El miércoles seguía de vacaciones, pero ahora en casucha, sin hacer gran cosa, esperando que Virginie me llamara como habíamos acordado para ir a comer a su casa y conocer a su familia, cosa que nunca sucedió. Ya caida la tarde/noche, voy al depto de las chicas para lavar mi ropa y ver como pasaron su estadia en Paris, pero solo me encuentro con Anita, que esta un poco enferma y prepara las clases para el dia siguiente. No estuvieron mucho tiempo, pero como no conocían, obviamente les impactó la ciudad. Nathalie se habia ido a Nantes y volvía esa misma noche, cosa que sucedió justo cuando estaba por irme. Estaba desastrosamente enferma, pero al menos la había pasado bien. Vuelvo a mi depto y me acuesto, porque al día siguiente las clases empiezan en el collège.
El jueves me levanto temprano para ir a Coudekerque-Branche. Me encuentro con Morgane, hablamos un ratito, y empezamos el curso, otra vez presentación. Lo peor viene a la tarde, cuando Evelyne (la otra profesora) cae sólo cinco minutos antes de empezar las clases y me tira un par de hojas con los ejercicios que tengo que hacer con los chicos, a pesar de que antes de las vacaciones me había dicho que yo debia preparar algo respetando ciertas pausas. Fue desastroso, lo peor de todo lo que me habia tocado hasta el momento, dos horas en las que hubiera preferido desaparecer de la faz de la tierra, o al menos de ese colegio. Era como hablar frente a los muros, cualquiera que hubiera visto desde afuera la clase habria pensado que yo era un loco que le hablaba a marionetas. Me fui con una bronca incalculable hacia el liceo, donde pude descargarla con algunas profesoras que, por suerte, entendieron cómo me sentía. No dejé de hacer catarsis con toda persona que se me cruzó durante el resto del día, que por suerte terminó relativamente rápido.
El viernes tuve clase por la mañana temprano, desde las 8 hasta las 11, por suerte con una inesperada pausa a las 9 debido a un examen común de inglés, almorcé a las 12.30 como de costumbre (esta vez solo, porque Nathalie estaba enferma), y me fui a tomar el tren hacia Lille, donde tenía que hacer tiempo hasta las 18.30, hora en que Julia volvía a su casa. Recorrí un par de negocios, encontré la rue Massena, la "rue de soif" como llaman los franceses a las calles de la ciudad que tienen varios bares (obviamente en ese momento todos cerrados), y luego el grito de la naturaleza me obligó a tocar el timbre en casa de Julia apenas 5 minutos antes de la hora planeada. Pour suerte ya había llegado y pude hacer uso de su baño, que en ese momento se transformó en el más cómodo del planeta. Nos quedamos charlando un rato, comimos una cena bastante austera, pero a tono con nuestro nivel de hambre (sin contar los After Eight como regalo de Inglaterra que abrimos), y luego de una ducha me zambullí en la cama para descansar, el día siguiente sería bastante agitado.
Hace 11 años

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