domingo, 15 de febrero de 2009

Gent +10 (esos podrían haber sido los grados que hizo)

No tengo nada que comentar sobre el partido....todo está dicho, excepto por el hecho de que la hinchada francesa es lo mas amarrrrga que vi en mi vida. Obviamente de todos los que estábamos viendo el partido, yo era el único que hinchaba por el local (porque Argentina oficiaba de local, créase o no), pero eso no motivó en lo más mínimo a los chicos para alentar, gritarme o cagarme a puteadas.....
El jueves fue una jornada larga en el collège. Tuve que recuperar una hora que me había quedado colgada desde antes de navidad (maldita Morgane, siempre haciéndome recuperar las horas), por lo que empecé a las 9 y, pausas mediante, terminé a las 15.30, y ya el día fue todo para mi. Al regresar, tuve que esperar más de la cuenta para ver Lost, así que decidí ver esa película de la que tooodos hablan en esta región: "Bienvenue chez les Ch'tis". Básicamente es una parodia de la gente que vive en esta región del norte de Francia, sólo que a mí me hubiera gustado que estuviese basado en una historia real, o algo así. Los Ch'tis son presentados como gente muchisimo mas copada de lo que encontré en Dunkerque. Tuvo que pasar la hora de la comida para que finalmente pueda disfrutar del último capítulo de Lost, pero definitivamente la espera valió la pena. Lejos de terminar ahí, mi noche internética continuó mucho tiempo más, al punto que fui a dormirme pasadas las 12...
El viernes por la mañana mis ganas de levantarme eran mínimas. No encontraba forma alguna de salir de la cama, y sin embargo tenía que estar listo para la clase de las 9, la única del día. De algún lado habré sacado fuerzas para levantarme, ducharme, desayunar y salir, todo para encontrarme con que ¡habían anulado el curso! Sentí dentro mío una mezcla de júbilo por saber que podía volver a descansar e ira por no haber sido avisado con antelación, lo que me hubiera ahorrado todo el esfuerzo previo a la llegada a clases, pero bueno, sólo me quedaba aprovechar de mi día libre y fue eso lo que hice: descansar y leer hasta el caer de la noche.
Finalmente llegó el fin de semana. Luego de pasar por Lidl a hacer un par de compras, me alisté para salir junto con Anita a la parada del colectivo que nos llevaría (junto a Katharina, la otra alemana de la troupe) a la estación de trenes de La Panne, en Bélgica. Destino: Gent, una de las ciudades más importantes de Bélgica, y también de las más lindas, a pesar de su clima un tanto hostil (igual al de Dunkerque, bah). De todas formas, extrañamente tuvimos unos de los días más soleados desde mi llegada a Francia, por lo que sólo el frío fue nuestro enemigo este día. Igualmente, estuvimos recorriendo la ciudad durante unas 4 horas aproximadamente antes de refugiarnos en un café.

Tuvimos que salir un poco a las apuradas para llegar al tren, pero lo logramos unos 3 minutos antes de que éste llegara con la ayuda de la gente que amablemente nos indicaba la dirección a seguir, y las vías del tram, que fue lo que finalmente nos condujo hasta la estación. Desafortunadamente, el tren no era lo único que podíamos perder en nuestro viaje de vuelta, y sí, el colectivo que nos traería de regreso a Dunkerque salió dos minutos antes de que llegáramos, y tuvimos que esperar una hora hasta la partida del próximo. Terminamos llegando alrededor de las 9 de la noche, muertos de frío y sueño, por lo que ese fue el final del día.
Hoy, domingo, fue día de lectura, día de partido de rugby (el no poder ver los que estaban programados para ayer me dejó con un poco de bronca, por lo que decidí no perderme lo que finalmente fue la paliza de Irlanda a Italia), y día de armado de valijas, para mi próximo viaje alrdedor de Francia :-D.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Palpitando el encuentro...

