miércoles, 18 de marzo de 2009

Tout le monde rêve d'y aller au moins une fois dans sa vie

El viernes a la mañana bien bien temprano salimos rumbo a Paris, y en las aproximadamente 5 horas de trayecto tuve la oportunidad de tomar las riendas y decidir el destino de este quinteto de inadaptados que somos los Feld durante aproximadamente 100 km, que no es mucho cuando tu velocidad promedio son 140 km/h (aunque el cartelito indique máxima 130). En fin, alrededor de las 15.30/16 logramos estacionar en Montrouge, en la frontera con Paris, luego de pasar aproximadamente 40 minutos intentando entrar a la ciudad en medio de todo el tráfico que la caracteriza. Nos recibió la dueña del departamento que al principio pareció una típica parisina, pero de a poco se fue mostrando muy simpática y amable, cosa que fue apreciada. Luego de instalarnos y que nos hiciera un pequeño tour por los alrededores, pasamos por el supermercado, compramos víveres, y al regresar nos dimos cuenta de que el día ya estaba perdido.
El sábado fuimos a pasar el día en Versalles, y la verdad es que no nos alcanzó ni para ver la mitad, si contamos todo ese inmenso predio que ocupan el palacio y los jardine. Es realmente inabarcable, no sé qué extensión tendrá, pero la verdad que este Luis XVI era un zarpado, yo creo que no habría esperado a que llegara su nieto para empezar a cortar cabezas. Para peor, los miembros más mayores del equipo ya empezaban a mostrar signos de fatiga a horas cada vez más tampranas, por lo que seguir no tenía ningún sentido. Complicada fue la vuelta, nunca hubiera pensado que el RER C hacía un círculo, y mucho menos que los carteles informativos podían dar tan poca información, pero finalmente papá Feld decidió mandar al carajo nuestro orgullo de hombre y preguntar en ventanilla qué tren tomar. De yapa, y a pedido de hermanita Feld, nos bajamos en la torre Eiffel que ya estba con todas sus luces encendidas y su tropa de senegaleses vendesouvenirs para ofrecer un espectáculo turístico único.
El domingo aprovechamos que los museos serían gratis, por ser el primer domingo del mes, pero no tanto como me hubiera gustado. Por empezar fuimos a Notre Dame, y por primera vez vi en Paris gente yendo a la iglesia para rezar, cosa que me soprendió bastante más que la catedral en sí misma. Luego fuimos caminando hasta el Centro Pompidou, lugar al que tengo ganas de entrar como hace 4 años y que todavía no logro, y esta vez no fue la excepción, porque no bien llegamos empezamos a buscar un lugar para almorzar, y terminado el almuerzo, nos dirigimos al Louvre. Esta vez decidí ir a ver la exposición del Louvre medieval que me había perdido hace 4 años, y realmente valió la pena. En pocas palabras, durante los últimos trabajos de renovación del museo (esos que dieron vida, entre otras cosas, a la pirámide), se encontraron con las ruinas del antiguo castillo que fue construido ahí alrededor del siglo XII. Ahora lo exhiben, chimpum. Salimos alrededor de 3 horas más tarde, y emprendimos una caminata hacia el Arco del triunfo, que fue saboteada a los pocos metros por Julia, a quien le "dolía el estómago".
El lunes fue un día que podría haber sido perfecto, de no ser porque a la señora Julia se le ocurrió que seguía con dolores, y que por eso no nos acompañaría al tour que pensábamos hacer. El tour fue el mismo que hice con Vico al llegar a Francia, sólo que con otra guía, que al principio me cayó mal, pero luego se fue ganando mi simpatía. Luego de finalizado, el equipo volvió a separarse en "Brian" y "el resto" para que yo pudiera ir a tomar un café con don Volman. Nos encontramos en Montparnasse y estuvimos aproximadamente dos horas charlando por la módica suma de un café, hasta que fui interrumpido por doña Julia preocupada porque "el resto" aún no había regresado.....a las 5 de la tarde. Volvimos a pata Victor y yo, pasando por un par de supermercados para comprar fajitas para la cena del susodicho, sólo que no eramos justamente los seres más indicados para comprar comida.
Al regresar tuve que bancarme unas dos horas de preguntas sobre el paradero del resto de la familia, y hasta tuve que llamar a la dueña del departamento para saber dónde estaba la comisaría de policía, obviamente sin ningún sentido. Finalmente, aquellos a quienes mi madre les había dado el status de "perdidos" aparecieron poco antes de la hora de cenar, obviamente luego de haber aprovechado de su último día en París para conocer algunos de los lugares a los que no habíamos tenido oportunidad de ir.
El día siguiente en familia fue bastante corto, pues a las 3 horas de levantarme ya debía partir hacia la estación para tomar el tren que me dejaría en Rennes para continuar mi viaje, ahora en compañía de Ezequiel y Silvia. El viaje en familia duró el tiempo justo y necesario como para que no pudiera llegar hasta el hartazgo.

No hay comentarios: