miércoles, 31 de diciembre de 2008

Ay, te dejo Madrid

Miércoles 24. Hoy es Nochebuena y mañana es Navidad, y nosotros cometimos el grave error de ir a Toledo. Salimos de Madrid alrededor de las 10.30, llegamos a las 11, y a las 14 ya estaba todo cerrado, así que nos alcanzó solamente para visitar la catedral por duros 7€, recorrer un poco la ciudad, y entrar a una "Sinagoga", que de judío sólo le quedaban los souvenirs, porque adentro era básicamente una galería de dibujos y pinturas con motivos......cristianos. Welcome to Goyimland. Pegamos la vuelta a las 15.30 y no a las 17.30, como habíamos previsto a la salida.
Volvimos y seguimos paseando por la ciudad, hasta que decidimos buscar un lugar para comer y, oh sorpresa, todo estaba terriblemente cerrado. Dimos millones de vueltas, y podríamos haber entrado a uno de los varios Kebabs abiertos, de no ser por la resistencia de Julio a comer ahi, así que terminamos en un Pans & Compani que salvó nuestras vidas y las de muuuuchos turistas que estaban haciendo cola para cenar como nosotros. Capítulo de mi vida censurado intencionalmente y luego, alrededor de la 1 de la mañana, llamé a casa para saludar, previo a irnos a dormir.
El jueves 25 no fue muy distinto al miércoles 24. Las calles desiertas, los negocios y museos cerrados, un auténtico desierto hasta aproximadamente las 3 o 4 de la tarde cuando las personas empezaron a salir. Pensamos en hacer el Free Tour de Madrid, pero evidentemente nos equivocamos de horario, porque cuando fuimos a la Plaza Mayor, que es de donde salían, no había nadie. En fin, no fue un día muy agitado ni de muchas cosas realizadas, no vale la pena seguir.
El viernes, último día, decidimos seguir caminando y de compras, para variar. Ibamos a ir al museo Thyssen, pero nuestro compañero de cuarto Malayo nos dijo que no valía la pena, así que nos ahorramos los 4€ de entrada y fuimos de caminata. Nos tomamos el subte hasta la Plaza de Toros, que en este momento es usada como circo, y fuimos bajando de a poco hasta la Puerta de Alcalá cuando ya se hacía de noche. Seguimos hasta Puerta del Sol, y de ahí hasta el hostel. Preparamos un poco nuestras cosas y fuimos a la fonda que estaba al lado del hostel, donde nos ofrecían un euro de descuento por una paella valenciana, así que me di el gusto. No muy tarde, nos fuimos a dormir pues al día siguiente teníamos que tomarnos el primer subte, que salía a las 6 de la mañana.
Sábado a las 5 de la mañana nos levantamos, cambiamos, alistamos y salimos justo para cuando abrieron la puertas del subte. Tuvimos que colarnos porque inesperadamente venció nuestra tarjeta de viajes ilimitados por 5 días (pensamos que vencería al día siguiente). Tomamos el subte hasta el aeropuerto, donde sí tuvimos que pagar el maldito complemento. Hicimos nuestro check-in, y poco después estábamos en el avión que, si bien salió más tarde de lo previsto, nos depositó en Girona a la hora indicada. El día era horrible, tal y como serían la mayoría de los días que nos tocaron en Barcelona, pero bueno, ya no había nada que hacerle. A las 11 nos tomábamos el micro que nos iba a dejar en la estación de Bcn.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Goyimland - Dia 2

El martes fuimos de paseo por Madrid. Empezamos por el Palacio Real, que es una de las cosas que más valen la pena pagar por ver en esta ciudad. Todo el esplendor español de antaño en un par de recámaras puestas a todo trapo, salvo las últimas que reacondicionaron cuando volvieron los reyes. Visitamos también la Real Armería y la Real Farmacia, todo por sólo 3€. Salimos al mediodia y fuimos caminando por la Calle Mayor, hasta Plaza Mayor, bastante sobria pero linda, pintoresca, bah. Seguimos por la Calle de Alcalá hasta la Puerta de Alcalá, que es bastante impresionante, quizas no tanto como otras construcciones similares en Francia, pero bien tenida y decorada propiciamente por Navidad. Seguimos por el Parque del Retiro, un parque inmenso de los que tiene Madrid, con lago ("estanque" en el español de este país) y todo. Almorzamos ahí unos sandwiches que preparamos con cosas que compramos en un super de por ahí, y seguimos camino un tiempito por la zona, hasta que decidimos pegar la vuelta e ir hacia el Museo del Prado. Nos encontramos con que desde las 18 hasta las 20 la entrada era gratis, asi que no lo pensamos ni un segundo y nos pusimos a caminar y hacer tiempo. Entramos al Caixaforum, que es gratis y tiene algunas cosas interesantes para ver (y es gratis, ¿ya lo dije?), fuimos al jardincito del Museo Thyssen, donde por casualidad nos encontramos con Yolanda (bah, ella me encontró), que aunque estaba medio apurada nos recomendó ese museo (al que finalmente no fuimos), nos dijo que Navidad en España es super familiera y descargamos un poco de bronca contra Dunkerque. Alrededor de las 18 nos fuimos de vuelta para el Museo del Prado, entramos gratarola y recorrimos un poco, sobre todo la parte de pintores españoles, que igualmente es la principal. Habremos estado alrededor de una hora, hora y pico, cuando el cansancio pudo con nosotros, por lo que fuimos a buscar un lugar para cenar, y de vuelta al hostel.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Llegada a Goyimland

Llegar al aeropuerto de Charleroi fue toda una odisea. El trayecto Dunkerque-Charleroi, si bien largo, no fue nada complicado, pero la idea de ir al aeropuerto a pie fue una de las peores que tuve desde que llegué a Europa. Por suerte tenia suficientes viveres, y algunas (contadas) personas estaban todavía en la calle un domingo a las 8 o 9 de la noche. En fin, llegué y pasé toda la noche durmiendo ahí. Segundo error que se evidencio al hacer el check-in: no registrar equipaje. Me confiscaron el jabon, el shampoo, el desodorante y, mas importante aún, el foie gras que Julio me había pedido. El viaje en sí, por el contrario, fue super tranquilo y rápido (llegamos 20 minutos antes de lo previsto), no así el de Julio, que llegó 20 minutos tarde y sin las valijas, que quedaron en Fiumicino. Llegamos tipo 14h. al hostel, dejamos las cosas y a caminar por Madrid. Fuimos a Atocha, donde está el Museo Reina Sofía, y bueno, la entrada por 3€ nos convenció de entrar, aunque realmente los museos de Madrid no son la gran cosa (pero si son bastante baratos). Seguimos caminando y llegamos a la Puerta del Sol, lugar céntrico por excelencia, repleto de personas que iban a los centenares de negocios (principalmente El Corte Inglés) a comprar sus regalos de Navidad. Julio aprovechó para reponer parte de su vestuario que perdieron nuestros hermanos los tanos, tanto en El Corte Inglés como en Zara, que en España es como una plaga de ropa no-cara. Volvimos al hostel, no recuerdo que cenamos, y fuimos a dormir.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Ay, me voy otra vez

Bueno, ahora que es domingo, no queda más que terminar de preparar las cosas y partir rumbo a Charleroi, en Bélgica, donde a las 9.30 del lunes partirá mi avión rumbo a Madrid, para encontrarme con Julio y empezar el festejo del final del año.
Sayounara!

Mise à jour.......terminé!

Esta última semana resultó más tranquila de lo esperado, y eso que yo había planeado algo bastante light ya, hablando de las fiestas y eso.... El único sobresalto surgió cuando el miércoles quise ir a Lille y al llegar a la estación me di cuenta de que me había olvidado mi Carte 12-25 de reducción, y que el siguiente tren salía 3 horas más tarde. Bueno, en lugar de llegar 13.30, llegue 16.30. Primero, y luego de un intento fallido, me junté a tomar un chocolate y charlar con Pasca durante casi 2 horas. No me extrañó que fuera como es habiendo sido "recomendada" por quien fue, una lástima que el 90% de la gente copada de esta región viva a 80km y 13€ de mi casa, pero bueno, nada me impide viajar, excepto mi arduo trabajo y mi abultada billetera.
Luego de eso toqué el timbre en casa de Julia unos 20 minutos más tarde de lo acordado, nos preparamos un poco (bah, ella, yo sólo dejé mis cosas), y nos fuimos a ver el concurso de Bitbox y Slam. Bitbox es gente que tiene un boliche en su boca, o sea, hacen todos los sonidos que quieras al mismo tiempo, son geniales. Slam es.....como "decir hip-hop", o sea hablar con rimas, rápido y bardeando al sistema, al gobierno, en definitiva, al mundo. También muy grosos, pero las limitaciones del lenguaje (y si....habrán pasado 3 meses, pero apenas si domino el español, qué pretendían?) no me permitieron disfrutar del 100% de sus presentaciones. Volvimos a (su) casa y a dormir.
El jueves me tuve que levantar temprano para no perder el único tren que (debido a las ya frecuentes perturbaciones en la línea) me iba a dejar a tiempo en casa. A tiempo quiere decir unas 4 horas antes de mi clase, pero bueno, el siguiente me dejaría 30 minutos tarde. Al menos esta vez la jugada de no compostar el ticket y jugármela a que no pasen a controlar me salió bien tanto a la ida como a la vuelta (aunque viajás para el orto, 1 hora y pico pensando en qué carajo le vas a decir al guardia para que no te haga pagar la multa), así que el próximo viaje en tren será gratarola. Llegué, me pegué una ducha y fui para el collège a almorzar y después a mis dos horas de clase super trancas, explicando cómo son las fiestas en mi querido y pobre país. A la noche recuperé internet a costa de intentar arreglar la PC de mi vecina y no salir al Bommel con las asistentes en el último día en que nos veríamos antes de que todos se fueran, pero bueno, internet es internet :-P
El viernes la primer hora de clase fue una exposición de los chicos sobre la comida en Francia, o sea que nada de trabajo, la segunda hora se canceló por haber faltado la profesora, y la tercera fue con los pibes más copados de todos los que tengo, así que arreglamos para jugar un ahorcado al tiempo que yo les decía exactamente lo que tenían que explicar en caso de que les preguntaran lo que habían hecho conmigo en clase. El resto del día pasó entre lavados de ropa y compras para el finde. Una hora de teléfono con mamá, y después a nonear.
El sábado fue uno de los días menos interesantes desde que llegué, pues no paré de ansiar que llegara la noche para escuchar a Boca, y el domingo para irme de esta maldita ciudad.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Mise à jour 2

El sábado siguiente me desperté bastante temprano, pero con cero ganas de levantarme, hasta que recibo un mensaje de Anita, alrededor de las 10.50 para avisarme que salían para Bruselas alrededor de las 11.30, asi que no pude resistir la tentación y en 30 minutos ya estaba listo para salir. Lamentablemente, y dado que quedamos en encontrarnos en la estación de trenes de Bélgica, nos tomamos distintos micros, uno de los cuales (el mío), no llegaba hasta Bélgica sino hasta la frontera. La caminata por la ruta no fue muy larga, pero como era la primera vez que la hacia, dudé de mi capacidad para llegar a destino. De todas formas, lo logré y me reuní con los demás (Anita, Nathalie, Danielle y mi tocayo yanqui). Hicimos una hora de tiempo hasta que llegara el tren, y enfilamos para Bruselas.
Cuando llegamos, fuimos hacia la plaza central donde habia todo un espectáculo de luces por las fiestas. Ahi mismo tambien esta la oficina de turismo, asi que fuimos a buscaro info de hostels, y el frio nos persuadio de ir a uno de ellos (el mas cercano al centro). Dejamos nuestras cosas, y nos fuimos directo a buscar un lugar para cenar. Encontramos un restaurant chino que parecia mas barato que el resto de los lugares, hasta que decidimos (ingenuamente) pedir un agua que nos costo....8€!!! Luego de ese mal trago (cuac!), fuimos a comprar un increible waffle con chocolate blanco, caminamos por el Marché de Noël de la ciudad, volvimos a la plaza a ver las luces y el show que los belgas habian montado, y terminamos en un barcito suuuuper tranca pero con unos sillones comodisimos en donde nos quedamos hasta que nos agarró el noni y volvimos para el hostel.
Al dia siguiente, y debido a un malentendido con mi telefono, me levante apenas a tiempo para desayunar (hasta las 9 de la mañana nada mas! es una locura!), comi algo, y un rato después llegó el resto, justo para cuando teníamos que irnos. Volvimos al centro, recorrimos un poco la feria que se instala en una placita cerca de la Grand Place, y después Anita, Brian y yo fuimos a caminar hasta el Parlamento Europeo, que resultó (mucho) más feo de lo que imaginábamos. Volvimos, nos desencontramos con las chicas, y cuando por fin estuvimos todos reunidos, fuimos a la estación a tomar el tren de vuelta. Dos horitas y media de viaje, y estábamos de regreso en casa, ya para la hora de cenar. Me preparé una pizza helada horrible, y luego a dormir.
El resto de la semana no tuvo nada de interesante a decir verdad, excepto que el miércoles fui a la radio donde tiene su programa semanal Mónica. Fue una hora en la que la pasamos bastante bien, y como los miércoles yo no tengo lo que hacer, estuvo bueno pasar el rato así. El fin de semana siguiente fue bastante poco interesante, excepto por la cena del sábado en el collège, con gran parte de los profesores y autoridades. La verdad es que la gente de ahí se lleva muy bien, es una pena que sólo trabaje ahí 3 horas por semana.
Extrañamente el lunes siguiente me di cuenta de que mis papeles estaban demorando bastante, y cometí el error de mandar un mail al rectorado para preguntar qué estaba pasando, sólo para enterarme que el 4 de diciembre habían mandado un mail a la secretaría para que me avisaran que el martes 9 tenía que presentarme en la Prefecture para retirar mi constancia de pedido de titre de séjour, solo que en el liceo no me habían avisado nada. Tuve que faltar a dos horas de clase, pero finalmente me apersoné en la Prefecture y me llevé mi papel. Como tenía dos horas de espera hasta que saliera el próximo tren, fui a hacerle una visita a Julia, charlamos un ratito, la acompañé a hacer las compras, y me volví para casa. Antes de llegar al liceo, hice una parada en la Securité Sociale para ver si ya podía afiliarme, pero fue imposible.
El miércoles también tenía que ir a Lille, sólo que no fue a través del liceo sino de otra asistente argentina que me enteré de ello, y bueno, como era algo más divertido y distendido, asistí. Una reunión de asistentes de español con pasantes del IUFM de español, con presentaciones de Francia y los países hispanoparlantes representados, y que culminó con una merienda bastante cargada de productos regionales y demás. Lamentablemente, la duración del encuentro (mayor a la que todos habíamos previsto), me impidió encontrarme con Pasca, amiga de Maëlle, quien muy gentilmente y a pesar de nuestro entredicho se ofreció a ponerme en contacto con ella. Fui a la Furet du Nord a comprar un libro para Nathalie y volví a Dunkerque no mucho después de que hubiera cerrado el comedor del colegio, así que tuve que conformarme con las porquerías que tenía en casa.
El jueves tuve clase en el collège, y después hice una segunda visita a la Securité Sociale, nuevamente infructuosa. El día no tuvo nada más de interesante.
El viernes era el cumpleaños de Nathalie, así que por la noche fuimos a cenar todos los que pudimos estar presentes a un restaurant de la playa, y luego a tomar algo a un bar. Mi noche fue particularmente corta porque el día había sido agitado, incluyendo una tercera visita a la Securité Sociale, esta vez (aparentemente) exitosa.
El sábado no pude hacer absolutamente nada por el terrible frío que hacía, así que lo único que vale la pena decir del fin de semana es que el domingo fui invitado por Virginie a almorzar a su casa y conocer a su familia, por lo que pasé ahí toda la tarde. Tanto su esposo como sus tres hijos son super simpáticos y espontáneos, así que ese día pasé una excelente tarde, y alrededor de las 6 Viriginie me depositó en mi casa antes de llevar a sus hijos al Marché de Noël de la ciudad.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Mise à jour 1

Ando bastante atrasado la verdad, asi que voy a saltearme muchos hechos. El lunes siguiente tenía clase en el collège y en el lycée, o sea que fueron 5 horas de clase en un día, sobre las 10 que suelo tener en la semana. Fue un día de idas, vueltas, clases y recontraclases, no recuerdo ahora si buenas o malas. Cuestión que no hice mucho después.
Al día siguiente fue lo mismo, 3 horas de clase, y después espera hasta la noche en la que fuimos, como de costumbre al Bommel a juntarnos con los otros asistentes.
Miercoles y jueves fueron dos días libres, pues ya había hecho 8 de mis 10 horas de trabajo semanales, y sólo restaban las del viernes (obviamente hubiera preferido hacerlas el miércoles y no el viernes, pero yo no decido eso). Con respecto al miércoles mi memoria me traiciona, pero sé que el jueves fui a Decathlon en Grande Synthe (tipo 5 o 6 km. al oeste), a ver si ya existía algún tipo de rebaja, cosa que no sucedió y por ende volví con las manos vacías.
El viernes a la mañana me presenté en el liceo y enorme fue mi sorpresa al ver que una de las profesoras de francés me da, así como si nada, 4 entradas para el teatro para esa misma noche, para ver la obra que justo tenía ganas de ver (Espía a una mujer que se mata, realizada por una compañía argentina y sobretitulada en francés), totalmente gratis. Ese día justo venía Emma al Salon de l'Etudiant, en representación de su Ecole (el INSA de Rouen), así que después de las clases fui a visitarla para ver si tenía ganas de ir a ver la obra. Estuvimos charlando un rato, ayudados por la (muy) escasa afluencia de gente interesada por lo que va a hacer cuando termine su secundario. Volví al liceo para almorzar, al tiempo que vía SMS le ofrecía a Iris las dos entradas que restaban, y después anduve lavando mi ropa y vagando por internet hasta el tiempo en que terminaba el Salon de l'Etudiant. Fuimos a dar un paseo con Emma para mostrarle la horrible ciudad que es Dunkerque hasta el momento en que empezaba la obra. Alrededor de las 8 llega Iris al teatro, sola porque no nos habíamos entendido bien (pensó que las dos entradas eran para mí y para ella), así que a los 3' estaba de vuelta en su auto para buscar a su marido. Llegaron justo para cuando iba a empezar, a sala llena (tampoco era tan grande igual), la obra. Fue bastante entretenido, sobre todo el hecho de escuchar a tantos argentinos hablando después de mucho tiempo, aunque imagino que para el resto de la gente no habrá sido tan importante. Luego de finalizada, los actores se ofrecieron a contestar preguntas del público, aunque con menos onda que pelo de chino, con lo que realmente arruinaron gran parte de su actuación anterior. Después de acompañar a Emma al hostel, volví a casa no sin antes encontrar el único negocio de la ciudad abierto las 24 horas para comprar un sandwich que fue mi cena. Mi sueño era extrañamente escaso, así que estuve frente al Spore alrededor de 4 o 5 horas, y recién a las 5 decidí ir a dormir.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Palpitando el invierno (Parte 2)

El domingo a la mañana, antes de ir para lo de Mónica, decidí que no era apropiado llegar con las manos vacías, así que salí a buscar un lugar abierto donde pudiera comprar un vino. La mañana era de lo más helada que conocía hasta el momento, con nieve (o aguanieve, me cago en la diferencia) y todo. Encontré un lugar abierto donde no sé bien qué compré, pero al menos la misión estaba cumplida, y me encaminé hasta la casa de Mónica en Rosendaël. El frío siguió todo el día, y yo me perdí un par de veces antes de llegar, así que el trayecto fue bastante, pero bastante duro realmente. Al entrar a su casa, todo fue maravilloso, como tocar el cielo con las manos. Calor, amplitud, y español de verdad, no ese que suelo escuchar en las clases o entre las profesoras.... Mónica es increíblemente receptiva, llena de vida y con ganas de recibir a todo latino que se le cruce por la vida, y si es argentino mejor. Comimos con su familia unas milanesas exquisitas con puré (no sé si habrán sido las más ricas que probé en mi vida, pero el contexto así lo hacía parecer), entre historias de vida, elogios y tiradas de mierda a unos y otros (o sea, argentinos y franceses), y demás, hasta alrededor de las 5 o 6 de la tarde, hora en que decidí partir. En la noche no hice demasiado, porque al dia siguiente correspondía levantarse temprano para una jornada bastante extensa.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Palpitando el invierno (Parte 1)

El lunes a la mañana salimos muy, pero muy temprano hacia la estación de trenes. Bertrand y yo nos despedimos de Robert, y nos subimos al tren, preacordando sentarnos cada uno en una fila distinta para hacer de los asientos una cama que nos permitiera prolongar el sueño. Llegamos alrededor de una hora más tarde a París, donde nos saludamos, y tomamos cada uno nuestro rumbo: él el subte, yo la calle hacia la Gare du Nord, donde en poco tiempo saldría mi tren hacia Lille. Ese viaje tampoco duró más de una hora, así que a las 11 ya estaba en Lille Europe, y 10' después en Lille Flandres, haciendo tiempo hasta que saliera mi tren, a las 12.30. La parada en Mc Do para almorzar fue casi obligatoria, iba a llegar al colegio con suerte quince o diez minutos antes de que empezara la clase. Ese fue, en efecto, el tiempo que tuve desde que deposité mis cosas en casa. No recuerdo ya muy bien la dinámica de las clases del día, pero como de costumbre no fueron nada satisfactorias, a excepción del 2D6 de Marguerite. A la noche, sopita y a la cama.
El martes sólo tuve clases con los 2D10 de Laure, a quienes no veía desde hacía prácticamente un mes, por lo que la misma no consistió en más que una presentación. Esa clase terminó a las 17, y a las 17.30 estaba ya en la plaza para encontrarme con Iris y volver a nuestras charlas de aproximadamente una hora en español, que habían quedado suspendidas durante las vacaciones, y al día sólo le restó la típica reunión de los martes en el Bommel con los demás asistentes.
El miércoles vino una clase a las 8 de la mañana con los chicos de Terminal. Es cierto, es demasiado temprano, pero al ser los que más español saben, se torna bastante entretenido y el tiempo pasa más rápido. Después de almorzar me encontré con Nathalie para ir a Bergues, que está a escasos 5' en tren, y sólo cuesta 2,40€ la ida y vuelta. También teníamos que esperar a Danielle, pero de todas formas el tren no salía sino hasta una hora más tarde, y la siempre simpática mujer de la empresa de colectivos no nos quiso dar mucha información sobre el micro de otra empresa que iba hacia allí. Hicimos algo de tiempo y salimos alrededor de las 3 de la tarde, llegamos en 5' y nos pusimos a recorrer esa ciudad que teóricamente era linda......lástima que estaba completamente vacía de casi todo. Caminamos un poco, tomamos un chocolate caliente, y un par de horas después de haber llegado nos fuimos, sólo que nos tomamos el tren en dirección contraria y eso nos trajo algunos inconvenientes, tanto para llegar como con los guardias del tren, que tienen menos onda que un renglón. Fue regreso, cena y a dormir.
El jueves es día de collège. También era día de paro docente, pero habíamos pasado dos semanas preparando las clases que iba a dar con Morgane, con lo que habría sido un desperdicio de tiempo adherirse al paro. Los ejercicios resultaron bastante adecuados, y las clases fueron muy buenas, así que salí muy conforme, ya por la tarde, aunque el cansancio nocturno me llevó a rechazar una propuesta de salida al Bommel. Solo charle un poco con Anita, quien me comentó que el sábado iría a Brujas con Iris a pasar el día, dado que tenía el auto disponible. Podía plegarme si quería, así que la idea no me pareció mala y al día siguiente arreglé con ellas para salir el sábado a la mañana. Por cierto, el viernes fue día de exposición de los trabajos que Claudie le había dado a los 2D de sección europea, más la primer clase con los 2D7 de Virginie desde que empecé a trabajar (sí, hacía casi dos meses que había empezado a trabajar), más un intento de que los 1ES3 entendiaran y completaran la letra de "El oso" de Moris. Mi memoria vuelve a jugarme una mala pasada, y no sé qué hice el resto del día.
El sábado me levanté temprano, preparé mis cosas (básicamente NADA), y salí a encontrarme con Anita en la puerta del internado para ir hacia lo de Iris. Hizo muuuucho frío esa mañana, y lo padecimos a lo largo de casi todo el trayecto, que no estuvo exento de pérdidas (o sea, nos perdimos una vez). Llegamos, tocamos el timbre, y no bien bajó Iris nos subimos al viejo Fiat Uno con caja de 4ta que comparte con su marido y, previa parada en la óptica para arreglar sus anteojos, nos fuimos hacia Brujas, lugar al que llegamos apenas una hora más tarde. Yo miraba el paisaje mientras las chicas hablaban en un fluido alemán que a mí, como de costumbre, me sonaba a insulto tras insulto. Hicimos una primera recorrida por el centro de la ciudad, pero el comienzo de la caída de lluvia, que luego se transformó en aguanieve nos apresuró a encontrar el museo del chocolate, al que queríamos ir. Luego de dolorosos 5€ entramos para ver un museo sobre la historia del cacao y el chocolate, pero que definitivamente no valía su precio. Habremos estado allí durante una hora, hora y media como mucho, y no pudimos llegar a la degustación de chocolate, pues faltaban todavía 20 minutos y moríamos de hambre.
Después de buscar bastante bajo el frío y la lluvia, nos metimos a un restaurant italiano donde nos atendió un mozo que extrañamente tenía un apuro inimaginable, a pesar de la poca cantidad de mesas del lugar. En ese momento recibo el inesperado llamado de Mónica, la argentina que vive en Dunkerque y que quiere conocerme, pero la pésima calidad de comunicación obligó a cortar la llamada. Comimos cada uno una pizza individual, y salimos a caminar un poco más, a perdernos por las calles de Brujas, que es como una Bruselas en miniatura, pero que el frío y el granizo la convirtió en una pesadilla. Nos vimos obligados al poco tiempo a meternos en un café y, luego de un chocolate caliente, volver para casa. Al llegar, fui a cocinar uno de los asquerosos platos congelados que había comprado en Lidl en casa de las chicas, y llamé a Mónica, quien me propuso ir a su casa al día siguiente al mediodía para comer milanesas (un golazo de mitad de cancha), y charlar un poco. Minutos antes de volver a casa y finalmente descansar, recibo una invitacióon a ver "Vicky, Christina, Barcelona", de parte de Hillary. Sólo costaba 5€, así que fue imposible resistirme. Media hora después estaba en el cine, disfrutando de una no super buena película, pero película al fin. No mucho más tarde de que hubo terminado, ya estaba en mi palacio real durmiendo.

