El lunes siguiente fue uno de los peores días desde que empecé a dar clases. Quizás era por la proximidad del feriado del armisticio de 1918, quizás porque sobreestimé a los pibes, lo cierto es que fueron dos horas de clase absolutamente improductivas, en las que casi no pude hacer nada de lo que tenía planeado. Por suerte pasó bastante rápido, y a las 5 de la tarde ya era un ser libre para disfrutar de mi feriado largo, puesto que el miércoles no tenía que dar clases. El martes también sería un día especial, porque volvería a ver a Ariane después de casi 2 años (el tiempo pasa volando, es algo increíble). Creo que esa noche salimos a tomar algo, pero ahora no puedo recordarlo con facilidad.
Al día siguiente me levanté relativamente temprano para ser un feriado. Tenía que llegar a Lille Europe antes que Ariane, para poder llevarla a la casa de Julia, así que tomé el tren, hice la combinación que requería mi viaje (en la que creí haber visto a Yolanda, la otra asistente de español de la zona), y llegué con tiempo suficiente para esperar a ese ser que tantos momentos de alegría y bronca me hizo pasar en tan sólo 7 meses. Creo que no conozco a alguien tan desbolado y desorganizado como Ariane, pero al mismo tiempo es eso lo que la hace tan querible, don't ask why. Si no lo hubiera sabido desde el principio, habría dicho es latinoamericana antes que francesa, es la primer persona que conozco que creo que no pertenece a su país. Es más probable encontrarse a Ariane en América del Sur que en Francia, lo cual me hace bastante feliz, aumenta las chances de que vuelva a Argentina. En fin, previa pasada por el baño de la estación (en el que tuve que depositar 50 centavos), y contra todo pronóstico, la muchacha en cuestión llegó a la hora y lugar convenidos de antemano! La misma persona a la que había despedido un año y medio atrás en Baires, pero ahora hablando un perfecto francés en lugar de un improvisado (pero muy mejorado) español. Caminamos durante unos 15 o 20 minutos mientras charlamos un poco sobre sendas vidas, hasta llegar a destino.
Ya en la casa de Julia, nos deshicimos de nuestras mochilas (la de ella bastante más grande que la mía debido a que estaba haciendo su "tour de France" visitando amigos), y nos sentamos a desayunar, mientras seguimos charlando de todo un poco, ahora con la obvia compañía de Julia y Benjamin. Estuvimos así alrededor de una hora y media, hasta que decidimos salir con la intención de mostrarle la ciudad a Ariane. Caminamos un poco por la Grand Place, fuimos a la Vieille Bourse, el Vieux Lille, y allí mismo nos agarró el hambre. Buscamos un Estaminet para comer, pero todos los supuestamente buenos estaban completos, una ingenuidad nuestra el pensar que un día feriado un restaurant tan chiquito podría tener lugares libres. Terminamos en Les 3 Brasseurs, un lugar típico de la región, pero no tanto, donde probamos los dos algunos de los platos típicos de la región: Welsh, Potjeveelsch (o algo así), papas fritas y cerveza.
Ariane se encaprichó (no sabemos bien por qué) con fideos a la cassonade (y no carbonara, como debía ser), así que fuimos a Carrefour a comprar los ingredientes necesarios, y finalmente al departamento, donde nos quedamos haciendo la digestión mientras charlábamos, hasta el momento en que había que empezar a cocinar la cena (cosa que yo, obviamente, no hice). En el medio cayó una amiga de Ariane, directo desde Paris, que vino durante sólo un par de horas, y se fue antes de cenar. La comida quedó un poco pasada, pero para nada incomible, sobre todo en estos momentos un tanto pobres de mi vida. De postre hubo After Eight de Inglaterra y un Papá Noel de chocolate cortesía de nuestra invitada (yo ya soy casi inquilino en casa de Julia, no me considero un invitado). Después de la modorra que sigue a una cena, juntamos fuerzas para ir a tomar algo al Biplan, un bar del Wazeemes donde tocaban música.....bohemia, digamos. Habremos estado ahí durante dos horas más o menos, el ambiente era muy bueno, pero no había lugar para sentarse, así que nos volvimos para el depto y cada uno a su cuarto. Ariane tenía la intención de quedarse hablando conmigo antes de irnos a dormir, pero no pude aguantar todo el tiempo que estuvo hablando con su novio hondureño y me quedé dormido antes de que volviera.
Al día siguiente nos levantamos todos temprano, desayunamos con relativa tranquilidad, Ariane se fue alrededor de las 8, y yo una hora más tarde, pues a pesar de no tener curso, preferí volver a descansar a mi habitación, que casi no pisaba desde antes de la Tousaint. Creo haber estado encerrado casi todo el día descansando (excepto en las horas de comer), hacía dos que dormía poco.
El jueves fue un día bastante tranquilo. Desde la mañana estuve en el collège presentándome frente a los alumnos de Morgane, muchos de los cuales eran bastante curiosos y hacían preguntas fuera de lo común, lo que hizo más entretenidas las clases. Estar ahí es bastante simpático cuando los chicos colaboran participando en las clases, y Morgane siempre me propone cosas para hacer con la gente del collège, parece hacer bastantes esfuerzos (para ser francesa), para integrarme y que no la pase tan mal acá. A la tarde volví al liceo y me puse a preparar algunas de las actividades que haría el día siguiente con los chicos, y no recuerdo mucho más de lo que sucedió ese día. Realmente quería que llegara el viernes.
A la mañana del viernes fui al liceo con mi mejor onda, sólo para encontrarme con 7 pendejos que no dijeron ni "mu" durante una hora. Fue realmente desesperante, quería irme y dejarlos solos encerrados en el aula. Supuestamente podían hacer la actividad que había preparado, pero no sé si el desgano, el bajo nivel, o qué los mantuvo callados durante toda la hora, a pesar de mis amenazas. Por suerte la hora siguiente fue un poco mejor, con un grupo al que no había tenido oportunidad de ver casi nunca, pero que fue bastante cooperativo. Esperé a que se hicieran las 12 para encontrarme con Nathalie, dejar mi ropa a lavar e ir a almorzar al comedor. Grande fue mi sorpresa al ver que para el almuerzo había........morcilla!! No sé cómo sucedió, pero en ese momento ni me puse a pensar qué clase de mente brillante había decidido preparar eso, sólo me abalancé y agarré una para volver a probar uno de esos deliciosos manjares a los que nuestra querida cocina nos tiene acostumbrados. Debo reconocer que el gusto no tenía nada que ver al de nuestra morcilla, pero zafaba, y yo era feliz ante la mirada atónita del resto de los comensales, pocos de los cuales habían elegido eso como plato principal de su almuerzo. Terminada la comida, fui a buscar la ropa lavada, la colgué apresuradamente en mi balconcito, y me fui derecho a la estación de trenes, mis ganas de llegar a destino eran ya inmensas incluso antes de partir.
Hace 11 años

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