museo no es muy grande, pero sí bastante atractivo, por lo que nuestra visita de aproximadamente una hora no fue nada decepcionante. Duró casi el tiempo justo como para ir a la estación y despedirme de mis anfitriones, pero como no daba para caminar bajo el frío, decidimos pasar unos minutos por la casa de Remi, donde Charlie estaba copiando a su disco duro algunos capítulos más del Zorro. Nos quedamos hasta las 18.05, 9 minutos antes de que saliera mi tren. Cuando llegamos a la estación, me di cuenta del error que había sido llegar tan justo de tiempo: el tren estaba hasta las manos de gente, todas con valijas enormes. Por suerte, luego de despedirme de todos, y pasando por un par de vagones, pude encontrar un lugar donde sentarme.
El viaje de vuelta no tuvo nada de interesante (por suerte), excepto su duración, un tanto larga si tenemos en cuenta que en auto uno podría hacer Dunkerque-Rouen en unas dos horas y media, mientras yo tardé tres y media entre los dos trenes. Dunkerque me recibió con una leve nevada, que por suerte paró a las pocas cuadras de haber salido de la estación. Llegué a casa, puse todo en su lugar, internetié como es debido, y a eso de la 1.30 el sueño terminó por vencerme.
domingo, 1 de febrero de 2009
It's a long way to Rouen
El jueves no fue un día demasiado cargado, así que decidí unirlo al relato del fin de semana.
Me desperté un tanto extrañado, y recién cuando empecé a tener noción de la vida y lo que me rodeaba me dí cuenta de por qué: France Info, en lugar de pasar las noticias de todas las mañanas, estaba pasando música. Música. LA radio francesa de noticias estaba pasando canción tras canción y nada de información. Instantáneamente recordé que estaba en medio de la primer huelga general contra el gobierno de Sarkozy. De todas formas, mis oídos no podían creer que hasta en la radio hicieran paro.
En el collège sólo tendría que hacer una hora de clases, y recién a las 14.30, pero al mismo tiempo tenía que hacer valer cada céntimo que había pagado para almorzar en el comedor, y eso incluía el almuerzo de ese día. Por lo tanto, después de un poco de tiempo, desayuno, y ducha, salí en mi bici hacia el colegio. Es increíble el ahorro de tiempo que una bicicleta (incluso vieja y un poco pesada) puede lograr. En lugar de tardar mis típicos 25-30 minutos, sólo me tomó 15 llegar a destino. Dejé mis cosas y fui al comedor, donde todo parecía bastante normal, a excepción del número de alumnos y de profesores, un tanto menor que habitualmente.
Después del almuerzo, llegó el momento de esperar pacientemente el comienzo de mi clase. En el medio llegó Evelyne, la profesora, para darme algunas directivas, como es su (ya bastante rompebolas) costumbre. Cuando llegó el momento, vinieron al aula que habían reservado para mí dos chicos y dos chicas, cuyo nivel de español se distribuía, prácticamente, de forma normal: un pibe que no cazaba una (no le entraba en la cabeza ni siquiera el hecho de que no estaba conjugando los verbos en las oraciones que escribía), dos con un nivel medio (que entendían la mayoría de las veces cuál era el error que les estaba marcando, aunque no eran excesivos), y una mina que, si acaso no tenía un buen nivel de español, por lo menos demostraba un uso de la razón bastante alto comparado no sólo a sus tres compañeros, sino al promedio de todos mis alumnos (incluídos los de Terminal).
Al finalizar la hora de clase, volví a reunirme con Evelyne, esta vez para ayudarla con un tema que no podía resolver y que a su juicio requería un nivel de español que no poseía, y también para darle de probar, a pedido suyo, un poco de mate. No sé si el hecho de que mi equipo de mate es digno de mi gusto por la bebida (o sea, demasiado pobre, de muy mala calidad), o alguna otra cosa más lograron que su experiencia matera fuera un completo desastre. De todas formas, no tardé mucho tiempo en darme cuenta (al llegar a Francia), que el mate no es para el paladar de cualquiera, mucho menos cuando son ya grandes, por lo que decidí no dárselo de probar a los chicos.
Volví a casa un poco tarde, justo para cuando empezaba la manifestación, por lo que decidí no volver a salir al frío de la calle. En su lugar, mandé un mensaje a Anita para saber si podía lavar mi ropa (mensaje que respondió unas 5 o 6 horas más tarde, por lo que no pude hacerlo), mientras veía el último capítulo de Lost y buscaba cosas tanto para el collège como para el lycée. A pesar de las pocas cosas para hacer que tenía, no me fui a dormir sino hasta la 1.30 de la mañana, a pesar de lo temprano que tendría que levantarme al día siguiente.
