Hace mucho que no escribo y tengo mucho por contar, asi que lo haré en dos partes: AL (Antes de Londres) y DL (Después de Londres). Obviamente el título hace referencia a la anticuada y contrera forma de manejar de los ingleses. Están tan al tanto de que van a contramano del planeta, que en las calles de Londres hay carteles diciendo "Mire a la derecha" o "Mire a la izquierda", para prevenir al ciudadano común de un país normal.
El viernes por la mañana fueron las últimas clases antes de las vacaciones. Empezaron bien, a pesar de que eran las 8 de la matina, el grupo era muy bueno. El problema llegó después, cuando me tocaron en las dos horas siguientes lo peor de lo peor del liceo, estos pibes dormían hasta a Nueva York. Por suerte fueron sólo dos horas, y a las 11 ya estaba libre de culpa y cargo. Almuerzo en el comedor del liceo, y a preparar las cosas para Inglaterra. Ya acercándose las 7 y media, salgo para la fiesta que me había propuesto Iris, pero a mitad de camino me llama para decirme que va a llegar tarde, asi que mejor que vaya a su casa. Llego y comemos ella, su pacsé (casi como marido) Noël, y un amigo estadounidense que está estudiando aquí (quién lo habrá mandado, pensaba yo). Salimos para la casa de su profesora, que nos recibe con los brazos abiertos en su garage enorme, tanto a nosotros como al resto de la gente que había ido (no demasiada, pero tampoco eran poquitos), aunque algunos ya se habían ido, solo 1 hora después de aquella en la que nos habían citado. Charlas fueron y vinieron, con Noël (un tipo muy copado), una mina (grande) que estuvo viviendo tres años en Argentina, y con otra asistente de escuela primaria, Hillary, de Estados Unidos. Alrededor de las 12 nos vamos cada uno a su casa, tengo que descansar antes de ir para Lille a tomar el mejor micro del mundo.
¿Dije mejor micro del mundo? Me quedo corto la verdad. Luego de llegar media hora temprano a la calle (si, calle, no estación ni nada) donde iba a parar el micro, me quedo esperándolo junto a otras personas durante un largo rato, hasta que por fin, media hora después de lo previsto llega el micro más incómodo en el que he hecho un viaje de larga distancia en mi vida, peor que un caraza, peor que el Gran Capitán, pero que todo lo conocido. Por suerte una hora y pico del viaje se hace en barco, una suerte de Buquebús un poco más grande y con un Free Shop un poco más caro que atraviesa el Canal de la Mancha y nos deposita en Dover. Aparentemente no les bastó con el control de aduana hecho en Francia (tanto por la policia francesa como la inglesa), en el que no tuve ningún problema al mostrar mi pasaporte italiano (a pesar de lo que nos dijeron los cerdos del SCAC), sino que también nos tuvieron una hora esperando en Dover a que revisaran las valijas. Luego de la espera me encuentro con Diego, quien será mi compañero de viaje por los próximos 10 días. Como él no encuentra su micro, se sube al mío y, dos horas y media más tarde de lo previsto, llegamos a Victoria Coach Station, en Londres. Una vez allí, vamos a buscar nuestros pases de micro a una cuadra del lugar, y pedimos un pasaje para Edimburgo, pero no hay más lugares. Totalmente inconscientes, pedimos un pasaje para el punto más al norte posible, y es así como a las 23 salimos para York.
York no podría habernos recibido de peor manera. A las tres y media de la mañana, con frío y lluvia, bajamos del incómodo micro a la estación de trenes. Buscamos algún mapa, pero dado que todo estaba cerrado, solo pudimos imprimir unos que estaban en unos puestos bastante útiles con internet y demás, pero no teníamos donde parar. Nuevamente la inconsciencia se adueña de nosotros y salimos a buscar un hostel, sólo para regresar a la estación media hora después y completamente empapados. Intentamos dormir en la helada estación, sin exito y desconociendo la existencia de una sala de espera, bastante más calentita que el resto de la estación. Cuando me avivo de ella, veo también que un micro sale a las 6 hacia Manchester, pasando por Leeds. "Excelente idea", pienso, y convenzo a Diego de ir. Nos colamos en el micro, y bajamos en Leeds, más precisamente en la estación de trenes. Tenemos que encontrar la estación de micros, que no está muy lejos, y allí esperar a que abra la ventanilla de National Express para comprar nuestro pasaje a Edimburgo, que sale a las 22.30 de allí. A eso de las 9 vamos a reservar el pasaje, pero nos dicen que no hay sistema, así que decidimos volver más tarde. Dejo mi mochila en un locker, previo pago de 3£ y vamos a la oficina de turismo y nos dicen qué cosas podemos visitar, así que vamos al museo de la ciudad, no muy grande, pero con bastantes cosas interesantes para ver (hasta una momia hay). Volvemos al mediodía a la oficina de micros, y grande fue nuestra sorpresa al enterarnos de que no había lugar para viajar a Edimburgo a la noche, así que reservamos para el día siguiente a las 12, y a buscar un hostel se ha dicho.
En la oficina de turismo nos dicen que no hay hostels en Leeds, cosa que nos pareció por demás extraña, pero sí había un hotel con habitaciones por 35£. Treinta y cinco libras entre dos eran 17,5£ por persona, nada mal para Inglaterra pensamos, así que nos dirigimos hacia Etap, cerca de la estación de micros. Dejamos nuestras cosas en una habitación modesta, pero con lo necesario para subsistir, y nos fuimos al museo de armaduras de la ciudad, también bastante grande y con muchas cosas para ver. Volvemos, ducha y a comer se ha dicho. Comer bien y barato en Inglaterra es toda una aventura que no estuvimos dispuestos a emprender, así que fue la primera de varias comidas en Mc Donald's. No mucho mas tarde volvemos al hotel y a dormir se ha dicho.