El lunes fue un día un poquito largo. Empecé a las nueve, pero en el collège, para reponer las dos horas de clase que Morgane me había cancelado porque ELLA decidió sumarse a la huelga (obviamente estaba en desacuerdo con que tuviera que reponerlas, pero no voy a pelearme por dos putas horas). Afortunadamente no fueron horas muy largas, sólo los ya tradicionales orales, super tranqui.
Al terminar, me fui al lycée a almorzar para seguir mi jornada, y al pasar por la sala de profesores y abrir mi casillero, me encontré con una nota diciendo que una de mis clases se había cancelado. Gran noticia, porque ahora sólo me quedaba una clase de 14 a 15 y estaría libre hasta el martes a la tarde. Afortunadamente, la clase fue bastante sencilla, aunque todavía tengo que luchar contra el malhumor de algunos. Al menos ya era libre.
Fui a ver si podía conseguir algo más de la ropa que necesitaba aprovechando el final de las soldes, pero terminé volviendo con una bolsa de supermercado con algo de comida que me faltaba (estoy peor que una mina, lo sé), y ya sin nada para hacer, me dediqué a grabar parte de las decenas de películas que bajé desde mi llegada a estas tierras inhóspitas. Durante la cena ya se empezó a sentir el advenimiento del partido más esperado por todos, con cargadas de la hinchada local. Obviamente, no tienen idea de contra quién van a jugar.
El martes a la mañana llegó un momento muy esperado por mi: luego de unos 5 o 6 meses, volvería a cortarme eso que ya no podía llamarse pelo. Es interesante cuán iguales son los peluqueros en todo el mundo: tanto acá como en Argentina se permiten esos aires de grandeza como exigirte tener un turno para cortarte el pelo, y tanto aquí como allá aman hablar de lo que sea, empezando por el tiempo (que por cierto era horrible, tuvimos vientos fuertes y tormenta) pero terminando, si uno quisiera, en la crisis económica. Por suerte para mí, el trámite no duró más de veinte minutos, y luego pude volver a casa a esperar que terminara de bajarse el último capítulo de Heroes, que posteriormente vi. Luego de eso, tocó el turno del almuerzo, el lavado de ropa, y ya se habían hecho casi las 15, hora de mi primer clase del día. Lamentablemente, nadie me había avisado de la suspensión de esa hora de clase, por lo que tuve que esperar una hora más, cruzado de brazos, hasta empezar a trabajar. Nuevamente, la clase fue pasó sin sobresaltos, y hasta diría que con algo de dinamismo.
Camino a mi habitación/casa, me encontré con Nathalie y su hermana, que había venido a visitarla desde Ginebra. Aproveché su presencia para sacar mi ropa ya lavada, y quedar para ir juntos al bar, como todos los martes a la noche. Esta vez, sin embargo, la velada se prolongó más de lo previsto inicialmente, y lo que pensé que sería una cena con cerveza de una duración de una hora, hora y media como mucho, resultó finalmente una salida a uno de los bares de la playa, el único que estaba abierto a las doce menos cuarto de la noche (sisi, así es Dunkerque), y que de todas formas no permanecería más de una hora abierto. En fin, terminé llegando a casa a la 1 de la mañana, pero como hoy no tenía clases.....
Esta mañana fue todo lo poco productiva que podía ser. Basicamente no hice absolutamente nada hasta el momento del almuerzo, y después mucho menos. Recién a las 16 salí para encontrarme con Yolanda, como ya es costumbre, e ir a tomar un café y charlar durante casi dos horas, hasta pasadas las 18. Ahora, después de la cena, espero paciente el pitazo inicial, ese que (espero) terminará en la oportunidad más grande de mi vida de reírme en la cara de un pueblo entero.

lunes, 9 de febrero de 2009

Fin de semana en Ch'tiland

El sábado, a pesar de lo que uno podría pensar debido al lugar en que me encontraba, fu un día bastante ocupado y entretenido. Empezó alrededor del mediodía cuando decidí salir a andar en bici hasta Decathlon, en Grand Synthe, un pueblo de la periferia a unos 7km. de Dunkerque. Estuve ahí un par de horas haciendo shopping, sólo para llevarme dos cosas. Al regresar, hice mi compra semanal de super en Lidl, volví y al poco tiempo ya era hora de encontrarme con Alex y los demás para ver Francia-Irlanda, partido que finalmente disfrutamos en la casa de los irlandeses. Luego de varios años, Irlanda le ganaba un partido a Francia, y encima fue un buen partido, no me puedo quejar. De vuelta en casa, iba a hacer tiempo antes de ir a la previa del carnaval, pero al enterarme del relanzamiento de Heroes, no pude resisitrme a la tentación y me quedé mirando el primer capítulo de la cuarta temporada. Luego de eso, un rato de internet, libro y a la cama.
El domingo fue un día.....vacío, digámosle. Pivoteé entre la computadora y mi libro durante prácticamente todo el día, y sólo salí durante unos 3 minutos a sacar la basura, que ya había adquirido dimensiones considerables. De todas formas, no sentí que la haya pasado demasiado mal. Terminé la noche escuchando a Boca, con lo que no habría podido terminar mejor.