lunes, 24 de noviembre de 2008

"Back oum"

Llegué a la estación de trenes unos 10' minutos antes de salir, y el viaje duró unas 4 horas, espera en Paris incluida. Si alguien me preguntara a dónde fui el viernes 14, yo diría "A casa". Es verdad, no es mi casa, pero la forma en que fui recibido desde la primera vez en el 33 de la Rue Louis Lumière de Sainte-Savine creó en mí esa ilusión, la de estar en mi casa, al menos en Francia. De no ser porque sería demasiado invasivo, y porque uno de mis propósitos acá es viajar, iría todos los fines de semana. Tan bien me siento con los Dumez, que si los conociera solamente a ellos, no podría decir que los franceses son tipos antipáticos y secos (el resto no se me enoje, obvio que si tengo amigos franceses es porque no son antipáticos, todo lo contrario). En fin, adulaciones y críticas de lado, el viernes a la noche estaba de vuelta en Troyes, sólo una hora antes de que llegara Bertrand, que se la pasó todo el finde entre monografías, malestar estomacal y chagrin d'amour. Esa noche no hicimos demasiado, por no decir que sólo cenamos (obviamente charlando y con una sobremesa importante), y nos acostamos.
El sábado a la mañana fui con Robert a aprovechar de los magasins d'usines para comprarme un jean que reemplazara (o quizás no) al que se me había roto. La compra fue rápida a pesar de su consejo de no comprar lo primero que viera sólo porque era barato (no puedo evitarlo, odio comprar ropa, necesito urgente una novia que se encargue de eso), así que nos pusimos a pasear un rato por los negocios y charlando de todo un poco. Volvimos a la hora que habíamos acordado para almorzar, comimos (esta vez con vino y queso incluidos), hicimos una no muy larga digestión, y fuimos con Robert y Violaine a Provins, un pueblo medieval que está a una hora de Troyes. El camino no es tan lindo cuando se acerca el invierno, los campos están completamente desnudos y los animales ya están guardados, pero la ciudad sí que valió la pena, a pesar de no haber estado más de unas tres o cuatro horas debido a que ya oscurece demasiado temprano para mi gusto. Un antiguo mercado bastante concurrido y rico, Provins no es más que un pueblito turístico lleno de casitas viejas y construcciones que tienen más de 500 años, incluida una ciudad subterránea. Llegamos a entrar solamente a la Grange aux Dîmes, pero recorrimos la mayor parte del sector antiguo, tomamos un chocolate caliente en un café, y de vuelta a casa para cenar. Si mal no recuerdo, comimos restos de las comidas anteriores, otra vez con vino y queso por suerte, y después de que Bertrand se fuera a una crémaillère y Robert a dormir, nos quedamos viendo "La Vida es Bella" con Violaine. Luego de ello fuime a acostar, a mí también me había agotado el día. Hecho curioso: cuando le dije a Violaine lo que me había costado el jean, sacó todo lo que no tiene de yiddishe mamme para decir "por ese precio te tendrías que haber comprado dos". Esta gente no puede evitar hacerme senti como en mi casa.
El domingo, a excepción de la ida de shopping, no fue muy diferente al sábado. Desayuno con croissants y pains au chocolat que había comprado Robert en la panadería un rato antes, después descanso hasta la hora de almorzar, una pequeña sobremesa y salimos para el centro de la ciudad, a pasear por esas calles torcidas con casas, en muchos casos torcidas, que no podemos encontrar en nuestro querido país. A pesar de que conocía ya una parte de la ciudad, llegamos hasta otros sectores que para mí eran absolutamente nuevos, y otros que tal vez ya había explorado, pero de los que no tenía recuredos. Volvimos alrededor de las 6 de la tarde, cuando la noche ya todo lo invadía, y mientras se hacía ( o Violaine hacía) la comida, Robert me invitaba a zambullirme en el vicio del Sudoku. Sirvió para olvidarme por un rato que, contra todos mis pronósticos, el primer tren que salía desde Lille hacia Dunkerque estaba programado para las 12.30, con lo cual mi llegada a horario al colegio peligraba. Después de cenar (con las mismas características que las comidas anteriores), la hora a la que teníamos que despertarnos al día siguiente nos mandó a todos derecho a la cama. La tristeza por la proximidad de la partida empezaba a hacerse manifiesta, pero el sueño pudo más.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Reencuentros cercanos del 3er tipo

El lunes siguiente fue uno de los peores días desde que empecé a dar clases. Quizás era por la proximidad del feriado del armisticio de 1918, quizás porque sobreestimé a los pibes, lo cierto es que fueron dos horas de clase absolutamente improductivas, en las que casi no pude hacer nada de lo que tenía planeado. Por suerte pasó bastante rápido, y a las 5 de la tarde ya era un ser libre para disfrutar de mi feriado largo, puesto que el miércoles no tenía que dar clases. El martes también sería un día especial, porque volvería a ver a Ariane después de casi 2 años (el tiempo pasa volando, es algo increíble). Creo que esa noche salimos a tomar algo, pero ahora no puedo recordarlo con facilidad.
Al día siguiente me levanté relativamente temprano para ser un feriado. Tenía que llegar a Lille Europe antes que Ariane, para poder llevarla a la casa de Julia, así que tomé el tren, hice la combinación que requería mi viaje (en la que creí haber visto a Yolanda, la otra asistente de español de la zona), y llegué con tiempo suficiente para esperar a ese ser que tantos momentos de alegría y bronca me hizo pasar en tan sólo 7 meses. Creo que no conozco a alguien tan desbolado y desorganizado como Ariane, pero al mismo tiempo es eso lo que la hace tan querible, don't ask why. Si no lo hubiera sabido desde el principio, habría dicho es latinoamericana antes que francesa, es la primer persona que conozco que creo que no pertenece a su país. Es más probable encontrarse a Ariane en América del Sur que en Francia, lo cual me hace bastante feliz, aumenta las chances de que vuelva a Argentina. En fin, previa pasada por el baño de la estación (en el que tuve que depositar 50 centavos), y contra todo pronóstico, la muchacha en cuestión llegó a la hora y lugar convenidos de antemano! La misma persona a la que había despedido un año y medio atrás en Baires, pero ahora hablando un perfecto francés en lugar de un improvisado (pero muy mejorado) español. Caminamos durante unos 15 o 20 minutos mientras charlamos un poco sobre sendas vidas, hasta llegar a destino.
Ya en la casa de Julia, nos deshicimos de nuestras mochilas (la de ella bastante más grande que la mía debido a que estaba haciendo su "tour de France" visitando amigos), y nos sentamos a desayunar, mientras seguimos charlando de todo un poco, ahora con la obvia compañía de Julia y Benjamin. Estuvimos así alrededor de una hora y media, hasta que decidimos salir con la intención de mostrarle la ciudad a Ariane. Caminamos un poco por la Grand Place, fuimos a la Vieille Bourse, el Vieux Lille, y allí mismo nos agarró el hambre. Buscamos un Estaminet para comer, pero todos los supuestamente buenos estaban completos, una ingenuidad nuestra el pensar que un día feriado un restaurant tan chiquito podría tener lugares libres. Terminamos en Les 3 Brasseurs, un lugar típico de la región, pero no tanto, donde probamos los dos algunos de los platos típicos de la región: Welsh, Potjeveelsch (o algo así), papas fritas y cerveza.
Ariane se encaprichó (no sabemos bien por qué) con fideos a la cassonade (y no carbonara, como debía ser), así que fuimos a Carrefour a comprar los ingredientes necesarios, y finalmente al departamento, donde nos quedamos haciendo la digestión mientras charlábamos, hasta el momento en que había que empezar a cocinar la cena (cosa que yo, obviamente, no hice). En el medio cayó una amiga de Ariane, directo desde Paris, que vino durante sólo un par de horas, y se fue antes de cenar. La comida quedó un poco pasada, pero para nada incomible, sobre todo en estos momentos un tanto pobres de mi vida. De postre hubo After Eight de Inglaterra y un Papá Noel de chocolate cortesía de nuestra invitada (yo ya soy casi inquilino en casa de Julia, no me considero un invitado). Después de la modorra que sigue a una cena, juntamos fuerzas para ir a tomar algo al Biplan, un bar del Wazeemes donde tocaban música.....bohemia, digamos. Habremos estado ahí durante dos horas más o menos, el ambiente era muy bueno, pero no había lugar para sentarse, así que nos volvimos para el depto y cada uno a su cuarto. Ariane tenía la intención de quedarse hablando conmigo antes de irnos a dormir, pero no pude aguantar todo el tiempo que estuvo hablando con su novio hondureño y me quedé dormido antes de que volviera.
Al día siguiente nos levantamos todos temprano, desayunamos con relativa tranquilidad, Ariane se fue alrededor de las 8, y yo una hora más tarde, pues a pesar de no tener curso, preferí volver a descansar a mi habitación, que casi no pisaba desde antes de la Tousaint. Creo haber estado encerrado casi todo el día descansando (excepto en las horas de comer), hacía dos que dormía poco.
El jueves fue un día bastante tranquilo. Desde la mañana estuve en el collège presentándome frente a los alumnos de Morgane, muchos de los cuales eran bastante curiosos y hacían preguntas fuera de lo común, lo que hizo más entretenidas las clases. Estar ahí es bastante simpático cuando los chicos colaboran participando en las clases, y Morgane siempre me propone cosas para hacer con la gente del collège, parece hacer bastantes esfuerzos (para ser francesa), para integrarme y que no la pase tan mal acá. A la tarde volví al liceo y me puse a preparar algunas de las actividades que haría el día siguiente con los chicos, y no recuerdo mucho más de lo que sucedió ese día. Realmente quería que llegara el viernes.
A la mañana del viernes fui al liceo con mi mejor onda, sólo para encontrarme con 7 pendejos que no dijeron ni "mu" durante una hora. Fue realmente desesperante, quería irme y dejarlos solos encerrados en el aula. Supuestamente podían hacer la actividad que había preparado, pero no sé si el desgano, el bajo nivel, o qué los mantuvo callados durante toda la hora, a pesar de mis amenazas. Por suerte la hora siguiente fue un poco mejor, con un grupo al que no había tenido oportunidad de ver casi nunca, pero que fue bastante cooperativo. Esperé a que se hicieran las 12 para encontrarme con Nathalie, dejar mi ropa a lavar e ir a almorzar al comedor. Grande fue mi sorpresa al ver que para el almuerzo había........morcilla!! No sé cómo sucedió, pero en ese momento ni me puse a pensar qué clase de mente brillante había decidido preparar eso, sólo me abalancé y agarré una para volver a probar uno de esos deliciosos manjares a los que nuestra querida cocina nos tiene acostumbrados. Debo reconocer que el gusto no tenía nada que ver al de nuestra morcilla, pero zafaba, y yo era feliz ante la mirada atónita del resto de los comensales, pocos de los cuales habían elegido eso como plato principal de su almuerzo. Terminada la comida, fui a buscar la ropa lavada, la colgué apresuradamente en mi balconcito, y me fui derecho a la estación de trenes, mis ganas de llegar a destino eran ya inmensas incluso antes de partir.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Vuelvo al sur

