Miércoles. Miércoles de tranquilidad, sin clases, sin muchas cosas que hacer, como viene siendo la costumbre. Fui a la biblioteca a renovar el préstamo del libro que saqué hace ya tres semanas, y que aún no consigo que me atrape para terminar de leer. Seguí en el supermercado, para comprar los víveres de un posible fin de semana acá (lo cual podría ser grave), y más tarde una pasada por la panadería para comprar lo que luego me enteraría es el único tipo de postre que no le gusta a Yolanda (me sentí de esos que harían un gol espectacular, sólo que contra su propio arco).
Pasé un rato por casa para dejar las cosas que estaban de más, y alrededor de las 13.15 partí rumbo a su casa para almorzar. De paso, decidí probar mi nuevo GPS andando en la bici, el cual funcionó de maravillas, aunque calculo que cuando uno está andando durante horas y horas, la voz de la gallega robótica puede cansar un poco. Llegué con unos 15 minutos de retraso, pero tratándose de una española y un argentino, es casi como decir que llegué a horario. La ingesta de un extraño pero rico pollo con salsa blanca y manzanas era lo único que nos impedía hablar el 100% del tiempo que estuve ahí. Es un placer juntarme a charlar con Yolanda, nos entendemos tan bien que muchas veces es un excelente desahogo de la realidad. Estuve ahí unas 4 horas prácticamente, hasta que llegó la hora de volver a casa, donde seguí con mis esfuerzos diplomáticos por internet, con una pausa para la cena. Mas entrada la noche, fui a ver la semifinal de la Coupe de la Ligue: Bordeaux-Paris, con Placente pero sin Cavenaghi. Buen partido, al menos bastante mejor que el Lens-Paris de hace unas semanas, y acompañado de dos chicos de Prépa bastante simpáticos y conversadores. ¿El resultado? 3-0 para Les Girondins, dos de los cuales se hicieron a menos de 5 minutos de terminar el partido.
Now's time to go to bed.
Hace 11 años

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