sábado, 7 de febrero de 2009

Final de semana en Ch'tiland

Llegamos al jueves. Por una de mis ya habituales colgadas, estuve a punto de llegar tarde al collège, pero no es enteramente mi culpa, puesto que el servicio de colectivos de Dunkerque es pésimo! Un colectivo cada 15 minutos, a las 8 de la mañana!!! Odio que todo el mundo tenga auto y que el transporte público esté diseñado en base a eso. Pero bueno, finalmente, y paradójicamente, llegué caminando a horario. La primera de las tres clases fue la más "complicada" de todas, simplemente porque ne las otras dos no tuve que hacer prácticamente nada, y en esta sí. Actividad sobre las estaciones del año, sólo con fotos y mi creatividad para hacer preguntas (seh, pobres pibes, depender de mi creatividad....). Las clases siguientes (con almuerzo en el medio) fueron los ya típicos orales que tan bien me caen porque básicamente tengo que hacer NADA, y además pongo a prueba mi capacidad de poner cara de póker cuando los nenes dicen alguna burrada como "Mexico queda en España" CHAN!
Después de eso volví a mi casa y llevé mi bici al "taller de bicis" para que arreglaran un par de cosas, para lo que tendría que dejarla hasta el día siguiente. Volví a casa a pata, dejé a lavar la ropa y me metí en casa a practicar mi ya habitual hobbie de NO HACER NADA, combinado con la cita habitual de los jueves con LOST y lo que queda de mis gestiones diplomáticas con la comunidad hasta prácticamente la hora de la cena, y luego hasta la de dormir.
El viernes fue, a pesar de todo, el mejor día en el liceo. Digo a pesar de todo porque , en primer lugar, la noche fue terrible y casi no pude pegar un ojo, y porque en mi primer clase, de las 9 de la matina, me di cuenta de que había perdido absolutamente todo lo que necesitaba para la actividad, por lo que tuve que improvisar. Pero la segunda clase, a las 10, con unos estudiantes a los que no había visto nunca, fue espectacular. Eran alumnos de Claudie, y ella les había hecho estudiar la dictadura chilena de Pinochet, y me encargó a mí, hasta el final del contrato, hacer el paralelismo con el Proceso. Nunca hasta ahora me sentí tan útil desde que llegué, si bien supongo que no va a ser un trabajo sencillo.
Luego de eso intenté tirarme un rato en la cama, sin resultado alguno, pero logrando que el tiempo pasara hasta el almuerzo. Posteriormente decidí estúpidamente ir a la Securité Sociale (ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que fui), sólo para llevarme el disgusto de saber que todavía no tengo mi número (Estado de bienestar y la que te parió). A la vuelta a casa, fui a retirar mi bici. No tenía una idea muy clara de lo que costarían los arreglos, pero supuse que cambiar los frenos, ponerle grasa a la cadena y un par de boludeces más no pasarían de los aproximadamente 8€ que tenía en mi billetera. Grave error. Esta es una representación de lo que imaginé cuando me dijeron que tenía que pagar 26,80€:

En fin, tuve que pagar con tarjeta pero volví a casa feliz con mi bici. Lo único que restaba ahora era hacer tiempo hasta la hora de ir al cumpleaños de Alex, el hasta ahora único Dunkerquois copado (porque básicamente sabe lo que es Dunkerque y sólo viene los fines de semana). Finalmente, como hasta las 18.30 no tuve respuesta de Nathalie y Anita sobre el regalo, tuve que salir a comprar uno por mi cuenta, lo que por suerte fue una tarea bastante sencilla.
A las 19.50 salí para encontrarme, un poco por casualidad, con Nathalie, Anita y Danielle en la esquina, que básicamente no sabían para dónde ir, con lo que tuve que conducirlas hasta el bar-restaurant. Llegamos a las 20 en punto (sí, era muy cerca), y durante unos 15 minutos fuimos los únicos presentes, pues el agasajado llegó tarde (qué vergüenza...). La noche estuvo muy buena, la comida también, y tuve oportunidad de ver a un par de asistentes a quienes no veía desde hacía un tiempo, con lo que todo PODRIA haber sido genial, de no ser porque en cierto momento tuvimos que pagar la cuenta. Pensé que cada uno pagaría lo suyo, por lo que fui bastante medido con la ingesta de alcohol (además, mi pancita cervecera no hace más que aumentar), pero no conté con el hecho de que la cuenta se repartiría en forma equitativa entre todos los comensales: 26€ por persona, y yo encima tenía que pagar la parte de Anita, que se había ido antes y me había dejado 12€. Esta es una representación de lo que pensé cuando me enteré de la noticia:

Salimos del lugar y mi ya excesivo cansancio me obligó a abandonar a los demás, que iban camino al Bommel a terminar de empedarse. Al llegar a casa ya no tenía fuerzas para nada, con lo que cambiarme para dormir fue ya bastante esfuerzo. Empezaba un nuevo fin de semana, esta vez sin planes de viajes, con lo que será mi creatividad y sólo mi creatividad lo que me permitirá pilotearla (ergo, estoy en el horno).

miércoles, 4 de febrero de 2009

Miércoles. Miércoles de tranquilidad, sin clases, sin muchas cosas que hacer, como viene siendo la costumbre. Fui a la biblioteca a renovar el préstamo del libro que saqué hace ya tres semanas, y que aún no consigo que me atrape para terminar de leer. Seguí en el supermercado, para comprar los víveres de un posible fin de semana acá (lo cual podría ser grave), y más tarde una pasada por la panadería para comprar lo que luego me enteraría es el único tipo de postre que no le gusta a Yolanda (me sentí de esos que harían un gol espectacular, sólo que contra su propio arco).
Pasé un rato por casa para dejar las cosas que estaban de más, y alrededor de las 13.15 partí rumbo a su casa para almorzar. De paso, decidí probar mi nuevo GPS andando en la bici, el cual funcionó de maravillas, aunque calculo que cuando uno está andando durante horas y horas, la voz de la gallega robótica puede cansar un poco. Llegué con unos 15 minutos de retraso, pero tratándose de una española y un argentino, es casi como decir que llegué a horario. La ingesta de un extraño pero rico pollo con salsa blanca y manzanas era lo único que nos impedía hablar el 100% del tiempo que estuve ahí. Es un placer juntarme a charlar con Yolanda, nos entendemos tan bien que muchas veces es un excelente desahogo de la realidad. Estuve ahí unas 4 horas prácticamente, hasta que llegó la hora de volver a casa, donde seguí con mis esfuerzos diplomáticos por internet, con una pausa para la cena. Mas entrada la noche, fui a ver la semifinal de la Coupe de la Ligue: Bordeaux-Paris, con Placente pero sin Cavenaghi. Buen partido, al menos bastante mejor que el Lens-Paris de hace unas semanas, y acompañado de dos chicos de Prépa bastante simpáticos y conversadores. ¿El resultado? 3-0 para Les Girondins, dos de los cuales se hicieron a menos de 5 minutos de terminar el partido.
Now's time to go to bed.

martes, 3 de febrero de 2009

Hoy puede ser un gran día....