El sábado alrededor de las 6 de la mañana nos levantamos los tres (Julia, Benjamin y yo), para ir al aeropuerto. Podriamos haber salido una hora más tarde, de no ser porque hay un micro por hora y porque se suponía que yo debía hacer el check-in 40 minutos antes del vuelo (cortesía de la gente del SCAC que nos había prohibido terminantemente usar el pasaporte comunitario durante nuestro viaje). En fin, nos comimos alrededor de 40 minutos de espera hasta que despegó el "avion" de Ryanair con destino a Marsella. Digo "avión" porque más bien es un colectivo con alas, o tal vez hasta más incómodo, pero para una hora y media de viaje está bien... Aterrizamos y nos dispusimos a esperar al amigo de Benjamin que vendría a buscarnos al aeropuerto para llevarnos a la ciudad, y allí empezar nuestro recorrido. A todo esto, Manon sigue sin responder los mensajes que le mando.
Luego de alrededor de 30 minutos de espera, el amigo de Benjamin (que se había quedado dormido) viene a buscarnos y vamos (previa parada en su casa) al centro de la ciudad. Marsella no tiene nada que ver con el norte, lo cual está bien porque está en el extremo sur de Francia. Todo es absolutamente distinto, la arquitectura, la gente que se cuenta de a miles y camina por cualquier lado (probablemente el alto flujo de argentinos del día haya potenciado eso), el tráfico con incontables autos, muchos de los cuales estacionan donde se les antoja, el clima, con unos 5 o 6 grados más que en el norte, lo que hace que pase la mayor parte del día en remera; en fin, lo más parecido a Buenos Aires que vi en Francia desde que llegé (creo que incluso más que París).
Pasamos por la enorme estación de trenes, y caminamos todo a lo largo de un boulevard cuyo nombre no recuerdo para llegar hasta una parte del puerto, donde todavía quedan algunos vendedores de pescado fresco, y buscamos un restaurant para almorzar algo (algo de pescado, obviamente). A todo esto, recibo la primer respuesta de Manon, que está enferma y no tiene pesnado salir de su casa, una lástimo, pero otra vez será. Julia y el amigo de Benjamin se animan a una bouillabaisse (el plato típico de la región), pero yo voy por algo más tradicional por mi poco apego al pescado. El almuerzo no resulta del todo barato, pero bueno, no muchas veces volveremos a Marsella. Más tarde continuamos caminando y llegamos hasta Notre Dame de la Garde, una iglesia inmensa y en uno de los lugares más altos de la ciudad, lo que nos permite tener una vista panorámica de la misma. Como en muchas ciudades francesas, los edificios altos son escasos, y el paisaje es dominado por casitas de no más de dos pisos (de ahí los enormes problemas habitacionales de este país). Bajamos y volvemos de a poco al puerto, por donde caminamos y nos ponemos a escuchar a una banda que está tocando en una plazoleta al costado del mar. Nos instalamos en un bar que argumenta su falta de waffles y crêpes en el hecho de que están por cerrar, aunque pasamos ahí alrededor de dos horas, antes de movernos a Quick para cenar algo antes del partido. De haber sabido que al costado de la cancha, los puestitos de choripán y paty serían reemplazados por negocios de sandwiches y kebabs (en lugar de por nada, como era mi idea), no habría cenado absolutamente nada.
Ya el subte parece un hormiguero de gente, obviamente el 90% de los cuales sólo lo tomaba para ir al estadio, aunque todo en un clima bastante tranquilo, obviamente sin un solo insulto ni hecho violento (algo bastante común en el rugby, y más raro aún en Francia). Buscamos la puerta, la encontramos, pasamos los controles, buscamos nuestros asientos, y a esperar. Adentro es igual que afuera, todo con bastante calma a excepción de algunos gritos a los jugadores cuando pasan, alguna ola, etc. La falta de una tribuna enteramente argentina y los estrictos controles impiden cualquier "desbande", como ser estar parado o acercarse al alambrado, lo que transforma un partido poco interesante en uno aún menos interesante, que terminamos perdiendo 12 a 6 sin que se haya realizado un solo try de ninguno de los dos lados, y en el que los dos equipos cometieron bastantes errores. De todas formas, ir a la cancha siempre es una experiencia satisfactoria, así que valió la pena.
Al finalizar el partido, volvemos hacia el estacionamiento donde habíamos dejado el auto. Yo estoy fulminado del cansancio, así que hago incontables intentos por mantenerme despierto, pero no lo logro. Cuando vuelvo a abrir los ojos, estamos en Aix-en-Provence, estacionando el auto para buscar un bar donde tomar algo nuevamente. Aix no parece ser tan grande, pero el hecho de poseer Universidades le da bastante movimiento a la noche, hasta no muy tarde claro. Los bares serán una decena, pero están llenos, así que tardamos un poco hasta encontrar algo. Cualquier ingesta de bebida alcohólica me habría tumbado inmediatamente en el suelo, así que decido no tomar nada y esperar a que los otros terminen, mientras miro la goleada del Barcelona contra un equipo del que ahora no tengo recuerdo. Salimos, y esta vez nos dirigimos al aeropuerto, nos despedimos del amigo de Benjamin, y entramos a la terminal. El único problema es que son las 2 de la mañana, y el vuelo no sale sino hasta las 6.40. Nos tiramos en unos asientos y nos disponemos a dormir.
Unas horas más tarde me despierto y, viendo la hora, aprovecho para ir a hacer el check-in del vuelo, dado que ya falta solamente una hora para salir. A pesar de haber avisado a Benjamin de esto, probablemente por razones lingüísticas, no me entiende nada y, luego de mi trámite tengo que avisarles nuevamente que vengan porque ya falta poco para embarcar. El vuelo de vuelta es bastante similar al de ida, aunque en este el cansancio es mayor, así que la incomodidad no es un impedimento para dormir un rato. Llegamos a tiempo (8 y media de la mañana), y ahora es la mamá de Benjamin la que tiene que venir a buscarnos, por lo que esperamos unos 20 minutos hasta que hace acto de presencia. Nos lleva hasta la casa de Julia, subimos, agarro mis petates, y me marcho nuevamente en dirección a la estación de trenes para volver a casa. Una vez en Dunkerque, el resto de la jornada transcurre prácticamente entre sueños, y es así como se va un fin de semana más en mi vida en el Nord-Pas de Calais.

lunes, 17 de noviembre de 2008

This is the life post-holidays

El miércoles seguía de vacaciones, pero ahora en casucha, sin hacer gran cosa, esperando que Virginie me llamara como habíamos acordado para ir a comer a su casa y conocer a su familia, cosa que nunca sucedió. Ya caida la tarde/noche, voy al depto de las chicas para lavar mi ropa y ver como pasaron su estadia en Paris, pero solo me encuentro con Anita, que esta un poco enferma y prepara las clases para el dia siguiente. No estuvieron mucho tiempo, pero como no conocían, obviamente les impactó la ciudad. Nathalie se habia ido a Nantes y volvía esa misma noche, cosa que sucedió justo cuando estaba por irme. Estaba desastrosamente enferma, pero al menos la había pasado bien. Vuelvo a mi depto y me acuesto, porque al día siguiente las clases empiezan en el collège.
El jueves me levanto temprano para ir a Coudekerque-Branche. Me encuentro con Morgane, hablamos un ratito, y empezamos el curso, otra vez presentación. Lo peor viene a la tarde, cuando Evelyne (la otra profesora) cae sólo cinco minutos antes de empezar las clases y me tira un par de hojas con los ejercicios que tengo que hacer con los chicos, a pesar de que antes de las vacaciones me había dicho que yo debia preparar algo respetando ciertas pausas. Fue desastroso, lo peor de todo lo que me habia tocado hasta el momento, dos horas en las que hubiera preferido desaparecer de la faz de la tierra, o al menos de ese colegio. Era como hablar frente a los muros, cualquiera que hubiera visto desde afuera la clase habria pensado que yo era un loco que le hablaba a marionetas. Me fui con una bronca incalculable hacia el liceo, donde pude descargarla con algunas profesoras que, por suerte, entendieron cómo me sentía. No dejé de hacer catarsis con toda persona que se me cruzó durante el resto del día, que por suerte terminó relativamente rápido.
El viernes tuve clase por la mañana temprano, desde las 8 hasta las 11, por suerte con una inesperada pausa a las 9 debido a un examen común de inglés, almorcé a las 12.30 como de costumbre (esta vez solo, porque Nathalie estaba enferma), y me fui a tomar el tren hacia Lille, donde tenía que hacer tiempo hasta las 18.30, hora en que Julia volvía a su casa. Recorrí un par de negocios, encontré la rue Massena, la "rue de soif" como llaman los franceses a las calles de la ciudad que tienen varios bares (obviamente en ese momento todos cerrados), y luego el grito de la naturaleza me obligó a tocar el timbre en casa de Julia apenas 5 minutos antes de la hora planeada. Pour suerte ya había llegado y pude hacer uso de su baño, que en ese momento se transformó en el más cómodo del planeta. Nos quedamos charlando un rato, comimos una cena bastante austera, pero a tono con nuestro nivel de hambre (sin contar los After Eight como regalo de Inglaterra que abrimos), y luego de una ducha me zambullí en la cama para descansar, el día siguiente sería bastante agitado.

domingo, 16 de noviembre de 2008

In the end

Me quede en el domingo 2 de noviembre (y estamos a 16, asi que todavia me quedan 15 de relato), día en que salimos alrededor del mediodía para ver el British Museum, como siempre bastante mas sobrio que el Louvre, pero probablemente con muchisimos más objetos robados que su par francés. La Piedra Roseta, los frisos del Partenón, medio templo asirio, entre otras cosas. La buena noticia (al menos para los londinenses y quienes tenemos la oportunidad de viajar) es que la entrada es gratuita, lo cual alivia un poco el bolsillo. Salimos un par de horas más tarde, y nos dirijimos (previo almuerzo en una plazoleta con sandwiches que preparamos a base de pan, queso y fiambres comprados en un supermercadito indio) hacia Saint Paul's, una iglesia inmensa y super bien decorada, aunque con entrada paga, lo que nos desalienta a recorrerla. Una caminata por afuera, un par de fotos, y seguimos viaje hacia London Tower, con pocas expectativas de entrar debido a su precio, que estimamos alto. Al llegar, no nos equivocamos, y las 12£ que hay que pagar para ver el lugar desde adentro nos alejan a gran velocidad, y de todas formas, ya falta poco para que cierre. Nos quedamos sentados en uno de los bancos que circundan el lugar, viendo a la gente pasar (algunos visiblemente argentinos), y posteriormente nos vamos cada uno a su casa, no sin antes fijar una hora y lugar de reunión para el día siguiente (9.30 en Westminster Bridge).
Durante el viaje de vuelta intento repetidas veces comunicarme con Dani para saludarla en su fiesta, puesto que papá había hecho todos los malabares necesarios para que el teléfono funcione correctamente. Sólo pude lograrlo una vez en la casa de los tíos de Diego, así que quedé bien por poco dinero al hablar con ella y desearle un feliz final de fiesta. Se produce la segunda cena decente desde que llegamos a Inglaterra, con lasagna y restos de la vez pasada, de lo mejor que comimos en el viaje. Luego de eso, un poco de lectura y a la cama para estar listo temprano al día siguiente.
El lunes Dolores nos lleva hasta la estación (David tenía que esperar al gasista y encima empezaba a enfermarse), luego de depositar a Ema en su escuela, puesto que las clases se reanudaban después de una semana de receso. Tomamos el tren, luego el subte, y llegamos (milagrosamente a tiempo) al punto de reunión acordado. Esta vez es Martín el que llega tarde, para vengarse de los anteriores 4 días, y otra no le quedaba, pues este es el último para él. Intentamos entrar al parlamento, pero no hay mucho para ver hasta las 2 de la tarde, donde todo lo que podemos hacer es asistir a la sesión, rodeamos el edificio para verlo con más detalle, y cruzamos hacia Westminster Abbey, lugar que teníamos bastantes ganas de ver, hasta que nos topamos con el cartel de precios y....9£, salvo que uno entre a rezar. No, gracias. Vamos ahora hacia Chelsea, un barrio muy bienudo, donde se encuentra también el hospital militar, inmenso y super bien cuidado. Caminando nos topamos con una callecita donde las casas están pintadas cada una de un color distinto, como en La Boca, pero con bastante más plata. "Una foto, esto amerita una foto". Apenas terminamos de sacarla, una vieja de lo menos simpática que tiene Londres sale de su casa para rajarnos a patadas por "violar la propiedad privada". Seguimos caminando prácticamente sin rumbo y nos topamos con el museo de historia natural, al que decidimos entrar por su gratuidad y nos sorprendemos al ver que era mejor de lo que esperábamos (y que de hecho deberíamos haber ido ahí en lugar del museo de ciencias), así que nos quedamos ahí alrededor de una hora, aunque sin recorrer demasiado porque el cansancio ya se había apoderado de nosotros. Buscamos un lugar para almorzar y nos topamos con Pizza Hut, que ofrece pizza, pasta y ensalada libre por 6£, que hicimos valer durante una hora y media fácilmente. Salimos, damos un par de vueltitas y terminamos en Kensington Gardens, con poca luz, niebla y lluvia, lo que nos impide ver bastantes de las cosas que allí se encuentran, básicamente lugares a los que aparentemente le gustaba ir a Diana antes de darse un tortazo en París. Salimos de los jardines y vamos caminando por una calle bastante paqueta, con una galería aún más paqueta, y finalmente terminamos en Picadilly Circus, visitando negocios un poco más acordes a nuestros bolsillos, entre los que se encontraba una casa de deportes que hacía interesantes rebajas, y donde pude comprar la camiseta de Inglaterra por sólo 4,5£ (o sea, por media entrada a Westminster Abbey), pasado lo cual nos despedimos de Martín, quien tiene que ir a Victoria Coach Station, y nos dirijimos de vuelta a casa. Una cena que no recuerdo bien de qué se componía, ducha, ordenamiento de todas las cosas, y a la cama.
Al día siguiente salimos bastante tarde (yo con todos mis bártulos), para ir hacia Notting Hill en colectivo y experimentar el viaje en un doble piso londinense (de los nuevos, porque de los viejos sólo quedan dos o tres). El primer colectivo que queríamos tomar no aparece nunca, así que tomamos otro, pero el tráfico hace imposible la circulación. Nos bajamos, y yo ya tengo que enfilar hacia la estación para volver a mis pagos. Me despido de Diego, le dejo algo de plata para que compre un presente a sus tíos, y camino un poco antes de tomarme el subte hacia la estación, donde hago el check-in y, en lugar de esperar plácidamente los 40 o 50 minutos que faltaban para que mi micro saliera, decido ir a comprar algunos víveres para el viaje, ir al correo a dejar una postal, y comprarme un souvenir de Inglaterra, lo cual consume alrededor del 90% de mi tiempo. Hago algo que intenta ser un pique de vuelta hasta la estación antes de que el micro salga sin mí, y llego a tiempo para salir. El viaje de vuelta no es mucho más cómodo (pero sí más corto) que el de ida, pero se hace relativamente llevadero con el libro que me había llevado, la comida y una siesta. Llego a Lille quince minutos antes de lo planeado, y voy hacia la estación a tomar el tren, para lo cual veo que tengo que esperar unos 50 minutos. Aprovecho para pasar por lo de Julia y terminar de arreglar la salida del fin de semana a Marsella, pero no contesta mi mensaje, nunca baja, y ya es tiempo de irme de nuevo para la estación. El no compostar deliberadamente mi billete casi me cuesta 25€ de multa, pero haciéndome el boludo logro no pagarlos, y llego tranquilamente a Dunkerque cerca de la medianoche. Debo ser la única persona en la calle en toda la ciudad, pero poco me preocupa a esta altura. Llego, me ducho, y me acuesto a dormir.