El viernes, sin embargo, no me desperté con la sensación de haber dormido poco, sino todo lo contrario. La falta de tiempo libre hasta que empezara la clase debe haber actuado sobre el inconsciente, porque la fiaca que había tenido durante el resto de la semana para levantarme no hizo acto de presencia.
Desayuné y me vestí rápido, y fui al liceo a encontrarme con Claudie. La muy zorra estuvo a punto de cancelarme la clase por un trabajo que les había dado a hacer, con lo cual la reserva del gabinete de computación hubiera sido completamente al pedo, pero por suerte me dio lugar a rechazar su propuesta, y al final los chicos pasaron alrededor de una hora escribiendo (o al menos intentando escribir) a un posible correspondant argentino. Pocas veces tuve que hacer tan poco esfuerzo en una clase, lástima que no pueda hacer esto con todos los estudiantes. Al sonar el timbre fui casi volando hacia mi aula para recibir a los Secondes de Virginie, sólo para darme cuenta de que me había olvidado la actividad que tenía preparada para hacer. Cuando volví, por suerte ya estaban todos sentados esperando, y no en la puerta como suelen hacer la mayoría (parece que ya logré instruir a algunos). Con algunos tropiezos al principio, la clase resultó finalmente exitosa, y mi fin de semana ya había comenzado.
Fui a casa a organizar un poco mis cosas para el viaje. Destino: Rouen, casa de Emma. Cuando todo estaba ya ordenado, volví al liceo a buscar algunas cosas que necesitaba para mis próximas clases, y luego a almorzar al comedor. Cuando terminé de comer, fui al departamento de las chicas a dejar mi ropa para lavar, mientras yo hacía tiempo en mi habitación, que se encontraba en un extraño estado de pulcritud que no quería cambiar. Volví alrededor de 40 minutos más tarde a buscar mi ropa, sólo que la presencia de gente en el departamento no estaba asegurada. Golpeé dos veces la puerta, y nadie contestó, pero no sé bien por qué decidí intentar entrar. No estaba cerrada, por lo que creí que lo habían hecho a propósito para que yo buscara mi ropa, que todavía se estaba lavando. Justo cuando estaba a punto de sacarla del lavarropas, empiezo a esuchar ruidos en el baño. Supuse que para quien se encontrara adentro no sería un agradable sopresa verme en su casa, y exactamente así fue: Anita se pegó el julepe de su vida, aunque por suerte no duró más que unos segundos. Finalmente salimos los dos: yo a colgar mi ropa, y ella a hacer sus siempre interminables trámites.
Luego de dejar mis cosas, salí para la estación para empezar lo que debían ser 4 horas de viaje. Digo debían estimado lector porque voy a hacerlo testigo del peor error que pude haber cometido desde que llegué a este país, de cuán pelotudo me sentí al darme cuenta de que lo había cometido, y de lo que tuve que hacer para “remediarlo”. Le sugiero que se busque un mapa relativamente detallado de Francia, pero como imagino que no lo tendrá, voy a ayudarlo pegando algunas imágenes de mi recorrido en tren, tramo a tramo, visto según Google Earth.
La primera hora y media de viaje fue bastante buena en el TGV hasta Arras, a pesar de que la mina que se sentó frente a mí (si, otra vez me tocó uno de esos asientos que van enfrentados a otros, sólo que por suerte esta vez el otro estaba en diagonal) tenía uno de esos comunes problemas de sordera que hace a la gente escuchar la música a un volumen tal que uno no tiene problemas en saber qué está escuchando el otro.......a un vagón de distancia más o menos. Para peor, la mina era fea como ella sola, de esas personas que tienen una extraña cara de asco, como si fueran demasiado para este mundo (porque parece que todo les repugna). De todas formas, comparado a lo que iba a venir, esto no fue absolutamente nada, un poquito de mala suerte nada más.