Y así me lo planteé. Después del disgusto de ayer me dije "¿qué podría ser peor?". Caeteris paribus mi contexto (o sea, mi trabajo y el hecho de estar viviendo en Dunkerque), no encontraba una manera en que pudiera sentirme más miserable. Una persona en su sano juicio tal vez se habría suicidado, pero yo por suerte estoy un tanto loco, por lo que decidí tratar de enderezar las cosas. Obviamente, no todo salió bien, pero estuve cerca. Empecé por lo inmediatamente más importante: reconciliarme con la comunidad gala. Mails mediante, pedí mis debidas disculpas y tiré la pelota al otro lado de la cancha, sólo me quedaba esperar.
Salí a intentar cortarme el pelo, pues había encontrado una peluquería "no tan cara" y decidí que era el momento de volver al punto de partida, o sea el estado en el que llegué. Lamentablemente, los aires de grandeza de los peluqueros llegan (y probablemente con más fuerza aún) a estas tierras, por lo que fui recibido con un "no tenemos turno para esta semana". ¿Pero qué son viejo, médicos? No, just think positive. Arreglé un turno y salí a buscar los regalos para la familia, para ser enviados por Pap&Mam Express al regreso de su viaje por estas tierras. Hecho esto, sólo me restaba "resolver" un asunto: el lycée. Al llegar y ver que las profesoras estaban yéndose cada una por su lado, decidí hablar primero con Marga. Debo admitir que es bastante "facha" algunas veces, y que cuando la escucho me dan ganas de mandarla de una patada en el orto a Marruecos, a ver cómo la tratan ahí, pero es la que siempre se ha mostrado más dispuesta a ayudarme, y la que lleva más años como profesora de español en el lycée. Dicen que el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo, y no se equivocan. Su discurso, si bien un tanto desesperanzador, logró hacerme bajar a tierra y empezar a aceptar la realidad tal cual es. Después del almuerzo (¡que por suerte esta vez incluyó queso! Lo que aumenta mi felicidad cuando hay queso en la comida no tiene nombre) Silvia siguió con el lavado de cerebro. Entre lo que quedaba de mi rato libre y la clase que tenía, parte del fruto de mi tarea matutina se hizo visible: Pasca decidió responder. Para mejor, la clase que tuve el día de hoy (que sólo era de una hora) resultó en parte objetivamente buena y en parte subjetivamente mejor a las demás, luego de decidir ponerme los anteojos de "la realidad" y sacarme los del "imaginario de Francia".
Terminada mi jornada laboral, fui a la Secretariat a pedir mi permiso de ausencia, para adelantar mis vacaciones, el cual me dijeron tenía grandes chances de ser aceptado (y ya me voy sintiendo como Maradona y Messi juntos haciendo maravillas en la cancha). Salgo a hacer un recorrido infructuoso por los negocios para encontrar algunos regalos que todavía me faltan, vuelvo a casa y me encuentro con un mensaje de Pascaline. Dos horas y media de conversación y la cancelación de mi participación en la ya habitual reunión de asistentes de los martes a la noche en el Bommel fue lo que tuve que invertir para tener la esperanza de recobrar su incipiente amistad, pero es altamente probable que haya valido la pena. Pocos minutos después, respuesta auguriosa de Julia, mañana será un nuevo día de gestiones diplomáticas en Potalandia. Queda todavía pendiente Maëlle, y si bien no me podría permitir llamar "éxito" a esta tarea con dos tercios de trabajo cumplido, sí presagia esto un mucho mejor resto de estadía.

PD: La imagen no tiene nada que ver con Dunkerque, la saqué de internet. Lo digo para no crear la ilusión de que hay amaneceres como este acá. Al menos, lo desconozco.

lunes, 2 de febrero de 2009

Estado de la "Nacion" al 2/2/2009

Debí haberlo imaginado antes. Dos mil nueve es año impar. Los últimos 4 años impares no sólo fueron malos, sino que cada vez han sido peores. Y enero me ha demostrado que este no será la excepción. Soledad, decepción, angustia, tristeza, no creo necesitar más sustantivos para describir lo que siento acá, en el extremo norte de ese país que me es cada día más hostil. Por primera vez siento que las ganas de irme son mayores a las ganas de no tener ganas de irme (perdón por el mareo con las palabras). De hecho, de no ser por ciertas cuestiones que impiden mi partida, creo que hoy habría hecho mis valijas y hubiera sacado un pasaje en el próximo vuelo a Buenos Aires.
El fin de semana sólo parece haber sido una islita de felicidad en el océano de desesperanza en el que navego desde hace ya un tiempo. No lo soporto más, me estoy volviendo loco. Ahora entiendo cómo se sentía Tom Hanks en "Cast away" (pero no entiendo de dónde saco fuerzas para hacer chistes como este). Algo tiene que cambiar YA, pero dudo que sea posible en este pueblo miserable.
Ni siquiera el hecho de saber que esto tiene fecha de vencimiento me consuela ya, no sólo porque abril todavía me parece inconmensurablemente lejano, sino porque nunca pensé que iba a desear con tantas ganas irme. No fueron pocas las veces que soñé que ya estaba de vuelta en casa, aunque sin saber cómo ni por qué. Empero, siempre pensé que era un estado de ánimo pasajero, no un deseo que se iba a instalar en mí con tanta fuerza que ya ni ganas tengo de enfrentarlo.
Ya ni puedo ver claramente lo que estoy ganando con este viaje. Las escapadas que hago y los lugares increíbles que conozco empiezan a ser insuficientes para paliar lo mal que la estoy pasando en Dunkerque.

Rouen

El sábado nos despertamos todos bastante tarde, pasado el mediodía. Desayunamos no mucho antes de almorzar (con una limpieza de la casa en el medio, debido al estado de suciedad en que había quedado luego del cumpleaños), tanto que podríamos habernos salteado alguna de las dos comidas. La colocation de Emma es bastante diferente a todas las que yo había conocido antes, y por cierto mucho más práctica: en lugar de tener cada uno sus cosas (alimentos y elementos de cocina), hacen el típico fondo común para comprar todo juntos, y no tener que preocuparse por dividir el espacio y decidir qué es de quién.
No bien terminamos el almuerzo, Brice (el novio de Emma) y Charlie se fueron a las afueras de la ciudad a probar el Patator, mientras Emma y yo fuimos a dar una vuelta por el centro de la ciudad. Rouen no es muy grande, pero hay tanta gente que da la sensación de serlo. Además, es una ciudad donde se combinan edificios de todo tipo. Desde las casas antiguas de madera, torcidas que parece que se van a caer al estilo Troyes, hasta edificios super modernos de vidrio como la facultad de derecho o el rectorado, pasando por casas de ladrillos bien sobrias y otras con decoraciones extravagantes. Está muy bien cuidada, tanto que uno diría que no es una ciudad estudiantil, pero definitivamente lo es (al estilo francés, claro). Recorrimos los negocios del centro caminando por la rue du Gros Horloge, vimos el Palais de Justice con los vestigios de los enfrentamientos durante la Segunda Guerra Mundial, la placita del Ecole de Beaux Arts, con sus grabados tétricos, la Mairie, la Catédral, varias iglesias, incluyendo una super super moderna, el muelle y parte del puerto, la Préfecture que es enorme, la facultad de derecho, el rectorado, etc.

Habremos caminado unas 3 horas o un poco más, cuando ya el sol bajó casi por completo y el frío fue intolerable. Volvimos a la casa apenas un rato antes que Charlie y Brice, hueveamos un par de horas (bueno, algunos se entretuvieron mirando El Zorro, que al parecer está haciendo furor entre grandes y chicos acá ¿Alguien se imagina El Zorro en francés? Yo no, por eso decidí no acompañarlos), y sólo cuando ya se había hecho bastante tarde, fuimos a la casa de Remi, otro de los amigos de Emma, para cenar. La gente era la misma que la noche anterior (tal vez en menor número), y es que acababan todos de terminar sus exámenes y predominaba el ambiente vacacional, incluso si ya había empezado el segundo semestre para algunos.
La espera de la cocción de la cena la piloteamos con un extraño juego en internet de adivinar la canción y el artista que están pasando, sólo que mi cultura de varieté française no es nada vasta para ser sincero. Cenamos alrededor de la 1 de la mañana, y no mucho después todos se estaban yendo, acto al que nos adherimos.
El domingo fue aún más tranquilo que el sábado. No desayunamos, sino que directamente empezamos a hacer el almuerzo. Primero el postre: un arroz con leche con receta de internet que incluía cocción en microondas, que más allá de su gusto terminó haciendo un enchastre en toda la cocina. Luego la comida: fideos con steak haché, igual que el día anterior. Mientras tanto, yo veía la final del Australian Open por internet, obviamente con la expectativa de que fuera el gran Roger el que se lo llevara. Lamentablemente dios TAMBIEN parece haberme borrado de su lista de MSN, Facebook, y bloqueado mi dirección de mail, porque no me dio bola.
Luego del almuerzo y una exhaustiva limpieza, guardé todas mis cosas en mi mochila y salí, junto con Brice y Emma rumbo al Muso de Antigüedades, aprovechando que era el primer domingo del mes, y por tanto la gratuidad de los museos nacionales para los estudiantes. Como en cualquier ciudad de Francia, el domingo Rouen estaba casi desierta, y el 90% de los negocios estaban cerrados. De todas formas, esta vez se comprendía un poco más por el frío que hacía, de hecho trayecto hasta el museo parecía enorme con esta temperatura que si no estaba bajo el cero, le pegaba en el palo.
Con algunos objetos encontrados en Rouen y sus cercanías que datan de la edad media y el renacimiento, y algunos otros traídos de Egipto, Roma y Grecia, el museo no es muy grande, pero sí bastante atractivo, por lo que nuestra visita de aproximadamente una hora no fue nada decepcionante. Duró casi el tiempo justo como para ir a la estación y despedirme de mis anfitriones, pero como no daba para caminar bajo el frío, decidimos pasar unos minutos por la casa de Remi, donde Charlie estaba copiando a su disco duro algunos capítulos más del Zorro. Nos quedamos hasta las 18.05, 9 minutos antes de que saliera mi tren. Cuando llegamos a la estación, me di cuenta del error que había sido llegar tan justo de tiempo: el tren estaba hasta las manos de gente, todas con valijas enormes. Por suerte, luego de despedirme de todos, y pasando por un par de vagones, pude encontrar un lugar donde sentarme.
El viaje de vuelta no tuvo nada de interesante (por suerte), excepto su duración, un tanto larga si tenemos en cuenta que en auto uno podría hacer Dunkerque-Rouen en unas dos horas y media, mientras yo tardé tres y media entre los dos trenes. Dunkerque me recibió con una leve nevada, que por suerte paró a las pocas cuadras de haber salido de la estación. Llegué a casa, puse todo en su lugar, internetié como es debido, y a eso de la 1.30 el sueño terminó por vencerme.

domingo, 1 de febrero de 2009

It's a long way to Rouen

El jueves no fue un día demasiado cargado, así que decidí unirlo al relato del fin de semana.

Me desperté un tanto extrañado, y recién cuando empecé a tener noción de la vida y lo que me rodeaba me dí cuenta de por qué: France Info, en lugar de pasar las noticias de todas las mañanas, estaba pasando música. Música. LA radio francesa de noticias estaba pasando canción tras canción y nada de información. Instantáneamente recordé que estaba en medio de la primer huelga general contra el gobierno de Sarkozy. De todas formas, mis oídos no podían creer que hasta en la radio hicieran paro.

En el collège sólo tendría que hacer una hora de clases, y recién a las 14.30, pero al mismo tiempo tenía que hacer valer cada céntimo que había pagado para almorzar en el comedor, y eso incluía el almuerzo de ese día. Por lo tanto, después de un poco de tiempo, desayuno, y ducha, salí en mi bici hacia el colegio. Es increíble el ahorro de tiempo que una bicicleta (incluso vieja y un poco pesada) puede lograr. En lugar de tardar mis típicos 25-30 minutos, sólo me tomó 15 llegar a destino. Dejé mis cosas y fui al comedor, donde todo parecía bastante normal, a excepción del número de alumnos y de profesores, un tanto menor que habitualmente.

Después del almuerzo, llegó el momento de esperar pacientemente el comienzo de mi clase. En el medio llegó Evelyne, la profesora, para darme algunas directivas, como es su (ya bastante rompebolas) costumbre. Cuando llegó el momento, vinieron al aula que habían reservado para mí dos chicos y dos chicas, cuyo nivel de español se distribuía, prácticamente, de forma normal: un pibe que no cazaba una (no le entraba en la cabeza ni siquiera el hecho de que no estaba conjugando los verbos en las oraciones que escribía), dos con un nivel medio (que entendían la mayoría de las veces cuál era el error que les estaba marcando, aunque no eran excesivos), y una mina que, si acaso no tenía un buen nivel de español, por lo menos demostraba un uso de la razón bastante alto comparado no sólo a sus tres compañeros, sino al promedio de todos mis alumnos (incluídos los de Terminal).

Al finalizar la hora de clase, volví a reunirme con Evelyne, esta vez para ayudarla con un tema que no podía resolver y que a su juicio requería un nivel de español que no poseía, y también para darle de probar, a pedido suyo, un poco de mate. No sé si el hecho de que mi equipo de mate es digno de mi gusto por la bebida (o sea, demasiado pobre, de muy mala calidad), o alguna otra cosa más lograron que su experiencia matera fuera un completo desastre. De todas formas, no tardé mucho tiempo en darme cuenta (al llegar a Francia), que el mate no es para el paladar de cualquiera, mucho menos cuando son ya grandes, por lo que decidí no dárselo de probar a los chicos.

Volví a casa un poco tarde, justo para cuando empezaba la manifestación, por lo que decidí no volver a salir al frío de la calle. En su lugar, mandé un mensaje a Anita para saber si podía lavar mi ropa (mensaje que respondió unas 5 o 6 horas más tarde, por lo que no pude hacerlo), mientras veía el último capítulo de Lost y buscaba cosas tanto para el collège como para el lycée. A pesar de las pocas cosas para hacer que tenía, no me fui a dormir sino hasta la 1.30 de la mañana, a pesar de lo temprano que tendría que levantarme al día siguiente.

