Debí haberlo imaginado antes. Dos mil nueve es año impar. Los últimos 4 años impares no sólo fueron malos, sino que cada vez han sido peores. Y enero me ha demostrado que este no será la excepción. Soledad, decepción, angustia, tristeza, no creo necesitar más sustantivos para describir lo que siento acá, en el extremo norte de ese país que me es cada día más hostil. Por primera vez siento que las ganas de irme son mayores a las ganas de no tener ganas de irme (perdón por el mareo con las palabras). De hecho, de no ser por ciertas cuestiones que impiden mi partida, creo que hoy habría hecho mis valijas y hubiera sacado un pasaje en el próximo vuelo a Buenos Aires.
El fin de semana sólo parece haber sido una islita de felicidad en el océano de desesperanza en el que navego desde hace ya un tiempo. No lo soporto más, me estoy volviendo loco. Ahora entiendo cómo se sentía Tom Hanks en "Cast away" (pero no entiendo de dónde saco fuerzas para hacer chistes como este). Algo tiene que cambiar YA, pero dudo que sea posible en este pueblo miserable.
Ni siquiera el hecho de saber que esto tiene fecha de vencimiento me consuela ya, no sólo porque abril todavía me parece inconmensurablemente lejano, sino porque nunca pensé que iba a desear con tantas ganas irme. No fueron pocas las veces que soñé que ya estaba de vuelta en casa, aunque sin saber cómo ni por qué. Empero, siempre pensé que era un estado de ánimo pasajero, no un deseo que se iba a instalar en mí con tanta fuerza que ya ni ganas tengo de enfrentarlo.
Ya ni puedo ver claramente lo que estoy ganando con este viaje. Las escapadas que hago y los lugares increíbles que conozco empiezan a ser insuficientes para paliar lo mal que la estoy pasando en Dunkerque.
Hace 11 años

No hay comentarios:
Publicar un comentario