miércoles, 11 de febrero de 2009

Palpitando el encuentro...

El lunes fue un día un poquito largo. Empecé a las nueve, pero en el collège, para reponer las dos horas de clase que Morgane me había cancelado porque ELLA decidió sumarse a la huelga (obviamente estaba en desacuerdo con que tuviera que reponerlas, pero no voy a pelearme por dos putas horas). Afortunadamente no fueron horas muy largas, sólo los ya tradicionales orales, super tranqui.
Al terminar, me fui al lycée a almorzar para seguir mi jornada, y al pasar por la sala de profesores y abrir mi casillero, me encontré con una nota diciendo que una de mis clases se había cancelado. Gran noticia, porque ahora sólo me quedaba una clase de 14 a 15 y estaría libre hasta el martes a la tarde. Afortunadamente, la clase fue bastante sencilla, aunque todavía tengo que luchar contra el malhumor de algunos. Al menos ya era libre.
Fui a ver si podía conseguir algo más de la ropa que necesitaba aprovechando el final de las soldes, pero terminé volviendo con una bolsa de supermercado con algo de comida que me faltaba (estoy peor que una mina, lo sé), y ya sin nada para hacer, me dediqué a grabar parte de las decenas de películas que bajé desde mi llegada a estas tierras inhóspitas. Durante la cena ya se empezó a sentir el advenimiento del partido más esperado por todos, con cargadas de la hinchada local. Obviamente, no tienen idea de contra quién van a jugar.
El martes a la mañana llegó un momento muy esperado por mi: luego de unos 5 o 6 meses, volvería a cortarme eso que ya no podía llamarse pelo. Es interesante cuán iguales son los peluqueros en todo el mundo: tanto acá como en Argentina se permiten esos aires de grandeza como exigirte tener un turno para cortarte el pelo, y tanto aquí como allá aman hablar de lo que sea, empezando por el tiempo (que por cierto era horrible, tuvimos vientos fuertes y tormenta) pero terminando, si uno quisiera, en la crisis económica. Por suerte para mí, el trámite no duró más de veinte minutos, y luego pude volver a casa a esperar que terminara de bajarse el último capítulo de Heroes, que posteriormente vi. Luego de eso, tocó el turno del almuerzo, el lavado de ropa, y ya se habían hecho casi las 15, hora de mi primer clase del día. Lamentablemente, nadie me había avisado de la suspensión de esa hora de clase, por lo que tuve que esperar una hora más, cruzado de brazos, hasta empezar a trabajar. Nuevamente, la clase fue pasó sin sobresaltos, y hasta diría que con algo de dinamismo.
Camino a mi habitación/casa, me encontré con Nathalie y su hermana, que había venido a visitarla desde Ginebra. Aproveché su presencia para sacar mi ropa ya lavada, y quedar para ir juntos al bar, como todos los martes a la noche. Esta vez, sin embargo, la velada se prolongó más de lo previsto inicialmente, y lo que pensé que sería una cena con cerveza de una duración de una hora, hora y media como mucho, resultó finalmente una salida a uno de los bares de la playa, el único que estaba abierto a las doce menos cuarto de la noche (sisi, así es Dunkerque), y que de todas formas no permanecería más de una hora abierto. En fin, terminé llegando a casa a la 1 de la mañana, pero como hoy no tenía clases.....
Esta mañana fue todo lo poco productiva que podía ser. Basicamente no hice absolutamente nada hasta el momento del almuerzo, y después mucho menos. Recién a las 16 salí para encontrarme con Yolanda, como ya es costumbre, e ir a tomar un café y charlar durante casi dos horas, hasta pasadas las 18. Ahora, después de la cena, espero paciente el pitazo inicial, ese que (espero) terminará en la oportunidad más grande de mi vida de reírme en la cara de un pueblo entero.

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