El viernes, sin embargo, no me desperté con la sensación de haber dormido poco, sino todo lo contrario. La falta de tiempo libre hasta que empezara la clase debe haber actuado sobre el inconsciente, porque la fiaca que había tenido durante el resto de la semana para levantarme no hizo acto de presencia.

Desayuné y me vestí rápido, y fui al liceo a encontrarme con Claudie. La muy zorra estuvo a punto de cancelarme la clase por un trabajo que les había dado a hacer, con lo cual la reserva del gabinete de computación hubiera sido completamente al pedo, pero por suerte me dio lugar a rechazar su propuesta, y al final los chicos pasaron alrededor de una hora escribiendo (o al menos intentando escribir) a un posible correspondant argentino. Pocas veces tuve que hacer tan poco esfuerzo en una clase, lástima que no pueda hacer esto con todos los estudiantes. Al sonar el timbre fui casi volando hacia mi aula para recibir a los Secondes de Virginie, sólo para darme cuenta de que me había olvidado la actividad que tenía preparada para hacer. Cuando volví, por suerte ya estaban todos sentados esperando, y no en la puerta como suelen hacer la mayoría (parece que ya logré instruir a algunos). Con algunos tropiezos al principio, la clase resultó finalmente exitosa, y mi fin de semana ya había comenzado.

Fui a casa a organizar un poco mis cosas para el viaje. Destino: Rouen, casa de Emma. Cuando todo estaba ya ordenado, volví al liceo a buscar algunas cosas que necesitaba para mis próximas clases, y luego a almorzar al comedor. Cuando terminé de comer, fui al departamento de las chicas a dejar mi ropa para lavar, mientras yo hacía tiempo en mi habitación, que se encontraba en un extraño estado de pulcritud que no quería cambiar. Volví alrededor de 40 minutos más tarde a buscar mi ropa, sólo que la presencia de gente en el departamento no estaba asegurada. Golpeé dos veces la puerta, y nadie contestó, pero no sé bien por qué decidí intentar entrar. No estaba cerrada, por lo que creí que lo habían hecho a propósito para que yo buscara mi ropa, que todavía se estaba lavando. Justo cuando estaba a punto de sacarla del lavarropas, empiezo a esuchar ruidos en el baño. Supuse que para quien se encontrara adentro no sería un agradable sopresa verme en su casa, y exactamente así fue: Anita se pegó el julepe de su vida, aunque por suerte no duró más que unos segundos. Finalmente salimos los dos: yo a colgar mi ropa, y ella a hacer sus siempre interminables trámites.

Luego de dejar mis cosas, salí para la estación para empezar lo que debían ser 4 horas de viaje. Digo debían estimado lector porque voy a hacerlo testigo del peor error que pude haber cometido desde que llegué a este país, de cuán pelotudo me sentí al darme cuenta de que lo había cometido, y de lo que tuve que hacer para “remediarlo”. Le sugiero que se busque un mapa relativamente detallado de Francia, pero como imagino que no lo tendrá, voy a ayudarlo pegando algunas imágenes de mi recorrido en tren, tramo a tramo, visto según Google Earth.

La primera hora y media de viaje fue bastante buena en el TGV hasta Arras, a pesar de que la mina que se sentó frente a mí (si, otra vez me tocó uno de esos asientos que van enfrentados a otros, sólo que por suerte esta vez el otro estaba en diagonal) tenía uno de esos comunes problemas de sordera que hace a la gente escuchar la música a un volumen tal que uno no tiene problemas en saber qué está escuchando el otro.......a un vagón de distancia más o menos. Para peor, la mina era fea como ella sola, de esas personas que tienen una extraña cara de asco, como si fueran demasiado para este mundo (porque parece que todo les repugna). De todas formas, comparado a lo que iba a venir, esto no fue absolutamente nada, un poquito de mala suerte nada más.

El problema surgió cuando llegué a Arras. Tenía 45 minutos de espera, tiempo suficiente (creí) para salir, buscar un Banque Populaire, sacar plata del cajero, buscar un supermercado y comprar algo para comer, pues ya empezaba a tener hambre (para ese entonces hacía unas 4 horas que no comía nada, y podrían llegar a ser 7 si no aprovechaba esta parada). Ese fue una parte de mi error, porque pasé al lado de unos 4 o 5 cajeros, todos de diferentes bancos, y mi maldita costumbre argentina de sacar plata de mi banco para evitar las comisiones de sacar plata de otros (que acá, en realidad, son casi nulas). La otra parte de mi error fue creer que mi sentido de la orientación había (vaya a saber uno por qué) mejorado en estos últimos tiempos, y que la posibilidad de perderme era baja ¿El resultado de esta atroz combinación de tacañería (o judaísmo, llámenlo como quieran) y exceso de confianza? Unos 25 minutos antes de que mi tren saliera estaba completamente perdido y, recién cuando decidí preguntarle a un policía, me di cuenta de que estaba bien lejos de la estación, y a pesar de haber corrido en la dirección que me indicó el buen “flic” (con los aproximadamente 5 o 6 kilos que llevaba en la espalda), no pude encontrarla sino hasta 5 minutos después de que el tren hubiera salido. Esto podría no haber sido un problema muy grave de no ser por dos cosas: Emma iba a recibirme en Rouen, y no tenía celular como para avisarle de mi retraso y (más importante aún), en el punto de información de la estación me dicen que ese era el último tren del día hacia esa ciudad. Me dieron dos opciones: esperar al día siguiente (lo que hubiera implicado probablemente buscar un lugar para dormir), o tomarme un tren a Amiens, desde donde (aparentemente) salía otro hacia Rouen. Por suerte había traído conmigo la computadora, y por suerte también pude robar internet de alguno de los escasos accesos desprotegidos que tienen las redes hogareñas en Francia para mandarle a Emma un mail avisándole del problema. A pesar de que el horario del tren que me habían dado no era el correcto, sí había uno con destino a Amiens, y como no requería cambiar mi boleto ni nada por el estilo, decidí tomarlo. Por ende, lo que debía ser un viaje Dunkerque-Arras-Rouen se había convertido en Dunkerque-Arras-Amiens-Rouen.

