martes, 13 de enero de 2009

Last stop: ¿Dunkerque?

Lunes por la mañana. Muy temprano. Muuuuuucho frío. Me levanto, guardo un par de cosas, bajo a desayunar. Las vacaciones han terminado junto con el espíritu navideño. Ya la gente tendrá la misma cara de culo de siempre por las calles, y el mundo volverá a ser la mierda que nunca dejó de ser, sólo que ahora le sacamos el maquillaje festivo. Desayuno relativamente rápido, a alistarse y despedirme de Violaine, que todavía tenía unas horas antes de empezar a trabajar, suerte con la que no corría Robert, que me llevó a la estación minutos antes de empezar un nuevo año laboral. Nos despedimos ahí, no mucho después de llegar, y ya estaba solo solito. Subí al tren para no esperar parado y con frío, y esperé que el viaje empezara. Como de costumbre, no pude dormir.
Hora y pico más tarde ya estaba en París, que me recibía, como de costumbre, con lluvia, pero ahora también con un frío de cagarse. Ahora me tocaba esperar alrededor de una hora la salida del TGV. Lamentablemente al subir me doy cuenta de que me ha tocado uno de los peores asientos: de esos en los que estás enfrentado al otro, y que son geniales si en frente no tenés a nadie, pero son una cagada si hay otra persona. Resultado: no pude ni desperezarme en el tren.
Llegamos a Lille con 10' de retraso porque las condiciones climáticas habían obligado al tren a viajar a "sólo" unos 250 Km/h. Nada grave, yo tenía tiempo antes de que saliera mi último tren del día, pero también el que me traería más problemas: si bien estaba anunciado con destino a Dunkerque, como todos los trenes de las 12.33, al salir nos informaron que llegaba a Hazebrouck, alrededor de la mitad de mi viaje, y que la conexión a Dunkerque salía 13.20 y llegaba 13.56, cuatro minutos antes de mi primer hora de clase, y no 30 como yo había estimado. Merci SNCF.
Llegamos a Hazebrouck y, ya sin crédito en el celular, decido buscar un público para llamar a Claudie para avisar que iba a llegar tarde a mi primer clase del año. Decide que lo mejor es cancelar la clase y que todos vayan con Silvia, a lo que no me niego. Lo peor viene cuando vuelvo a la estación, y veo que mi tren está cerrando las puertas para salir. Golpeo con una ira incontrolable, y al mejor estilo chofer de bondi cuando lo puteás por no parar, abren las puertas, me dejan subir y me empiezan a cagar a pedos. Debido que el recuerdo del error que habían cometido hacía apenas 40 minutos todavía estaba fresco en mi mente, empecé a descargar contra los guardas todo tipo de insultos, que por suerte se tragaron callados. Emprendí viaje y llegué a la hora prevista (no inicialmente, sino a las 13.56), y caí en el liceo 14.15, quince minutos tarde. "Feliz 2009 Brian", me dije. Por suerte para la semana no había previsto nada, sólo preguntas a los pendejos sobre lo que habían hecho durante las vacaciones, supuse que tendrían tan pocas ganas de trabajar como yo (o incluso menos). Volví a mi cuarto, fui al supermercado a comprar algunos víveres para la semana, y de vuelta al liceo para terminar con mi día de trabajo. En el medio me encuentro con Anita, que había vuelto el día anterior. Me cuenta que Nathalie todavía no llegó, y que Na quería volver ese mismo día, pero en París le habían robado sus valijas, pasaporte y tarjeta de crédito incluidos (no pregunten por qué mierda tenía eso en la valija). Como de costumbre, el lunes terminó tarde, y yo con el cansancio por haberme pasado la mitad del día entre trenes, no necesité muchos más estímulos para irme a dormir temprano.
El martes empezó relativamente temprano, con clase de 10 a 12. Luego de eso, comida rápida, lavado de ropa y nuevamente a la Securité Sociale, a ver en qué había quedado mi trámite y para entregar el recibo de sueldo que me habían pedido. Respuesta: en nada, tuve que iniciarlo de nuevo, y Francia ya está a sólo un paso de inaugurar mi lista de países enemigos. A la vuelta me encuentro con Danielle, que iba a resolver sus propios problemas con su banco.
Volví al liceo y ya casi era la hora de mi clase, así que me alisté para ello. Terminada la hora vuelvo a mi cuarto, del que sólo salgo para cenar. No habrá noche en el Bommel esta vez, el miércoles tengo que ir tempranito a la estación para tomar el tren que me llevará a Lille. Arreglo con Yolanda para encontrarnos antes y así poder charlar durante el viaje, y me voy a acostar.
Al día siguiente me levanto nuevamente muy muy temprano. Otra vez hace muuuucho frío, pero las ganas de ir a Lille pueden más, así que con bastante ánimo me visto, desayuno y salgo. Llego a la estación unos 10' antes de que salga el tren, y Yolanda no estaba. Como se acercaba la hora de partida, y suponiendo que quizás ya se había metido para soportar mejor el frío, subí al tren, pero ella no se encontraba allí. Como con el siguiente tren llegaría tarde, decidí quedarme, y emprendí viaje hacia Lille.
Llegué, tomé el Tram, y me perdí (como era de esperarse), mientras buscaba el lycée Kernaneck, pero por suerte lo encontré a tiempo. En la reunión en la que deberíamos haber sido casi 30 personas, apenas si llegamos a las 15. Actividades varias, sobre todo contarnos entre nosotros qué cosas habíamos hecho con los chicos, y si habían funcionado o no. Ahí aproveché para hacer catarsis y exponer mis impresiones del nivel educativo de los frenchies, visión que fue compartida por algunos de mis colegas asistentes. En fin, la jornada terminó con otra Galette de Rois (cortesía de Daniel y Françoise), en la que, otra vez, fui el menor de la mesa. A la salida, y aprovechando que era el día de inicio de las soldes, fui a Rubaix a ver si había algo interesante para comprar, pero sólo me hice con dos jeans Lee.
Volví a la estación ya decidido a tomarme el tren de regreso, pero al llegar noto que los trenes desde y hacia Dunkerque tienen un retraso de alrededor de una hora, así que a esperar. Terminé llegando a Dunkerque alrededor de las 10 de la noche, pero por suerte al día siguiente mi clase en el collège empezaba a las 11, así que tomé una sopita tipo Quick, y me senté tranquilo en la PC.....hasta que noté que internet se había ido. Desaparecido. Gone. "Ya volverá", pensé, así que decidí volver a mi libro, y acostarme a dormir.

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