lunes, 10 de noviembre de 2008

First train to Woking

Dia dos DL, nos levantamos, desayunamos y vamos (arrimo de Dolores hasta la estación) hacia el museo de ciencias, que si bien es muy grande y tiene un poco de todo, resulta menos interesante e interactivo de lo que pensaba. Al mediodía salimos y almorzamos el picnic que la tía de Diego nos obligó a llevar, para luego ir caminando hacia Camdem Town. Pasamos por el lujoso Harrods, el inmenso Hyde Park, con ardillitas y todo, luego nos perdemos un poco, pero llegamos a Regent's Park, y finalmente Camdem Town, ese enorme mercado (en parte quemado actualmente) al estilo La Salada pero con la onda y los precios de Londres. Puede conseguirse de todo, desde ropa vieja hasta ropa militar, y hay locales de comida de casi cualquier tipo (obviamente con la ausencia de la parrilla argentina), pero todo cierra temprano, como en cualquier lugar de Inglaterra, asi que ahora tomamos el subte para ir al edificio OXO, donde supuestamente puede ingresarse a un mirador gratuito y bastante alto, que resulta no serlo tanto. Luego de unos minutos de ver lo que se puede de la ciudad desde allí, caminamos por el borde del Támesis hasta London Tower, pasando por London Bridge donde vemos que está por empezar una fiesta bastante importante: claro, es Halloween y la gente (algunos) se pasea por las calles disfrazada cual película yanqui. Llegamos recagados de frío y hambre, asi que de inmediato buscamos la manera de entrar a un restaurant, o algo así, pero todo parece cerrado en la city. Por suerte encontramos un local como el del mediodía anterior, pero con algo más de lugar y venta de pizzas, así que entre los tres nos clavamos dos grandes y seguimos caminando, otra vez hacia London Bridge, donde ahora vemos a la gente entrando disfrazada a la fiesta, pero la larga cola y el costo de la entrada (10£) nos hicieron quedarnos solamente con la imagen de las chicas con disfraces sugestivos. Tomamos otro subte hasta Covent Gardens, donde vemos un cartel en un boliche que nos engaña por unos minutos al creer que decía entrada gratis desde las 22, cuando en realidad era hasta las 22, así que seguimos buscando dónde pasar toda la noche. Nos ofrecen entrar a un lugar por 5£, pero hasta las 3. El problema es que todo cierra a las 3, asi que nos encontramos sin opción alguna y decidimos entrar, después veremos que hacemos. En la entrada nos dicen que son 10£, así que tenemos que discutir un poco para que nos cobren el precio acordado afuera.
Entramos, compramos unas cervezas y dejamos nuestras cosas en una mesa, siempre mirándolas casi tanto como a las chicas que van pasando, pero que no hacen más que eso, pasar....Martín se vuelve a su casa alrededor de la 1 de la mañana, pero Diego y yo tenemos que volver a la casa de sus tíos más tarde para no despertarlos, así que nos quedamos hasta las 3, cuando la gente sale y el lugar, como todos los demás, cierra, y nos vamos para la estación de trenes, que también está cerrada. Por suerte la abren poco tiempo después, y el primer tren nos deposita en Woking. El problema ahora es que estamos lejos, y el colectivo no empieza su servicio sino hasta las 7 y media. Para matar el tiempo, estar calentitos y cómodos se nos ocurre la genial idea de tomar un tren hacia Londres, y luego volver una vez más, con lo que se cumplen las horas necesarias para que el colectivo empiece a funcionar.
Nos encontramos con que el bondi nunca aparece. Después de varios minutos de cagarnos de frío en la parada, decido caminar para ver si no hay alguna otra, y la encuentro unos 15 minutos más tarde, exactamente del otro lado de la estación de trenes. Afortunadamente no tuvimos que esperarlo mucho, pero si tuvimos que pagar bastante (2£ por un viaje de 15 minutos). Lo que aún no sé si fue debido al cansancio o qué, fue que nos pasamos de la parada en la que debíamos bajarnos, cosa de la que nos percatamos cuando el colectivo empezó a hacer el mismo camino de la ida, pero esta vez para volver hacia la estación (el recorrido era de unos 20 minutos, casi todas las calles son doble mano y hay una sola cabecera), así que tuvimos que bajarnos y empezar a caminar tratando de encontrar la casa, cosa que no fue muy facil. Terminamos llegando alrededor de las 9 de la mañana a la casa, donde Dolores y David nos reciben con un desayuno.
Luego de eso, me desplomo en la cama y no me levanto hasta las 3 de la tarde. Estoy solo (los demás habían salido a pasear por los pueblos de alrededor), así que me comio el sandwich y la banana que me habían dejado preparado en la mesa, me pego una ducha, y me acuesto nuevamente hasta que llegan (alrededor de las 6), no mucho antes de que también aparezcan el hermano de David con su esposa (italiana del norte ella) e hijo, con quienes comemos comida de verdad después de mucho tiempo. La charla se hace larga, pero de todas formas a las 11 ya se van y otra vez a la cama, un poco menos extenuado, pero todavía con el cansancio de la noche anterior.

London calling

Londres, jueves 30 de octubre a las 7 de la mañana, aproximadamente. Llegamos a Victoria Coach Station, donde nos espera Martín, amigo de Diego que viene de Leuven (Bélgica) para pasar el fin de semana. Vamos a un shopping a hacer tiempo hasta que abra la oficina de turismo para buscar información y también podamos llamar a los tíos de Diego para ver cuádo podemos ir a su casa a dejar las cosas. Caminamos luego de un tiempo de espera hacia Picadilly Circus, pasando por Buckingham Palace, a donde regresaríamos una hora después para ver el cambio de guardia. Al menos por fuera, no parece nada fastuoso, bastante sobrio (aunque imponente), como muchos de los edificios de la ciudad. Imposible no compararla con su archienemiga del otro lado de La Mancha: Paris es la ciudad luz, con todos sus edificios fastuosos y antiguos, Londres es más bien sobria y austera arquitectónicamente, pero con un mejor manejo del contraste entre edificios nuevos y antiguos (algo que no logra París, cosa que queda claro con sólo ver Montparnasse), a pesar de lo cual nunca vi tanto lujo como en las calles londinenses y el sinfín de Audis, BMWs, Mercedes, pero también Aston Martins, Bentleys, Jaguars, Maseratis y Ferraris que por ellas circulan, y sus negocios, cuyo estandarte es claramente Harrods.
En turismo no encontramos grandes cosas, pero sí algunas guías y mapas. Volvemos al palacio, (pasando antes por Trafalgar Square y la National Art Gallery) que ahora está repleto de gente para ver el espectáculo del cambio de guardia, y también de policías alertando de la presencia de ladrones, que también deben haber sido varios. Contra todos mis pronósticos, el mismo duró más de una hora, e incluyó un pequeño concierto de la banda real. Terminado el show, vamos en busca de un lugar para comer y descansar (mis hombros estaban ya deshechos por cargar la mochila), antes de tomarnos el tren que nos dejaría en Woking, lugar de residencia de los tíos de Diego. Encontramos un Fast Food de Pollo, con poco lugar, pero el hambre pudo más y ahí nos quedamos a almorzar. Luego de ello, nos separamos, no sin antes arreglar un reencuentro para la tarde, y vamos Diego y yo a Waterloo para tomar el tren. Grande fue nuestra sorpresa al enterarnos de que un viaje individual entre Londres y Woking cuesta 8 libras, y 12 la ida y vuelta. Haciendo cuentas nos avivamos que es más barato comprar un pase combinado de tren y metro por 7 días por la módica suma de 72£. Partimos en un tren un tanto mas lento pero un poco más cómodo que los de Francia, y en 30 minutos estamos en Woking, donde Dolores y su hija Ema nos esperan en el auto para acercarnos a su casa. Dejamos las cosas y descansamos un rato mientras charlamos con la tía de Diego, que es muy simpática y buena onda. Hacia la nochecita volvemos a salir para encontrarnos con el Mercha (llegando bastante tarde debido a un desperfecto en el tren, la imagen más cercana a la Argentina que me dio Londres) y pasear por Regent's Street cual niñas viendo vidrieras y llegar a Covent Gardens, que tampoco son gran cosa, pero bueno, es como el punto mas "festivo" de Londres. Quedarnos a pasar la noche nos da un poco de miedo porque no tenemos nada preparado, asi que no bien encontramos un McDonald's nos metemos a cenar, y luego cada uno a su casa, nosotros llegando una hora más tarde a la estación, donde esta vez nos esperaba David, el tío de Diego (que es inglés, o sea que en realidad es Deivid).

jueves, 6 de noviembre de 2008

En el reino del revés

Hace mucho que no escribo y tengo mucho por contar, asi que lo haré en dos partes: AL (Antes de Londres) y DL (Después de Londres). Obviamente el título hace referencia a la anticuada y contrera forma de manejar de los ingleses. Están tan al tanto de que van a contramano del planeta, que en las calles de Londres hay carteles diciendo "Mire a la derecha" o "Mire a la izquierda", para prevenir al ciudadano común de un país normal.
El viernes por la mañana fueron las últimas clases antes de las vacaciones. Empezaron bien, a pesar de que eran las 8 de la matina, el grupo era muy bueno. El problema llegó después, cuando me tocaron en las dos horas siguientes lo peor de lo peor del liceo, estos pibes dormían hasta a Nueva York. Por suerte fueron sólo dos horas, y a las 11 ya estaba libre de culpa y cargo. Almuerzo en el comedor del liceo, y a preparar las cosas para Inglaterra. Ya acercándose las 7 y media, salgo para la fiesta que me había propuesto Iris, pero a mitad de camino me llama para decirme que va a llegar tarde, asi que mejor que vaya a su casa. Llego y comemos ella, su pacsé (casi como marido) Noël, y un amigo estadounidense que está estudiando aquí (quién lo habrá mandado, pensaba yo). Salimos para la casa de su profesora, que nos recibe con los brazos abiertos en su garage enorme, tanto a nosotros como al resto de la gente que había ido (no demasiada, pero tampoco eran poquitos), aunque algunos ya se habían ido, solo 1 hora después de aquella en la que nos habían citado. Charlas fueron y vinieron, con Noël (un tipo muy copado), una mina (grande) que estuvo viviendo tres años en Argentina, y con otra asistente de escuela primaria, Hillary, de Estados Unidos. Alrededor de las 12 nos vamos cada uno a su casa, tengo que descansar antes de ir para Lille a tomar el mejor micro del mundo.
¿Dije mejor micro del mundo? Me quedo corto la verdad. Luego de llegar media hora temprano a la calle (si, calle, no estación ni nada) donde iba a parar el micro, me quedo esperándolo junto a otras personas durante un largo rato, hasta que por fin, media hora después de lo previsto llega el micro más incómodo en el que he hecho un viaje de larga distancia en mi vida, peor que un caraza, peor que el Gran Capitán, pero que todo lo conocido. Por suerte una hora y pico del viaje se hace en barco, una suerte de Buquebús un poco más grande y con un Free Shop un poco más caro que atraviesa el Canal de la Mancha y nos deposita en Dover. Aparentemente no les bastó con el control de aduana hecho en Francia (tanto por la policia francesa como la inglesa), en el que no tuve ningún problema al mostrar mi pasaporte italiano (a pesar de lo que nos dijeron los cerdos del SCAC), sino que también nos tuvieron una hora esperando en Dover a que revisaran las valijas. Luego de la espera me encuentro con Diego, quien será mi compañero de viaje por los próximos 10 días. Como él no encuentra su micro, se sube al mío y, dos horas y media más tarde de lo previsto, llegamos a Victoria Coach Station, en Londres. Una vez allí, vamos a buscar nuestros pases de micro a una cuadra del lugar, y pedimos un pasaje para Edimburgo, pero no hay más lugares. Totalmente inconscientes, pedimos un pasaje para el punto más al norte posible, y es así como a las 23 salimos para York.
York no podría habernos recibido de peor manera. A las tres y media de la mañana, con frío y lluvia, bajamos del incómodo micro a la estación de trenes. Buscamos algún mapa, pero dado que todo estaba cerrado, solo pudimos imprimir unos que estaban en unos puestos bastante útiles con internet y demás, pero no teníamos donde parar. Nuevamente la inconsciencia se adueña de nosotros y salimos a buscar un hostel, sólo para regresar a la estación media hora después y completamente empapados. Intentamos dormir en la helada estación, sin exito y desconociendo la existencia de una sala de espera, bastante más calentita que el resto de la estación. Cuando me avivo de ella, veo también que un micro sale a las 6 hacia Manchester, pasando por Leeds. "Excelente idea", pienso, y convenzo a Diego de ir. Nos colamos en el micro, y bajamos en Leeds, más precisamente en la estación de trenes. Tenemos que encontrar la estación de micros, que no está muy lejos, y allí esperar a que abra la ventanilla de National Express para comprar nuestro pasaje a Edimburgo, que sale a las 22.30 de allí. A eso de las 9 vamos a reservar el pasaje, pero nos dicen que no hay sistema, así que decidimos volver más tarde. Dejo mi mochila en un locker, previo pago de 3£ y vamos a la oficina de turismo y nos dicen qué cosas podemos visitar, así que vamos al museo de la ciudad, no muy grande, pero con bastantes cosas interesantes para ver (hasta una momia hay). Volvemos al mediodía a la oficina de micros, y grande fue nuestra sorpresa al enterarnos de que no había lugar para viajar a Edimburgo a la noche, así que reservamos para el día siguiente a las 12, y a buscar un hostel se ha dicho.
En la oficina de turismo nos dicen que no hay hostels en Leeds, cosa que nos pareció por demás extraña, pero sí había un hotel con habitaciones por 35£. Treinta y cinco libras entre dos eran 17,5£ por persona, nada mal para Inglaterra pensamos, así que nos dirigimos hacia Etap, cerca de la estación de micros. Dejamos nuestras cosas en una habitación modesta, pero con lo necesario para subsistir, y nos fuimos al museo de armaduras de la ciudad, también bastante grande y con muchas cosas para ver. Volvemos, ducha y a comer se ha dicho. Comer bien y barato en Inglaterra es toda una aventura que no estuvimos dispuestos a emprender, así que fue la primera de varias comidas en Mc Donald's. No mucho mas tarde volvemos al hotel y a dormir se ha dicho.
Al día siguiente (lunes) nos levantamos llenos de energías y con ganas de probar el desayuno All You Can Eat del hotel por solo 2,95£. Particularmente pasé una hora desayunando café, cereales, jugo de manzana, tres croissants y tres panes tostados, si mal no recuerdo. Teníamos que hacer tiempo hasta el mediodía, así que fuimos a dar vueltas por el mercado, en donde se consigue de todo, desde pescado hasta zapatillas y desbloqueos de celulares. Compro un par de cosas para el viaje, y a partir se ha dicho. Fue toda una jornada en micro, con un par de paradas intermedias que lo hicieron más largo aún, y llegamos a Edimburgo el lunes a la noche. A pesar de lo que yo creía, en el Reino Unido se maneja demasiado mal, y los peatones suelen sufrirlo teniendo que cruzar la calle a las apuradas porque el auto (que obviamente viene del lugar menos pensado) no frena, o a uno se le ocurre en el medio de la calle girar en U (cosa que está, aparendemente, permitida).
Conseguir un hostel podría haber sido una odisea, de no ser porque en el primer lugar al que fuimos (que estaba completo), pudimos buscar otros lugares para ir. Nos costó, pero luego de unos 15 minutos y 70 escalones, llegamos al Princess Hostel, que nos hospedó durante dos noches por la módica suma de 22£. Dejamos nuestras cosas en un cuarto con 12 camas, y nos fuimos a revisar los mails, momento en el que descubro que hay arroz gratis en la cocina, lo que se transforma en nuestra cena. Estando allí conocemos a Oscar, un argentino que acaba de llegar para buscar trabajo y aprender inglés, y está parando en el hostel hasta que encuentre un departamento. Los tres salimos a buscar un pub lindo para tomar una cerveza. No encontramos el más lindo de todos, pero el frio nos vence y entramos a uno cualquiera, tomamos unas cervezas (en realidad, ellos toman sidra porque torpemente se confunden), charlamos un rato y de vuelta al hostel a dormir.
El martes a la mañana aproveché una promoción del hostel para hacerme de un tradicional desayuno inglés (es decir, huevos, porotos, salchicha y panceta), y un café por tan sólo 2£. Posteriormente salimos con Diego hacia el lugar de donde partía el tour gratuito de Edimburgo (pasando antes por el Scott's Monument y por una plaza en donde tocaba un gaitero con pollerita y todo por unas monedas), a cargo de un español con bastante buena onda, pero menos que la que tenía el guía de París. Fueron unas tres horas de tour por la ciudad, contándonos bastantes historias de la misma, mostrándonos museos a los que podíamos ir gratuitamente, y demás cosas hermosas de la ciudad más hermosa del viaje. Al finalizar, la avaricia de los españoles quedó al descubierto. Al tiempo que nosotros (eramos 4 argentinos: Diego, Oscar, otro flaco cuyo nombre olvide y yo) queríamos dejarle jodidas 5£ cada uno, los gallegos no estaban dispuestos a dar más de 2,5£. Al final, dejamos 3,5 y quedamos como unos duques, jejeje. Luego de eso, fuimos a comer algo por la calle (es decir, un sandwich), y con Diego fuimos primero al castillo, al que nos dio cosita entrar por su costo (14£ con audioguia), y después al museo de Edimburgo, un lugar enoooorme y lleno de cosas que no pudimos terminar de ver, pues casi cierran con nosotros adentro. Una entrada a la biblioteca (tambien muy grande), y finalmente al super a comprar algo para cenar. Los supermercados en Gran Bretaña son heladeras gigantes: todo está congelado y listo para ser cocinado, no existen prácticamente los productos frescos, así que luego de mucho dudar, nos hicimos con unos paquetes de ravioles, una salsa, y de vuelta al hostel a cocinar, donde nos encontramos con Oscar, quien también pensaba comer eso en la cena, por lo que la misma se transformó en una charla de alrededor de dos horas de un poco de todo: política, deportes, interés general (o no tanto), etc., hasta que, agobiados, nos fuimos a dormir.
El miércoles a la noche salía nuestro micro a Londres, así que (previa compra en el super de pan y manteca para unas tostadas de desayuno), hicimos el check-out en el hostel, pero dejamos nuestras mochilas y nos dispusimos a caminar hacia el mar. Después de más de una hora logramos llegar, y el frío y la humedad nos obligaron a quedarnos bastante poco tiempo, el suficiente para unas fotos y luego otra caminata buscando el castillo, esta vez decididos a entrar. No recuerdo bien qué almorzamos, así que, o bien no lo hicimos, o bien fue un tradicional McDo o algo así. Llegamos, depostiamos las 14£, y empezamos c6n una recorrida que terminó sólo cuando estaban cerrando las puertas del mismo. Fueron alrededor de 3 horas caminando alrededor del mismo, viendo museo por museo (en uno de los cuales, nuestro querido país, en el cual peleó el ejército de dragones escoceses en la guerra de Malvinas fue caratulado como "América del Sur"), edificio por edificio, esuchando en cada momento el audioguía y aprovechando las panorámicas de la ciudad que la altura del castillo nos daba. Volvimos al pasando primero por Burger King (la traición a Mc Donald's nos costaría alrededor de 1£), descansamos un rato en la sala común, y partimos hacia la estació para tomar el micro, que esta vez salió a horario y, mala noche mediante, nos depositó nuevamente en Londres para pasar los últimos 5 días de nuestro viaje.

viernes, 24 de octubre de 2008

No se que titulo ponerle a esto....

Me habia quedado en el viernes, dia poco interesante si los habra. Primer clase a las 9 con el curso de Virginie, luego a las 10 con el de Marga, y a las 11 el dia habia terminado. Solo cambia un poco a la noche, cuando vamos a tomar algo al Bommel, junto con Na, Anita, Nathalie, y varios otros asistentes que se nos unen, pero como estaba extenuado, no volvi muy tarde que digamos.
El sabado por la mañana es dia de lavado de ropa, asi que voy temprano al depto de las chicas para depostiar mis harapos, y oh sorpresa! Na ha ido a buscar la Neufbox, con lo cual en pocos minutos podria tener internet pancho en mi casa. Ayudo a conectar absolutamente todos los cables (nada puede ser facil en Francia, parece un deporte nacional el de "complicar las cosas"), y luego de un par de intentos fallidos, el magico enlace interplanetario funciona! La señal es debil, y el maldito proveedor lo ha bloqueado todo, pero al menos se puede navegar por internes. De todas formas, poco mas tarde tengo que reunirme con Iris, una asistente alemana super simpatica que tiene que rendir un examen de español en dos semanas para recibirse, y quiere practicar un poco de castellano. Luego de una vuelta por el puerto (el dia era bastante lindo, como la mayoria de los que me han tocado hasta ahora), y un cafe en el "centro", cada uno vuelve a su casita, y ahi me quedo hasta el dia siguiente, cuando ire con Morgane a Wormouth para una caminata. Llamo a mi abuela, con quien no hablaba desde que me habia ido, con mis papas, y con Julio, que tiene que irse rapido, por lo que poco pude conversar con el.
El domingo a la mañana no es muy distinto de los otros dias, a excepción de un llamado a mamá de alrededor de 1 hora por su dia que logra consumir la mitad del credito de mi telefono (llevo 50€ gastados en menos de un mes). Espero pacientemente la hora en que va a pasar Morgane, que llega mas que puntual. Vamos por un camino rodeado de campo (algo bastante normal en esta region), y llegamos a un pueblito chiquitito llamado Wormouth donde, por ser domingo, todo esta completamente cerrado. Nos encontramos con otros profesores, uno de los cuales va a guiar una interesante caminata de 10 km. por la region, jugo de naranja, manzana, cerveza, y waffles incluidos. Volvemos alrededor de 4 horas mas tarde, y me dispongo a ver el partido de Boca por internet, cosa que no logro, pero si llego a captar la emision de Victor Hugo, al tiempo que hablo con Cecile (que está en México pero suele vivir en Lille), y con Julia (que vive actualmente en Lille), a quienes no puedo evitar gritarles el glorioso gol de Viatri. La noche cae lentamente, pero a pesar del cansancio por la caminata no logro dormirme antes de la 1 de la mañana, y al otro dia hay que levantarse muuuuy temprano.
Lunes a las 6 suena la primer alarma del telefono, la cual logro apagar y espero a la siguiente, unos 30 minutos mas tarde. En ese momento me levanto y me alisto para salir, a las 8 tengo que estar en el collège Boris Vian, de Coudekerque Branche. Estupidamente pienso que puedo ir caminando, pues a pie no son mas de 30 minutos, pero el frio matinal me obliga a tomar el colectivo, sin desayunar nada pues ya no tenia viveres. Llego y tomo un cafe y como un Mars, y listo para una de las clases mas aburridas de la semana, 55 minutos de observacion a cargo de Evelyn. Luego llegan 2 horas de clase con Morgane, que son un poquito mas entretenidos a causa de la participacion que se me da. Sin embargo, al terminar la tercer hora huyo hacia el liceo para almorzar con Nathalie y Anita, y luego ir a clase de Silvia, donde nuevamente tengo que presentarme, y mas tarde a la clase de Marga, hasta las 18. Cena una hora y cuarto mas tarde, y de nuevo internet, aunque ya no funciona como al inicio. Al dia siguiente la unica hora de clase empieza a las 16, asi que el dia se presenta bastante libre.
Me levanto el martes a las 9, pero mi actividad no comienza sino hasta poco antes de la hora de almorzar. Como y me dirijo a comprar algunos articulos de libreria y mi pasaje en tren a Lille, al dia siguiente voy a pasar el dia para lo que se suponia debia ser una recepción de la Mairie para todos los asistentes, comida incluida. Vuelvo y tengo mi primer clase con Laure, quien por haber vivido un año en Mexico tiene una idea bastante mas amplia que el resto de latinoamérica. La clase termina a las 5, y luego de un tiempo de espera me dispongo a bajar a cenar, pero llega un menaje de Nathalie: en el Bommel, con la compra de una cerveza, la comida es gratis, asi que espero pacientemente a la hora de partir, y vamos con ella y con Danielle, y al llegar encontramos a McKenzie y a Katharina, asistentes yanqui y alemana respectivamente. Tomamos y charlamos un rato, pero antes de medianoche ya es tiempo de volver, las clases del dia siguiente empiezan muy temprano.
El miercoles nuevamente a las 7 estoy arriba, me alisto y bajo para encontrar a Claudie e ir hacia su salón, donde me encuentro con solamente 9 personas, estudiantes de Terminal que hablan y entienden bastante mas que el resto, con ellos voy a poder hacer cosas mas interesantes. Tienen que preparar unos orales, asi que pasan 3 y la hora termina. Una horita de tiempo y me voy a la estación a encontrar a Yolanda, con quien vamos a visitar el museo de bellas artes de Lille. Llegamos a la ciudad y nos disponemos a buscar un lugar para almorzar. Encontramos un barcito barato, comempos unos panini y entramos al museo, que no tiene nada super interesante (al menos comparado a lo que nos habian dicho), pero de todas formas nos quedamos ahi durante unas 3 horas, hasta el momento de ir a la Mairie, donde encontramos a Julia, Cielo, y otros asistentes de español, quienes al igual que nosotros esperaban al menos un aperitivo, que nunca llegó. Después de unos minutos de espera, decidimos ir a un bar a tomar un vaso de cerveza y charlar un rato. Se empieza a hacer tarde y decidimos irnos, los que viven en Lille a otro lugar, los que vivimos fuera a la estacion de trenes. Nos perdemos un par de veces, pero por suerte llegamos poco antes de que salga un tren hacia Dunkerque, que tarda hora y veinte y llega a las 22.30 a la estacion. El panorama es desolador: no solo la obscuridad reina, sino que la gente brilla por su ausencia. No hay absolutamente NADIE ni NADA, ni colectivos, asi que vamos caminando con Yolanda hasta su casa, en St. Pol Sur Mer, y luego yo voy caminando un laaargo trecho hasta la mia, no sin antes pasar por el unico local que parecia abierto (y que en realidad estaba extrañamente cerrado pero con las luces prendidas y la puerta abierta), y comprar el unico sandwich que unos arabes se dignan a prepararme. Llego a casa a las 12 y monedas, pero por suerte el jueves tengo el dia libre, puedo descansar placidamente.
El jueves por la mañana es nuevamente dia de lavado de ropa, tengo que preparar todo para Inglaterra, asi que voy al depto de las chicas, que me dejan la puerta abierta para que pueda lavar a voluntad. Luego de 50 minutos vuelvo a colgar todo a mi habitacion, y no mucho después me encuentro con Nathalie para almorzar en el comedor. Mi dia libre continua en mi habitacion, y no es sino hasta las 15 que voy a la sala de profesores a imprimir unos trabajos, luego al banco a dejar una carta, y finalmente a encontrarme nuevamente con Iris, con quien tomo un te en otro bar del "centro" de la ciudad durante casi dos horas, para luego volver al depto. Una hora y media mas tarde estoy saliendo con Anita y Nathalie para la casa de Yolanda, que nos ofrece una cena. Comemos una tarta con abundantes verduras, vino rosa y una torta de postre, al tiempo que despotricamos contra los franceses en todas sus formas (como estudiantes, como docentes, como personas, etc.), lo cual me atrae en demasia. Sin darnos cuenta, se hacen mas de las 10, y ya perdimos el ultimo colectivo de la noche (si, antes de las 10 no hay mas servicio), asi que tomamos un jodido taxi de 13€, pero en 10' estamos en casita, y en 20' preparado para dormir, pues al dia siguiente (viernes), toca nuevamente levantarse temprano.