El problema surgió cuando llegué a Arras. Tenía 45 minutos de espera, tiempo suficiente (creí) para salir, buscar un Banque Populaire, sacar plata del cajero, buscar un supermercado y comprar algo para comer, pues ya empezaba a tener hambre (para ese entonces hacía unas 4 horas que no comía nada, y podrían llegar a ser 7 si no aprovechaba esta parada). Ese fue una parte de mi error, porque pasé al lado de unos 4 o 5 cajeros, todos de diferentes bancos, y mi maldita costumbre argentina de sacar plata de mi banco para evitar las comisiones de sacar plata de otros (que acá, en realidad, son casi nulas). La otra parte de mi error fue creer que mi sentido de la orientación había (vaya a saber uno por qué) mejorado en estos últimos tiempos, y que la posibilidad de perderme era baja ¿El resultado de esta atroz combinación de tacañería (o judaísmo, llámenlo como quieran) y exceso de confianza? Unos 25 minutos antes de que mi tren saliera estaba completamente perdido y, recién cuando decidí preguntarle a un policía, me di cuenta de que estaba bien lejos de la estación, y a pesar de haber corrido en la dirección que me indicó el buen “flic” (con los aproximadamente 5 o 6 kilos que llevaba en la espalda), no pude encontrarla sino hasta 5 minutos después de que el tren hubiera salido. Esto podría no haber sido un problema muy grave de no ser por dos cosas: Emma iba a recibirme en Rouen, y no tenía celular como para avisarle de mi retraso y (más importante aún), en el punto de información de la estación me dicen que ese era el último tren del día hacia esa ciudad. Me dieron dos opciones: esperar al día siguiente (lo que hubiera implicado probablemente buscar un lugar para dormir), o tomarme un tren a Amiens, desde donde (aparentemente) salía otro hacia Rouen. Por suerte había traído conmigo la computadora, y por suerte también pude robar internet de alguno de los escasos accesos desprotegidos que tienen las redes hogareñas en Francia para mandarle a Emma un mail avisándole del problema. A pesar de que el horario del tren que me habían dado no era el correcto, sí había uno con destino a Amiens, y como no requería cambiar mi boleto ni nada por el estilo, decidí tomarlo. Por ende, lo que debía ser un viaje Dunkerque-Arras-Rouen se había convertido en Dunkerque-Arras-Amiens-Rouen.
Con un aspecto de semi abandono y unas pinturas de temáticas alegres, pero demasiado oscuras para mi gusto, me encontré en Amiens con una de las estaciones de tren más feas que vi en toda mi estadía en Francia. No sé si decir por suerte, pero bueno, como premio consuelo al menos, no pasé mucho tiempo allí: en el punto de información me dicen que no hay tal tren a Rouen, y que las dos únicas soluciones que tengo (maldición, odio este tipo de “elige tu propia aventura”) son quedarme ahí hasta la salida del próximo tren, alrededor de las 10 de la mañana del sábado, o ir hasta París, llegar a la Gare du Nord, tomarme el RER desde la Gare Magenta a la Gare Saint-Lazare, y de ahí otro tren que llegaba a Rouen a las 23. La segunda era una opción arriesgada, requería un esfuerzo demasiado alto para lo que habían probado ser mis capacidades de viaje hasta ese momento, pero me negaba rotundamente a pasar una noche en esa ciudad, teniendo en cuenta que hasta ahora las ciudades francesas presentan una belleza directamente proporcional a la de sus estaciones de tren. Entonces, lo que inicialmente debía ser un viaje Dunkerque-Arras-Rouen, se había convertido en Dunkerque-Arras-Amiens-Paris-Rouen, y en lugar de las 4 horas iniciales, su duración sería de 7.
Lloré un poco para que me dejaran usar el boleto de tren que había comprado originalmente para este nuevo viaje, que nada tenía que ver. Ya con mi permiso sellado subí al primer tren, y esperé pacientemente la llegada a Paris. En el medio me llamó Emma que, demasiado inteligentemente, había visto los horarios y se había dado cuenta que el horario de llegada que le había dado no existía, y que estaba tomando el tren hacia Paris. La noticia fue doblemente buena, porque ahora tenía un número para avisarle cuando llegara, si es que finalmente llegaba.
