Después de eso volví a mi casa y llevé mi bici al "taller de bicis" para que arreglaran un par de cosas, para lo que tendría que dejarla hasta el día siguiente. Volví a casa a pata, dejé a lavar la ropa y me metí en casa a practicar mi ya habitual hobbie de NO HACER NADA, combinado con la cita habitual de los jueves con LOST y lo que queda de mis gestiones diplomáticas con la comunidad hasta prácticamente la hora de la cena, y luego hasta la de dormir.
El viernes fue, a pesar de todo, el mejor día en el liceo. Digo a pesar de todo porque , en primer lugar, la noche fue terrible y casi no pude pegar un ojo, y porque en mi primer clase, de las 9 de la matina, me di cuenta de que había perdido absolutamente todo lo que necesitaba para la actividad, por lo que tuve que improvisar. Pero la segunda clase, a las 10, con unos estudiantes a los que no había visto nunca, fue espectacular. Eran alumnos de Claudie, y ella les había hecho estudiar la dictadura chilena de Pinochet, y me encargó a mí, hasta el final del contrato, hacer el paralelismo con el Proceso. Nunca hasta ahora me sentí tan útil desde que llegué, si bien supongo que no va a ser un trabajo sencillo.
Luego de eso intenté tirarme un rato en la cama, sin resultado alguno, pero logrando que el tiempo pasara hasta el almuerzo. Posteriormente decidí estúpidamente ir a la Securité Sociale (ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que fui), sólo para llevarme el disgusto de saber que todavía no tengo mi número (Estado de bienestar y la que te parió). A la vuelta a casa, fui a retirar mi bici. No tenía una idea muy clara de lo que costarían los arreglos, pero supuse que cambiar los frenos, ponerle grasa a la cadena y un par de boludeces más no pasarían de los aproximadamente 8€ que tenía en mi billetera. Grave error. Esta es una representación de lo que imaginé cuando me dijeron que tenía que pagar 26,80€:
En fin, tuve que pagar con tarjeta pero volví a casa feliz con mi bici. Lo único que restaba ahora era hacer tiempo hasta la hora de ir al cumpleaños de Alex, el hasta ahora único Dunkerquois copado (porque básicamente sabe lo que es Dunkerque y sólo viene los fines de semana). Finalmente, como hasta las 18.30 no tuve respuesta de Nathalie y Anita sobre el regalo, tuve que salir a comprar uno por mi cuenta, lo que por suerte fue una tarea bastante sencilla.
A las 19.50 salí para encontrarme, un poco por casualidad, con Nathalie, Anita y Danielle en la esquina, que básicamente no sabían para dónde ir, con lo que tuve que conducirlas hasta el bar-restaurant. Llegamos a las 20 en punto (sí, era muy cerca), y durante unos 15 minutos fuimos los únicos presentes, pues el agasajado llegó tarde (qué vergüenza...). La noche estuvo muy buena, la comida también, y tuve oportunidad de ver a un par de asistentes a quienes no veía desde hacía un tiempo, con lo que todo PODRIA haber sido genial, de no ser porque en cierto momento tuvimos que pagar la cuenta. Pensé que cada uno pagaría lo suyo, por lo que fui bastante medido con la ingesta de alcohol (además, mi pancita cervecera no hace más que aumentar), pero no conté con el hecho de que la cuenta se repartiría en forma equitativa entre todos los comensales: 26€ por persona, y yo encima tenía que pagar la parte de Anita, que se había ido antes y me había dejado 12€. Esta es una representación de lo que pensé cuando me enteré de la noticia:
Salimos del lugar y mi ya excesivo cansancio me obligó a abandonar a los demás, que iban camino al Bommel a terminar de empedarse. Al llegar a casa ya no tenía fuerzas para nada, con lo que cambiarme para dormir fue ya bastante esfuerzo. Empezaba un nuevo fin de semana, esta vez sin planes de viajes, con lo que será mi creatividad y sólo mi creatividad lo que me permitirá pilotearla (ergo, estoy en el horno).

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