lunes, 10 de noviembre de 2008

London calling

Londres, jueves 30 de octubre a las 7 de la mañana, aproximadamente. Llegamos a Victoria Coach Station, donde nos espera Martín, amigo de Diego que viene de Leuven (Bélgica) para pasar el fin de semana. Vamos a un shopping a hacer tiempo hasta que abra la oficina de turismo para buscar información y también podamos llamar a los tíos de Diego para ver cuádo podemos ir a su casa a dejar las cosas. Caminamos luego de un tiempo de espera hacia Picadilly Circus, pasando por Buckingham Palace, a donde regresaríamos una hora después para ver el cambio de guardia. Al menos por fuera, no parece nada fastuoso, bastante sobrio (aunque imponente), como muchos de los edificios de la ciudad. Imposible no compararla con su archienemiga del otro lado de La Mancha: Paris es la ciudad luz, con todos sus edificios fastuosos y antiguos, Londres es más bien sobria y austera arquitectónicamente, pero con un mejor manejo del contraste entre edificios nuevos y antiguos (algo que no logra París, cosa que queda claro con sólo ver Montparnasse), a pesar de lo cual nunca vi tanto lujo como en las calles londinenses y el sinfín de Audis, BMWs, Mercedes, pero también Aston Martins, Bentleys, Jaguars, Maseratis y Ferraris que por ellas circulan, y sus negocios, cuyo estandarte es claramente Harrods.
En turismo no encontramos grandes cosas, pero sí algunas guías y mapas. Volvemos al palacio, (pasando antes por Trafalgar Square y la National Art Gallery) que ahora está repleto de gente para ver el espectáculo del cambio de guardia, y también de policías alertando de la presencia de ladrones, que también deben haber sido varios. Contra todos mis pronósticos, el mismo duró más de una hora, e incluyó un pequeño concierto de la banda real. Terminado el show, vamos en busca de un lugar para comer y descansar (mis hombros estaban ya deshechos por cargar la mochila), antes de tomarnos el tren que nos dejaría en Woking, lugar de residencia de los tíos de Diego. Encontramos un Fast Food de Pollo, con poco lugar, pero el hambre pudo más y ahí nos quedamos a almorzar. Luego de ello, nos separamos, no sin antes arreglar un reencuentro para la tarde, y vamos Diego y yo a Waterloo para tomar el tren. Grande fue nuestra sorpresa al enterarnos de que un viaje individual entre Londres y Woking cuesta 8 libras, y 12 la ida y vuelta. Haciendo cuentas nos avivamos que es más barato comprar un pase combinado de tren y metro por 7 días por la módica suma de 72£. Partimos en un tren un tanto mas lento pero un poco más cómodo que los de Francia, y en 30 minutos estamos en Woking, donde Dolores y su hija Ema nos esperan en el auto para acercarnos a su casa. Dejamos las cosas y descansamos un rato mientras charlamos con la tía de Diego, que es muy simpática y buena onda. Hacia la nochecita volvemos a salir para encontrarnos con el Mercha (llegando bastante tarde debido a un desperfecto en el tren, la imagen más cercana a la Argentina que me dio Londres) y pasear por Regent's Street cual niñas viendo vidrieras y llegar a Covent Gardens, que tampoco son gran cosa, pero bueno, es como el punto mas "festivo" de Londres. Quedarnos a pasar la noche nos da un poco de miedo porque no tenemos nada preparado, asi que no bien encontramos un McDonald's nos metemos a cenar, y luego cada uno a su casa, nosotros llegando una hora más tarde a la estación, donde esta vez nos esperaba David, el tío de Diego (que es inglés, o sea que en realidad es Deivid).

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