Arribo a Paris, e instantáneamente empizo a buscar la Gare Magenta, que por suerte está muy bien señalizada. Realmente es una muy linda estación, en marmol y madera, bien cuidada y sin el típico olor a mierda del metro parisino, si hubiera tenido algo de tiempo habría sacado un par de fotos. Lamentablemente en el metro y RER de Paris no hay forma de colarse, así que el viaje de unos 5 minutos me costó dolorosos 1,6€ (¿y ustedes se quejan del subte, porteños boludos? jajajajaj). Llegué a Saint-Lazare, pero para encontrar precisamente los andenes tuve que caminar tanto que temí perder el tren, que para ese entonces salía en unos 8-10 minutos. A pesar de haberlo encontrado a tiempo, quise asegurarme que no tendría problemas con mi boleto, con lo que fui al Accueil (que en esta grandiosa ciudad SI está abierto toda la noche), pero el tipo me dio tantas, pero tantas vueltas que nuevamente temí perder el tren, por lo que le arrebaté el boleto de la mano, se lo presenté al guarda del tren y subí. Listo, todo estaba "solucionado".
Al llegar a Rouen me encontré con una de las estaciones más lindas que había visto hasta el momento, iluminada, con lindas pinturas, y con gente circulando. También me encontré con que Emma no estaba (cosa extraña, porque durante el viaje le había escrito un mensaje para anunciarle que había podido tomar el tren y que llegaría a la hora "prevista"), por lo que la llamé sólo para enterarme que acababa de ver el mensaje. Me indicó la forma de ir hasta su casa y yo, con bastante miedo por el problema de orientación que había tenido hacía sólo un par de horas, decidí intentar seguir sus instrucciones. Finalmente nos encontramos a un par de cuadras de su departamento, subimos, y me encuentro con unas 15 personas que estaban festejando el cumpleaños de su coloc Charlie, quien estaba chocho de la vida con uno de sus regalos: el Patator, o lanza papas. Verán, esta gente estudia en el Insa, una universidad de ingeniería donde los convierten en asesinos en potencia con todos los conocimientos de química y física que les dan.
Mi aguante luego de esta tarde adrenalínica llegó sólo hasta las dos y media de la mañana. El otro coloc de Emma, Maël, se había ido a su casa, por lo que su habitación estaba disponible para mí, y poco después de tirarme en la cama ya había caído en un sueño más que profundo.
jueves, 29 de enero de 2009
Empanaditas calieeeeeentes.....
Volví a casa, descansé unos minutos y volví a salir para la casa de Mónica. Obviamente no pude evitar perderme, pero esta vez la suerte o la Fuerza (o las dos) estuvieron conmigo (thank you Master Yoda), y encontré el lugar rápido. Como siempre, tanto ella como su hermano Cucho me recibieron de diez. A pesar de que había ido a preparar y comer empanadas de carne, sólo hice lo segundo, pues Mónica ya se había encargado de lo primero. Pasamos horas y horas charlando, y en el medio vinieron Rosario (la profesora de física del liceo, que es uruguaya) e Ionnai (en realidad es un nombre raro, no sé cómo se escribe), colombiana que vive en Francia hace un par de años, muy amiga de las dos. Hacía tiempo que no la pasaba tan, pero tan bien, fue como haberme tomado vacaciones por adelantado.
El tiempo pasó sin que me diera cuenta, y terminé volviendo a casa a la una y media de la mañana. Hice un intento de quedarme despierto para bajar Lost, pero el décalage horaire entre Francia y USA es mortal, no tuve chances y me fui a dormir.
martes, 27 de enero de 2009
¿Toco fondo?
Dejé a lavar la ropa y me fui a la sala de profesores, donde Silvia y Laure, frente a mis actitudes del día anterior (en el que dejé ir a dos alumnos que se sintieron "insultados", lo que básicamente se debió a una mala interpretación del español de su parte), me sugirieron simplemente "hacer lo mejor que pueda y reirme de las burradas que dicen los chicos", el conformismo en su máxima expresión.
Las dos clases fueron, básicamente, mediocres. No había pedido un trabajo muy difícil realmente, pero estos chicos están llenos de sorpresas, y ante mi perplejidad por lo burdo de la mayoría de sus presentaciones, osé preguntar "¿les dan trabajos para hacer seguido?" a lo que respondieron con un rotundo "NO". Decidí darles una segunda oportunidad para reivindicarse, veremos qué tal lo hacen dentro de dos semanas.
Volví a buscar mi ropa, intenté seguir mi búsqueda de material sobre el PRN (aún infructuosa), hasta que se hizo la hora de la cena, y luego de volver a "casa", donde me encuentro desde hace ya 4 horas y media. Mañana el día se perfila espléndido: no hay clases, voy a buscar la bicicleta que me prometió Michel (profesor de plástica del collège), y a la casa de Mónica (la argentina) a comer empanadas, después de 4 meses!!