sábado, 18 de octubre de 2008

La primer semana competa en Dunkerque

Me habia quedado en el martes. Fueron mis primeras clases solo, y con el grupo de estudiantes que mejor saben hablar (si bien no son ninguna luz, comparados al resto podrian ser Cervantes), clases que deberian haber continuado por la tarde, pero que fueron afortunadamente canceladas. Afortunadamente ha llegado el lavarropas al liceo, asi que me dispongo a lavar la tonelada de ropa sucia que tenia acumulada desde el jueves/viernes, y mas tarde vamos con Nathalie a la universidad, donde una chilena canta poemas de Pablo Neruda. Nos encontramos también con Morgane, mi profesora del collège, y con Yolanda, la española que vive cerca de Dunkerque. Luego de alrededor de 1 hora de musica, cerramos con un aperitivo (pisco incluido), y Nathalie y yo vamos al Bommel Bar a encontrarnos con otras asistentes de inglés. Unos tres años después de no haber hablado una palabra de inglés, me veo obligado a escuchar a 3 inglesas y una americana contando sus anécdotas de la semana. Modestia aparte, no pensé que entendería tanto. Piensan ir a Brujas el finde, y les cuento mi experiencia con el tipo de la estación de La Panne, para que sean precavidas. Empiezan a irse todos (aunque apenas sean las 11), y nosotros también, Nathalie, Danielle y yo. La primera tenia un hambre voraz, pero en el país de Asterix, todo cierra alrededor de las 10, excepto un bar que vende comidas rápidas, más rápidas de lo que pensábamos. Pide una hamburguesa que para nuestra sorpresa llega en una cajita de carton y envuelta en un plástico. Sólo tuvieron que calentarla en el microondas. Caminamos hasta el liceo, ellas tienen que levantarse a las 8 al día siguiente. Para mí, es mi día libre.
El miércoles, después de desayunar y dar algunas vueltas por el liceo, voy a almorzar y se me ocurre la brillante idea de ir a Auchan a comprarme mi notebook para poder conectarme con este maravilloso mundo de la internet. Luego de pifiarle dos veces al colectivo, logro tomarme aquel que me lleva, y llego al supermercado, que esta a unos 2 o 3 km de la ciudad. Un vendedor amablemente se presta a ayudarme a elegir mi ansiada computadora, pero en el momento en que me decido, me dice que de esa ya no tienen mas, excepto la que esta en exposición "no importa, me la llevo igual", luego de lo cual, me dice que me de una vuelta por el super, que en 15 o 20 minutos esta embalada y lista. Doy dicha vuelta, y grande es mi sorpresa al volver y ver que todo sigue igual, y que incluso la gente sigue pasando y toqueteando la que en unos minutos deberia ser mi PC. El otrora amable vendedor me presenta a un colega, que es quien va a seguir atendiendome, pero luego de 10', empieza a asistir a otros clientes, por lo que, al cabo de aproximadamente media hora, la notebook sigue en su lugar. El primer vendedor, luego de unos 10 minutos mas se percata de esto, y me pregunta si fui atendido, a lo que respondo que no, y me presenta a un 3ero. Luego de pasar frente a mi nueva adquisicion, noto que hay un programa corriendo que me pide esperar 50 minutos mas! Ante mi cara de furia incontenida, el tercer vendedor me pregunta que pasa, y casi encolerizado le contesto que hace 50 minutos me dijeron que en 15 tendria mi PC, y ahora me entero por mi cuenta de que tengo que esperar 50 minutos mas. Mi furia es aplacada por una valija portanotebooks de regalo, y a los 20' me estoy largando del supermercado con cierta felicidad con mi chiche nuevo. Llego a mi cuarto y empiezo a buscar redes wifi para robar como un desquiciado, cosa que no logro. Al dia siguiente tengo que ir temprano a mis primeras clases de collège, asi que bajo a cenar y vuelvo al cuarto a dormir.
Jueves me levanto temprano para llegar a tiempo al collège, pero me levanto tan temprano que tengo todavia unas dos horas antes de empezar, asi que decidoir caminando, sin mapa alguno (DANGER!!!), pero llego perfectamente, y con 40 minutos de adelanto, en los que espero pacientemente en sala de profesores. A las 10.50 llega Morgane, y luego de hablar un poco nos vamos para el aula. Los chicos son bastante menores que los del liceo, y la disciplina que se les imparte es todavía mayor. Dos horas de embole total escuchando a los mocosos balbucear en español. Hora de almorzar. Los profesores aca tienen un salon comedor aparte, reflejo de la relacion de superioridad que se quiere mostrar aca entre docentes y alumnos. Una hora y media de almuerzo, y luego a la sala de profesores donde nos encontramos con Evelyn, que va a dar la clase que voy a observar. Esta vez es aún peor. No solo es un embole la clase, sino que la profesora tiene menos onda que pelo de chino, asi que cuando suena el timbre, huyo casi tan rapido como los pibes. Vuelvo caminando al liceo, me encuentro con algunas de las profesoras, charlamos un rato, y me voy volando al cuarto a ver si puedo captar alguna señal de internet. Nuevamente fallo, asi que tranquilamente voy a cenar y, luego de una conversacion de unos 20 minutos con Robert sobre las novedades de la casa Dumez y las mías, salimos con Nathalie y Anita a tomar algo. Deciden entrar a un restaurant completamente vacio, a pesar de que solo ibamos a por una copa de vino. El hombre se sorprende, pero igual nos sirve. Nos pasamos una hora hablando de lo desagradables que son los franceses, y pareciera que estuvieramos describiendo al dueño del lugar, que a las 10 nos echa diciendonos que tiene que cerrar. De todas formas, al dia siguiente hay que levantarse tempranito, asi que taza taza cada uno a su casa.

jueves, 16 de octubre de 2008

Belgiumkend

Viernes, 15 horas aproximadamente, tomo el colectivo que me dejara en La Panne, primer pueblo de Belgica donde hay una estacion de tren. Llego luego de unos 50 minutos, veo que sale un tren en ese mismo instante, y me dirijo a la entrada de la estacion. "Es Bélgica, todos entienden francés, me dije". Sí, todos entienden francés, pero en las regiones flamencas, todos se hacen los boludos cuando hablás en francés. Los funcionarios públicos tienen prohibido hablar francés, cosa que yo no sabía antes de intentar comprar mi ticket. Luego de luchar contra el maldito vendedor, para que me dijera el precio y me vendiera el ticket, salgo y encuentro con sorpresa un cartel que indica que sale un tren por hora, asi que una hora mas de espera en el anden, con una viejita simpatica que me cuenta toda esta historia de los valones y los flamencos. Las dos horas de viaje se pasan bastante rápido, llego a la estación, y luego de varias llamadas, mensajes, y desencuentros, vuelvo a ver a Maëlle (bastante distina a la que tenía 19 años). Llegamos a su casa, dejamos las cosas, le entrego los correspondientes presentes (una caja de Cabshas y un libro de Quiroga), y nos dirijimos a la casa de su amigo Michael (no estoy seguro de que se escriba asi, pero bueno), quien hiper amablemente nos prepara un plato tipico de Estrasburgo, su ciudad. Con la panza ya llena, y después de bastante charla (sobre todo entre ellos, a mi me costaba seguirlos), nos vamos para el centro, la plaza donde todos se reunen, donde estan los edificios mas importantes, y la mayor cantidad de restaurants y bares, repletos de gente y de cerveza. Delirium, con sus 2004 variedades es el elegido para tomar una copa, que no dura más de 40 minutos. Volvemos a tomar el subte (el mas caro que encontre hasta ahora), y nos separamos para ir cada cual a su lugar.
El sabado por la mañana, después de darse cuenta de que el despertador sonó unas 4 o 5 veces, Malou se despierta y desayunamos, nos duchamos, y vamos a Carrefour a hacer las compras. A la noche habrá una raclette, plato típico francés que involucra fiambres, papa y quesos fundidos. Volvemos a casa, dejamos las cosas, y salimos de nuevo para el centro, para comer un cono de papas, visitar la Galería Real con sus negocios opulentos y una iglesia, ir a la oficina de turismo en busca de información sobre cosas para hacer, ver al Meneken Pis y comer unos waffles. Por la tarde vamos a la exposicion del libro que nos indicaron en la oficina de turismo (previa vista del Atomium), pero oh! sorpresa, todo está en flamenco, excepto algunos pocos libros en francés y en inglés, asi que luego de una recorrida, nos vamos a visitar otro barrio de comercios sobre todo africanos. La niña quería comprar una tela para hacer una pollera, y nobleza obliga, me paseé durante una hora o más para que no comprara absolutamente nada. Vamos a visitar otro barrio más, muy coqueto y con un mirador que permite contemplar gran parte de la ciudad, a pesar de la neblina. Ya extremadamente cansados de caminar, volvemos para hacer la raclette, con la que nos llenamos los estómagos casi hasta reventar. El cansancio no impide que veamos Nueve Reinas (con subtitulos en francés, claro está), y ahora sí, a dormir.
El domingo empieza el día en el mercado, donde hay que ir a comprar frutas y verduras. Sin embargo, este es tan grande que se pueden encontrar cosas tan diversas como electrodomésticos, ropa, golosinas, pan, ropa de cama, etc. Castañas de cajú y unos huevos de chocolate -tipo kinder pero rellenos y mas ricos y adictivos- mediante, nos volvemos para casa. No falta mucho tiempo para volverme a casa, y Malou no se siente del todo bien, asi que descansamos un poco, y como el día era espléndido, vamos a dar una vuelta por el parque enoooorme que hay a sólo 500 metros de su casa (bueno, quizas un poco más), volvemos, y ya es tiempo de ir yendo a la estación, no sin antes dar una vuelta por por el centro ycomer último waffle del finde. El tren se retrasa, pero bueno, me despido de Maëlle, quizás hasta la próxima (todavía me debe la invitación a Cholet), y sigo esperando solo el tren. Debido al retraso, corro el riesgo de no poder tomarme el último colectivo del fin de semana que llega a Dunkerque, lo que habría implicado esperar en la puta estación flamenca hasta el lunes a las 7. Mis nervios se acrecientan a medida que el tren va llegando, pero finalmente llego dos minutos antes de la salida del micro, y llego a casita a tiempo, alrededor de las 10 de la noche.
El lunes empiezan algunas de mis clases, con Silvia, que es española, y con Marga, la casi facha, no sin antes almorzar en el comedor escolar con Nathalie y Anita, las otras asistentes, que me comentan por qué no pudieron ir a Bruselas, tal y como esperaban.

martes, 14 de octubre de 2008

Semalille

El lunes me levanto tempranito para tomar el tren. Destino: Lille. Empiezan las jornadas pedagógicas en esa ciudad, a cargo de dos profes de español que resultan muy, pero muy simpáticos. Tres días en que nos enseñan cosas de la región (20 minutos de Bienvenue Chez Les Ch'tis incluidos), nos tiran ideas para aplicar durante el trabajo, y terminamos con una visita guiada (por nosotros) por toda la ciudad, esa ciudad magnífica que es Lille, con su arquitectura soberbia y bien mantenida, la gente que le da una vida continua a la ciudad, etc. Además, sirvió para conocer a otros asistentes que hablan el mismo idioma que yo, cuando uno está lejos de casa esas pequeñas cosas se vuelven indispensables. Las noches las paso en casa de Julia, y disfruto también de su inventiva culinaria y la de Benjamin, ojalá me den la oportunidad de ser su conejillo de indias nuevamente.
El miercoles por la tarde es el regreso a mi insípida ciudad. Llego alrededor de las siete, y tengo que apurarme a llevar la ropa al lavadero, antes de que cierre, una hora después. Si bien lo logro, el lavado sobrepasa las 20hs, y la puerta se cierra tras de mi, y las luces se apagan. Momento de desesperación: es posible que me haya quedado encerrado toda la noche en el lavadero. Pruebo de abrir la puerta, y lo logro, pero ahora tengo un problema no menor: si pongo un pie afuera antes de que termine el lavado y secado, toda la ropa queda ahi adentro, y yo afuera. Sin nada para hacer, espero pacientemente a que termine el lavado. Vuelvo a la habitación, y obviamente perdí la cena en el comedor, asi que me voy a la cama sin casi nada (algunas cosas dulces todavía se encontraban comibles).
Jueves por la tarde es día de examen médico en Lille. Luego de hacer unas averiguaciones de colectivos y demases, tomo el tren junto a Na ( si dijiste la asistente China, acertaste). Es un poco dificil hablar con ella, digamos que no es simpático cuando le tenés que preguntar a una persona qué es lo que dijo (en francés, obviamente) todo el tiempo, porque su acento es ininteligible. Luego de un viaje callado, llegamos al hospital, donde aparecen Hernesto y Alejandra, asistentes Argentino y Mejicana respectivamente, en Lille. Eso hace mucho más amena la espera. Caen otros asistentes hispanoparlantes, el examen no demora más de 15', y decidimos ir todos a comer algo en un Kebab, maravilla culinaria barata árabe entre tantas. Na no va, no llegué a entender bien por qué, pero nosotros comemos algo, y ya se hace hora de volver, todavía quedaron cosas pendientes acá.
El viernes a la mañana, bien tempranito, empiezan las clases con Claudie. Ella tiene un grupo de alumnos bastante mejor que los demás, así que la clase se vuelve muy amena. Luego viene una clase con Virginie, y otra con Marga (sí, con ella tengo varias clases lamentablemente). Como rápido porque a las13.30 tengo que estar en el collège, y de todas formas llego tarde a le reunión con Morgane, la profesora. Si bien la primera vez que la vi me cayó bastante mal, debo admitir que me equivoqué con ella: resultó muy simpática, dispuesta a ayudarme con todo, y hasta me propuso actividades extralaborales para hacer en esta ciudad que parece tan vacía de contenido. Amablemente me deposita en el liceo media hora más tarde, y es entonces cuando empieza mi viaje a Bélgica, el reencuentro con Maëlle.

lunes, 13 de octubre de 2008

Primer finde en Dunkerquois

Sabado al mediodia llega Julia para hacer juntos una visita por la ciudad. Caminamos un poco por el centro, por el puerto buscando la citadelle, nos sentamos a almorzar en un restaurant bastante de pueblo (pero con un LCD gigante), y luego subimos al Beffroi (algo asi como una torre alta desde donde se ve la ciudad), en el preciso instante en el que se larga a llover. De todas formas, nos damos cuenta de que la ciudad es bastante fea, y no hay mucho para hacer, aunque nos llevamos varios folletos de la oficina de turismo por si aparece algo interesante. Un paseo por la playa de Malo les Bains, y para finalizar, una merienda en una casa de te paqueta del centro. Las calles se empiezan a llenar de gente, extrañamente a las 4 o 5 de la tarde, cuando ya queda poco tiempo de luz natural.
Cae la noche en la ciudad, y eso hora de partir para Julia. En la estacion nos encontramos con Anita y Nathalie, asistentes alemana e inglesa respectivamente, que tambien van para Lille, a salir intentando encontrar alli la vida nocturna que tanto nos falta. Ya es mucho dinero gastado por el momento, y la semana que viene voy a visitar a Maëlle a Bruselas, asi que declino la invitacion de ir.
Domingo lluvioso y triste, cero ganas de salir de la habitacion. Ni siquiera almuerzo, excepto por un par de cosas dulces que tenia a mano. Finalmente logro comunicarme con papa, a mama no la llego a atender porque se corta. Por la tarde salida al super, hay que comprar algunas cosillas para hacerme la vida mas sencilla. Vuelvo y noto que hay luz en el depto de las chicas, asi que golpeo para ver si alguien me atiende. Anita esta corrigiendo deberes, cree que esta sola en la casa, y empieza a contarme de la noche en Lille, que no fue todo lo feliz que les hubiera gustado. De repente sale Nathalie de su cuarto, habia estado ahi durmiendo todo el dia. Poco mas tarde viene Na, asistente china, para contarnos (con un poco de trabajo de interprete de nuestra parte) sus desventuras con un pibe chino de la Universidad que existe por aqui. Cae finalmente la noche, y taza taza, cada uno a su cama.

Friday afternoon fever

Me habia quedado en el viernes 3. Dia complicado. Por la mañana empezaron algunas clases. Dos horas de cursos con Marga, la profe medio nazi que dice que los hijos de los inmigrantes del Magreb (Tunez, Algeria, Marruecos, etc.) son tontos. Al menos las cosas pasan de manera bastante rapida, y algunos hasta hablan! Si, no todos son mudos en este colegio. Lo peor viene a la tarde: entrevista en el banco para abrir mi cuenta. Primer pedido, carte de sejour y boleta de servicios publicos, pero oh, casualidad! la carte de sejour me la entregan en 3 meses, si y solo si muestro que tengo una cuenta bancaria abierta. El tema se soluciona por simple logica, pero ahora falta resolver el problema de la factura, porque en el liceo nunca me darian tal cosa. Llega el segundo pedido desquiciado: factura de servicio publico de BUENOS AIRES, de la casa de mis padres, y nota de ellos notificando que yo vivo en su casa.... se despierta mi instincto asesino, solo contenido por el hecho de que es el primer tramite, y el principal para poder cobrar mi ansiado sueldo. Luego de intentar hacerle entender a la poco simpatica (= francesa) mujer del banco que lo que me pide es una locura, Virginie, profesora que me tiene a su cargo, gentilmente ofrece poner su domicilio como el de mi residencia. Problema felizmente solucionado.
Parezcalo o no, fue un dia bastante intenso, asi que el viernes a la noche, sopita y a la cama.

sábado, 4 de octubre de 2008

Dunker....que?

Emmm, es sabado y tengo 5 dias para contar. A ver, empezando por el lunes, en que salgo de Troyes a las 8.10 hacia Paris, escala de 1 hora y pico en Gare du Nord (yo habia llegado a Gare de l'Est, que queda a unos 500 metros) con sandwich de jamon y queso y agua de por medio. A las 11 sale el TGV hacia Lille, y no tarda mas de una hora, realmente es una maravilla de tren, lastima el precio que tiene. Bajo del tren y me encuentro con que se le rompio el carrito a mi valija. "No importa, en una horita estoy en Dunkerque y todo arreglado". El primer tren a Dunkerque se cancela, el segundo sale 15 minutos tarde, y para colmo me pierdo desde que salgo de la estacion hasta que llego al colegio como 3 veces. En total, el viaje que tenia que durar una hora me demoro dos y media, y a pesar de que se la pasaron graficandome la region como la Siberia de Francia, hacian 20° de calor y habia un sol radiante, y yo con campera y buzo. Llego y me reciben de maravillas, aunque un poquito soprendidos de mis petates y mi atuendo. El problema es cuando me presentan mi hogar, que debia ser un departamento compartido con las otras 3 asistentes del liceo, pero resulto ser una habitacion con solamente una ducha en el internado (efectivamente, las otras asistentes tienen un departamento, pero de 2 habitaciones para 3 personas, lo cual no es nada ideal), y bueno, empieza el papelerio: que comer en el comedor cuesta tanto, que hay que firmar esto, que lo otro y demas. A todo esto ya son las 5 de la tarde y a duras penas logro ir al supermercado a comprar un par de viveres, volver y dormir.
El martes todo resulta un poquito mas normal, voy al college al que estoy asignado, conozco a la profesora de ahi (que se vuelve un tanto pretenciosa con los horarios), vuelvo al liceo, algunos problemillas con la administracion, que el miercoles hay que estar en Lille a las 9 blablabla. Asisto a un par de clases, en las que los pibes parecen ser todos mudos, no hablan, no entienden nada (y eso que el ponemos onda), va a ser un año un tanto dificil. A la tarde logro comprar mi celular, ahora solo me falta una cuenta bancaria para ser una persona hecha y derecha en Francia (en realidad no, pero eso es lo escencial). En el banco hay que pedir un turno para abrir una cuenta, cosa poco normal para nosotros, pero bueno, turno para el lunes.
Miercoles a las 5.30 suena el despertador, desayuno rapido y caminata con perdida incluida a la estacion de tren. Salgo a las 7, llego a las 8.20. Diez minutos despues estoy en la estacion de subte saliendo para el colegio, pero no puedo evitar perderme y llamo a Julia, me indica bien el sentido y llego a tiempo a un salon lleno de gente de tooooodo el mundo. Explicaciones administrativas varias, listas de mails, un almuerzo gratis en el comedor universitario, y nueva reunion, ahora con los asistentes de español solamente. Preguntas van, vienen (el profesor es bastante simpatico por suerte), pero luego la noticia fatal: tres dias de jornadas pedagogicas en Lille, lunes, martes y miercoles (peligra mi apertura de cuenta bancaria), luego taza taza, cada uno a su casa, yo a la de Julia y sus colocataires, con quien me reencuentro despues de 1 año y pico, tour por la ciudad con charla incluida, y finalmente decidimos sentarnos en un restaurant, donde por un par de cervezas tenemos que esperar unos 20', pero para unos platos calientes relativamente elaborados, solo 10'. Volvemos para su casa y estoy muerto del sueño y el cansancio (si, viajar cansa), asi que me voy a duchar y a dormir sin chistar, y no escucho un solo ruido hasta el dia siguiente, a las 7.45.
El jueves nos despertamos todos (o casi), y me voy para la estacion de Lille Flandres. Llego a Dunkerque alrededor de las 10.30, caminata hasta el liceo, y reencuentro con las profesoras. Virginie se ofrece a acompañarme al banco para arreglar el problema de mi cuenta. Vamos al banco, y todo se resuelve: el viernes a la tarde, en otra sucursal, tengo mi entrevista. Vuelvo a casa, y luego de cenar en el comedor con mi vecino (profesor de la universidad que vive en el internado del liceo durante la semana), voy al depto de las chicas y me proponen de salir a Malo-les-bains a tomar algo. Todo bien, vamos a la parada del colectivo, pero como nos perdemos en el medio, llegamos tarde y ya no pasan mas bondis (son las 10 de la noche). Decidimos ir a pie. Todo parece un pueblo fantasma, no hay gente, apenas unos autos circulan, y los bares estan casi todos cerrados, desolacion total. Por fin llegamos, alrededor de las 11, 11.30, y nos sentamos a tomar algo. Conversaciones varias, y el bar esta por cerrar (son mas o menos las 12.30!!!!). La asistente de ingles se queda ahi con una amiga, taxi de vuelta al liceo con la asistente de aleman, simpatica, pero parece que 0 onda, asi que llegamos y a nonear.
El viernes fue laaaaaargo, asi que mejor lo dejo para despues