domingo, 16 de noviembre de 2008

In the end

Me quede en el domingo 2 de noviembre (y estamos a 16, asi que todavia me quedan 15 de relato), día en que salimos alrededor del mediodía para ver el British Museum, como siempre bastante mas sobrio que el Louvre, pero probablemente con muchisimos más objetos robados que su par francés. La Piedra Roseta, los frisos del Partenón, medio templo asirio, entre otras cosas. La buena noticia (al menos para los londinenses y quienes tenemos la oportunidad de viajar) es que la entrada es gratuita, lo cual alivia un poco el bolsillo. Salimos un par de horas más tarde, y nos dirijimos (previo almuerzo en una plazoleta con sandwiches que preparamos a base de pan, queso y fiambres comprados en un supermercadito indio) hacia Saint Paul's, una iglesia inmensa y super bien decorada, aunque con entrada paga, lo que nos desalienta a recorrerla. Una caminata por afuera, un par de fotos, y seguimos viaje hacia London Tower, con pocas expectativas de entrar debido a su precio, que estimamos alto. Al llegar, no nos equivocamos, y las 12£ que hay que pagar para ver el lugar desde adentro nos alejan a gran velocidad, y de todas formas, ya falta poco para que cierre. Nos quedamos sentados en uno de los bancos que circundan el lugar, viendo a la gente pasar (algunos visiblemente argentinos), y posteriormente nos vamos cada uno a su casa, no sin antes fijar una hora y lugar de reunión para el día siguiente (9.30 en Westminster Bridge).
Durante el viaje de vuelta intento repetidas veces comunicarme con Dani para saludarla en su fiesta, puesto que papá había hecho todos los malabares necesarios para que el teléfono funcione correctamente. Sólo pude lograrlo una vez en la casa de los tíos de Diego, así que quedé bien por poco dinero al hablar con ella y desearle un feliz final de fiesta. Se produce la segunda cena decente desde que llegamos a Inglaterra, con lasagna y restos de la vez pasada, de lo mejor que comimos en el viaje. Luego de eso, un poco de lectura y a la cama para estar listo temprano al día siguiente.
El lunes Dolores nos lleva hasta la estación (David tenía que esperar al gasista y encima empezaba a enfermarse), luego de depositar a Ema en su escuela, puesto que las clases se reanudaban después de una semana de receso. Tomamos el tren, luego el subte, y llegamos (milagrosamente a tiempo) al punto de reunión acordado. Esta vez es Martín el que llega tarde, para vengarse de los anteriores 4 días, y otra no le quedaba, pues este es el último para él. Intentamos entrar al parlamento, pero no hay mucho para ver hasta las 2 de la tarde, donde todo lo que podemos hacer es asistir a la sesión, rodeamos el edificio para verlo con más detalle, y cruzamos hacia Westminster Abbey, lugar que teníamos bastantes ganas de ver, hasta que nos topamos con el cartel de precios y....9£, salvo que uno entre a rezar. No, gracias. Vamos ahora hacia Chelsea, un barrio muy bienudo, donde se encuentra también el hospital militar, inmenso y super bien cuidado. Caminando nos topamos con una callecita donde las casas están pintadas cada una de un color distinto, como en La Boca, pero con bastante más plata. "Una foto, esto amerita una foto". Apenas terminamos de sacarla, una vieja de lo menos simpática que tiene Londres sale de su casa para rajarnos a patadas por "violar la propiedad privada". Seguimos caminando prácticamente sin rumbo y nos topamos con el museo de historia natural, al que decidimos entrar por su gratuidad y nos sorprendemos al ver que era mejor de lo que esperábamos (y que de hecho deberíamos haber ido ahí en lugar del museo de ciencias), así que nos quedamos ahí alrededor de una hora, aunque sin recorrer demasiado porque el cansancio ya se había apoderado de nosotros. Buscamos un lugar para almorzar y nos topamos con Pizza Hut, que ofrece pizza, pasta y ensalada libre por 6£, que hicimos valer durante una hora y media fácilmente. Salimos, damos un par de vueltitas y terminamos en Kensington Gardens, con poca luz, niebla y lluvia, lo que nos impide ver bastantes de las cosas que allí se encuentran, básicamente lugares a los que aparentemente le gustaba ir a Diana antes de darse un tortazo en París. Salimos de los jardines y vamos caminando por una calle bastante paqueta, con una galería aún más paqueta, y finalmente terminamos en Picadilly Circus, visitando negocios un poco más acordes a nuestros bolsillos, entre los que se encontraba una casa de deportes que hacía interesantes rebajas, y donde pude comprar la camiseta de Inglaterra por sólo 4,5£ (o sea, por media entrada a Westminster Abbey), pasado lo cual nos despedimos de Martín, quien tiene que ir a Victoria Coach Station, y nos dirijimos de vuelta a casa. Una cena que no recuerdo bien de qué se componía, ducha, ordenamiento de todas las cosas, y a la cama.
Al día siguiente salimos bastante tarde (yo con todos mis bártulos), para ir hacia Notting Hill en colectivo y experimentar el viaje en un doble piso londinense (de los nuevos, porque de los viejos sólo quedan dos o tres). El primer colectivo que queríamos tomar no aparece nunca, así que tomamos otro, pero el tráfico hace imposible la circulación. Nos bajamos, y yo ya tengo que enfilar hacia la estación para volver a mis pagos. Me despido de Diego, le dejo algo de plata para que compre un presente a sus tíos, y camino un poco antes de tomarme el subte hacia la estación, donde hago el check-in y, en lugar de esperar plácidamente los 40 o 50 minutos que faltaban para que mi micro saliera, decido ir a comprar algunos víveres para el viaje, ir al correo a dejar una postal, y comprarme un souvenir de Inglaterra, lo cual consume alrededor del 90% de mi tiempo. Hago algo que intenta ser un pique de vuelta hasta la estación antes de que el micro salga sin mí, y llego a tiempo para salir. El viaje de vuelta no es mucho más cómodo (pero sí más corto) que el de ida, pero se hace relativamente llevadero con el libro que me había llevado, la comida y una siesta. Llego a Lille quince minutos antes de lo planeado, y voy hacia la estación a tomar el tren, para lo cual veo que tengo que esperar unos 50 minutos. Aprovecho para pasar por lo de Julia y terminar de arreglar la salida del fin de semana a Marsella, pero no contesta mi mensaje, nunca baja, y ya es tiempo de irme de nuevo para la estación. El no compostar deliberadamente mi billete casi me cuesta 25€ de multa, pero haciéndome el boludo logro no pagarlos, y llego tranquilamente a Dunkerque cerca de la medianoche. Debo ser la única persona en la calle en toda la ciudad, pero poco me preocupa a esta altura. Llego, me ducho, y me acuesto a dormir.

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