El miércoles fue un gran día. Empezando por el hecho de que mi clase de las 8 de la mañana fue anulada (y yo avisado unos días antes, con lo que no me levanté al pedo) y continuando con la fiaca que domina mi ser en estos últimos días. No salí de casa sino hasta el mediodía, cuando se hizo la hora de almorzar. Acto seguido, me encaminé hacia la casa de Michel, que me recibió super cortesmente, me invitó un café y me cedió (en calidad de préstamo) su bicicleta, una bici de carrera un tanto vieja, pero que se la banca bastante. Como dicen, a caballo regalado....Pasarán unas semanas hasta que la ponga a punto, pero imagino que mi vida mejorará en al menos un 30% con mi nueva adquisición.
Volví a casa, descansé unos minutos y volví a salir para la casa de Mónica. Obviamente no pude evitar perderme, pero esta vez la suerte o la Fuerza (o las dos) estuvieron conmigo (thank you Master Yoda), y encontré el lugar rápido. Como siempre, tanto ella como su hermano Cucho me recibieron de diez. A pesar de que había ido a preparar y comer empanadas de carne, sólo hice lo segundo, pues Mónica ya se había encargado de lo primero. Pasamos horas y horas charlando, y en el medio vinieron Rosario (la profesora de física del liceo, que es uruguaya) e Ionnai (en realidad es un nombre raro, no sé cómo se escribe), colombiana que vive en Francia hace un par de años, muy amiga de las dos. Hacía tiempo que no la pasaba tan, pero tan bien, fue como haberme tomado vacaciones por adelantado.
El tiempo pasó sin que me diera cuenta, y terminé volviendo a casa a la una y media de la mañana. Hice un intento de quedarme despierto para bajar Lost, pero el décalage horaire entre Francia y USA es mortal, no tuve chances y me fui a dormir.
Hace 11 años

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