Con un aspecto de semi abandono y unas pinturas de temáticas alegres, pero demasiado oscuras para mi gusto, me encontré en Amiens con una de las estaciones de tren más feas que vi en toda mi estadía en Francia. No sé si decir por suerte, pero bueno, como premio consuelo al menos, no pasé mucho tiempo allí: en el punto de información me dicen que no hay tal tren a Rouen, y que las dos únicas soluciones que tengo (maldición, odio este tipo de “elige tu propia aventura”) son quedarme ahí hasta la salida del próximo tren, alrededor de las 10 de la mañana del sábado, o ir hasta París, llegar a la Gare du Nord, tomarme el RER desde la Gare Magenta a la Gare Saint-Lazare, y de ahí otro tren que llegaba a Rouen a las 23. La segunda era una opción arriesgada, requería un esfuerzo demasiado alto para lo que habían probado ser mis capacidades de viaje hasta ese momento, pero me negaba rotundamente a pasar una noche en esa ciudad, teniendo en cuenta que hasta ahora las ciudades francesas presentan una belleza directamente proporcional a la de sus estaciones de tren. Entonces, lo que inicialmente debía ser un viaje Dunkerque-Arras-Rouen, se había convertido en Dunkerque-Arras-Amiens-Paris-Rouen, y en lugar de las 4 horas iniciales, su duración sería de 7.

Lloré un poco para que me dejaran usar el boleto de tren que había comprado originalmente para este nuevo viaje, que nada tenía que ver. Ya con mi permiso sellado subí al primer tren, y esperé pacientemente la llegada a Paris. En el medio me llamó Emma que, demasiado inteligentemente, había visto los horarios y se había dado cuenta que el horario de llegada que le había dado no existía, y que estaba tomando el tren hacia Paris. La noticia fue doblemente buena, porque ahora tenía un número para avisarle cuando llegara, si es que finalmente llegaba.

Arribo a Paris, e instantáneamente empizo a buscar la Gare Magenta, que por suerte está muy bien señalizada. Realmente es una muy linda estación, en marmol y madera, bien cuidada y sin el típico olor a mierda del metro parisino, si hubiera tenido algo de tiempo habría sacado un par de fotos. Lamentablemente en el metro y RER de Paris no hay forma de colarse, así que el viaje de unos 5 minutos me costó dolorosos 1,6€ (¿y ustedes se quejan del subte, porteños boludos? jajajajaj). Llegué a Saint-Lazare, pero para encontrar precisamente los andenes tuve que caminar tanto que temí perder el tren, que para ese entonces salía en unos 8-10 minutos. A pesar de haberlo encontrado a tiempo, quise asegurarme que no tendría problemas con mi boleto, con lo que fui al Accueil (que en esta grandiosa ciudad SI está abierto toda la noche), pero el tipo me dio tantas, pero tantas vueltas que nuevamente temí perder el tren, por lo que le arrebaté el boleto de la mano, se lo presenté al guarda del tren y subí. Listo, todo estaba "solucionado".

Al llegar a Rouen me encontré con una de las estaciones más lindas que había visto hasta el momento, iluminada, con lindas pinturas, y con gente circulando. También me encontré con que Emma no estaba (cosa extraña, porque durante el viaje le había escrito un mensaje para anunciarle que había podido tomar el tren y que llegaría a la hora "prevista"), por lo que la llamé sólo para enterarme que acababa de ver el mensaje. Me indicó la forma de ir hasta su casa y yo, con bastante miedo por el problema de orientación que había tenido hacía sólo un par de horas, decidí intentar seguir sus instrucciones. Finalmente nos encontramos a un par de cuadras de su departamento, subimos, y me encuentro con unas 15 personas que estaban festejando el cumpleaños de su coloc Charlie, quien estaba chocho de la vida con uno de sus regalos: el Patator, o lanza papas. Verán, esta gente estudia en el Insa, una universidad de ingeniería donde los convierten en asesinos en potencia con todos los conocimientos de química y física que les dan.

Mi aguante luego de esta tarde adrenalínica llegó sólo hasta las dos y media de la mañana. El otro coloc de Emma, Maël, se había ido a su casa, por lo que su habitación estaba disponible para mí, y poco después de tirarme en la cama ya había caído en un sueño más que profundo.