martes, 3 de febrero de 2009

Hoy puede ser un gran día....



Y así me lo planteé. Después del disgusto de ayer me dije "¿qué podría ser peor?". Caeteris paribus mi contexto (o sea, mi trabajo y el hecho de estar viviendo en Dunkerque), no encontraba una manera en que pudiera sentirme más miserable. Una persona en su sano juicio tal vez se habría suicidado, pero yo por suerte estoy un tanto loco, por lo que decidí tratar de enderezar las cosas. Obviamente, no todo salió bien, pero estuve cerca. Empecé por lo inmediatamente más importante: reconciliarme con la comunidad gala. Mails mediante, pedí mis debidas disculpas y tiré la pelota al otro lado de la cancha, sólo me quedaba esperar.
Salí a intentar cortarme el pelo, pues había encontrado una peluquería "no tan cara" y decidí que era el momento de volver al punto de partida, o sea el estado en el que llegué. Lamentablemente, los aires de grandeza de los peluqueros llegan (y probablemente con más fuerza aún) a estas tierras, por lo que fui recibido con un "no tenemos turno para esta semana". ¿Pero qué son viejo, médicos? No, just think positive. Arreglé un turno y salí a buscar los regalos para la familia, para ser enviados por Pap&Mam Express al regreso de su viaje por estas tierras. Hecho esto, sólo me restaba "resolver" un asunto: el lycée. Al llegar y ver que las profesoras estaban yéndose cada una por su lado, decidí hablar primero con Marga. Debo admitir que es bastante "facha" algunas veces, y que cuando la escucho me dan ganas de mandarla de una patada en el orto a Marruecos, a ver cómo la tratan ahí, pero es la que siempre se ha mostrado más dispuesta a ayudarme, y la que lleva más años como profesora de español en el lycée. Dicen que el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo, y no se equivocan. Su discurso, si bien un tanto desesperanzador, logró hacerme bajar a tierra y empezar a aceptar la realidad tal cual es. Después del almuerzo (¡que por suerte esta vez incluyó queso! Lo que aumenta mi felicidad cuando hay queso en la comida no tiene nombre) Silvia siguió con el lavado de cerebro. Entre lo que quedaba de mi rato libre y la clase que tenía, parte del fruto de mi tarea matutina se hizo visible: Pasca decidió responder. Para mejor, la clase que tuve el día de hoy (que sólo era de una hora) resultó en parte objetivamente buena y en parte subjetivamente mejor a las demás, luego de decidir ponerme los anteojos de "la realidad" y sacarme los del "imaginario de Francia".
Terminada mi jornada laboral, fui a la Secretariat a pedir mi permiso de ausencia, para adelantar mis vacaciones, el cual me dijeron tenía grandes chances de ser aceptado (y ya me voy sintiendo como Maradona y Messi juntos haciendo maravillas en la cancha). Salgo a hacer un recorrido infructuoso por los negocios para encontrar algunos regalos que todavía me faltan, vuelvo a casa y me encuentro con un mensaje de Pascaline. Dos horas y media de conversación y la cancelación de mi participación en la ya habitual reunión de asistentes de los martes a la noche en el Bommel fue lo que tuve que invertir para tener la esperanza de recobrar su incipiente amistad, pero es altamente probable que haya valido la pena. Pocos minutos después, respuesta auguriosa de Julia, mañana será un nuevo día de gestiones diplomáticas en Potalandia. Queda todavía pendiente Maëlle, y si bien no me podría permitir llamar "éxito" a esta tarea con dos tercios de trabajo cumplido, sí presagia esto un mucho mejor resto de estadía.

PD: La imagen no tiene nada que ver con Dunkerque, la saqué de internet. Lo digo para no crear la ilusión de que hay amaneceres como este acá. Al menos, lo desconozco.

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