Al día siguiente (lunes) nos levantamos llenos de energías y con ganas de probar el desayuno All You Can Eat del hotel por solo 2,95£. Particularmente pasé una hora desayunando café, cereales, jugo de manzana, tres croissants y tres panes tostados, si mal no recuerdo. Teníamos que hacer tiempo hasta el mediodía, así que fuimos a dar vueltas por el mercado, en donde se consigue de todo, desde pescado hasta zapatillas y desbloqueos de celulares. Compro un par de cosas para el viaje, y a partir se ha dicho. Fue toda una jornada en micro, con un par de paradas intermedias que lo hicieron más largo aún, y llegamos a Edimburgo el lunes a la noche. A pesar de lo que yo creía, en el Reino Unido se maneja demasiado mal, y los peatones suelen sufrirlo teniendo que cruzar la calle a las apuradas porque el auto (que obviamente viene del lugar menos pensado) no frena, o a uno se le ocurre en el medio de la calle girar en U (cosa que está, aparendemente, permitida).
Conseguir un hostel podría haber sido una odisea, de no ser porque en el primer lugar al que fuimos (que estaba completo), pudimos buscar otros lugares para ir. Nos costó, pero luego de unos 15 minutos y 70 escalones, llegamos al Princess Hostel, que nos hospedó durante dos noches por la módica suma de 22£. Dejamos nuestras cosas en un cuarto con 12 camas, y nos fuimos a revisar los mails, momento en el que descubro que hay arroz gratis en la cocina, lo que se transforma en nuestra cena. Estando allí conocemos a Oscar, un argentino que acaba de llegar para buscar trabajo y aprender inglés, y está parando en el hostel hasta que encuentre un departamento. Los tres salimos a buscar un pub lindo para tomar una cerveza. No encontramos el más lindo de todos, pero el frio nos vence y entramos a uno cualquiera, tomamos unas cervezas (en realidad, ellos toman sidra porque torpemente se confunden), charlamos un rato y de vuelta al hostel a dormir.
El martes a la mañana aproveché una promoción del hostel para hacerme de un tradicional desayuno inglés (es decir, huevos, porotos, salchicha y panceta), y un café por tan sólo 2£. Posteriormente salimos con Diego hacia el lugar de donde partía el tour gratuito de Edimburgo (pasando antes por el Scott's Monument y por una plaza en donde tocaba un gaitero con pollerita y todo por unas monedas), a cargo de un español con bastante buena onda, pero menos que la que tenía el guía de París. Fueron unas tres horas de tour por la ciudad, contándonos bastantes historias de la misma, mostrándonos museos a los que podíamos ir gratuitamente, y demás cosas hermosas de la ciudad más hermosa del viaje. Al finalizar, la avaricia de los españoles quedó al descubierto. Al tiempo que nosotros (eramos 4 argentinos: Diego, Oscar, otro flaco cuyo nombre olvide y yo) queríamos dejarle jodidas 5£ cada uno, los gallegos no estaban dispuestos a dar más de 2,5£. Al final, dejamos 3,5 y quedamos como unos duques, jejeje. Luego de eso, fuimos a comer algo por la calle (es decir, un sandwich), y con Diego fuimos primero al castillo, al que nos dio cosita entrar por su costo (14£ con audioguia), y después al museo de Edimburgo, un lugar enoooorme y lleno de cosas que no pudimos terminar de ver, pues casi cierran con nosotros adentro. Una entrada a la biblioteca (tambien muy grande), y finalmente al super a comprar algo para cenar. Los supermercados en Gran Bretaña son heladeras gigantes: todo está congelado y listo para ser cocinado, no existen prácticamente los productos frescos, así que luego de mucho dudar, nos hicimos con unos paquetes de ravioles, una salsa, y de vuelta al hostel a cocinar, donde nos encontramos con Oscar, quien también pensaba comer eso en la cena, por lo que la misma se transformó en una charla de alrededor de dos horas de un poco de todo: política, deportes, interés general (o no tanto), etc., hasta que, agobiados, nos fuimos a dormir.
El miércoles a la noche salía nuestro micro a Londres, así que (previa compra en el super de pan y manteca para unas tostadas de desayuno), hicimos el check-out en el hostel, pero dejamos nuestras mochilas y nos dispusimos a caminar hacia el mar. Después de más de una hora logramos llegar, y el frío y la humedad nos obligaron a quedarnos bastante poco tiempo, el suficiente para unas fotos y luego otra caminata buscando el castillo, esta vez decididos a entrar. No recuerdo bien qué almorzamos, así que, o bien no lo hicimos, o bien fue un tradicional McDo o algo así. Llegamos, depostiamos las 14£, y empezamos c6n una recorrida que terminó sólo cuando estaban cerrando las puertas del mismo. Fueron alrededor de 3 horas caminando alrededor del mismo, viendo museo por museo (en uno de los cuales, nuestro querido país, en el cual peleó el ejército de dragones escoceses en la guerra de Malvinas fue caratulado como "América del Sur"), edificio por edificio, esuchando en cada momento el audioguía y aprovechando las panorámicas de la ciudad que la altura del castillo nos daba. Volvimos al pasando primero por Burger King (la traición a Mc Donald's nos costaría alrededor de 1£), descansamos un rato en la sala común, y partimos hacia la estació para tomar el micro, que esta vez salió a horario y, mala noche mediante, nos depositó nuevamente en Londres para pasar los últimos 5 días de nuestro viaje.
Hace 11 años

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