Llevo una semana de retraso (y no, no temo estar embarazado), así que trataré de ponerme al corriente antes de que vuelva a mi agitada vida de asistente de idioma. El sábado al mediodía llegamos a Barcelona. El tiempo no podría haber sido peor (bueno, sí, siempre podrían hacer unos grados menos de temperatura, pero se entiende), nubes, lluvia, frío. La mala noticia es que todo está escrito en catalán, este injerto de español, francés, italiano y portugués que se hace llamar idioma. La buena noticia es que es relativamente fácil de leer (sobre todo cuando uno conoce ya dos idiomas latinos), y la gente habla español. En fin, llegamos a una estación de micros a la que no teníamos previsto llegar, y el centro de información estaba cerrado, aunque no por mucho tiempo. Pedimos las indicaciones pertinentes, compramos la tradicional tarjeta de transporte válida por 5 días (eso estaría bueno en Buenos Aires, cuac!), y media hora más tarde estábamos en el hostel.
El lugar merece un párrafo aparte. Si bien habíamos reservado una habitación para siete personas, recibimos una para 9, aunque en ese momento estaba vacía. De todas formas, la división entre las dos habitaciones contiguas era tan estrecha (de hecho, ni siquiera llegaba hasta arriba de todo), que era como tener una habitación para unas 25 personas, sólo que no ves a un tercio, pero escuchás hasta su respiración. Nos recibe un catalán con una cara de orto inversamente proporcional a sus ganas de laburar, y no sólo eso, sino que nos da una sola llave (por suerte luego de pedir la otra, nos fue concedida), un cubre colchón y un cubre almohada, y arreglate como puedas, el resto se alquila. Por lo menos tiene una pequeña cocina y hay un "supermercat" a 30 metros, con lo que las comidas no serían obligatoriamente afuera.
En el centro de información nos habían dicho que casi todo estaría cerrado durante el finde, así que nos instalamos y empezamos a caminar casi sin rumbo, hasta toparnos con la catedral. No se vaya a pensar que tengo algo contra la Iglesia, pero en Madrid ya había dejado poco menos que el diezmo como para encima ceder 5€ para entrar, sobre todo sabiendo que luego de las 5 de la tarde, la entrada era gratuita (de todas formas, terminamos sin ir a la catedral). Seguimos camino, pasando por los negocios de siempre, a los que yo no hubiera entrado (porque de hecho no compré nada), pero la necesidad de Julio fue una buena excusa. Se nota a la legua y en los precios que hay más plata en Barcelona que en Madrid, pero bueno, son sólo 5 días. Nuestro último destino de la caminata fue la Sagrada Familia, a la que no entramos simplemente porque se nos hizo tarde. A primera vista Barcelona es una ciudad muy linda, muy pintoresca, y con tanto espacio que caminar da realmente placer, y de hecho dudé un par de veces en usar el transporte público. Hasta ahora, la única ciudad en la que creo que podría vivir tranquilamente, fuera de mi Buenos Aires querido. En fin, volvimos al hostel (donde ahora había en recepción un tano rastafari buena onda) compramos algo congelado para comer, cenamos y a dormir.
El domingo fue el Día G, por Gaudí. Primero fuimos a la Sagrada Familia, pero esta vez sí pudimos entrar. Varias cosas me llaman la atención de este edificio: desde lejos es impresionante, sobre todo porque uno lo compara con el resto de los edificios de la ciudad (bastante bajos salvo excepciones), cuando estás en frente no parece ni tan imponente ni tan lindo, pero cuando entrás, te das cuenta de nuevo de lo inmenso que es, y del laburo que tiene hasta la más mínima piedrecita. En segundo lugar, es increíble que tanta gente acceda a pagar tanto (mínimo 8€), para ver una obra en construcción, la próxima vez que haya que reformar mi casa, me voy a poner en la puerta a cobrar a quienes entren.
Luego de un tour bastante prolongado por la ¿iglesia? ¿catedral?, y otro un poco más corto por las casas de souvenirs de los alrededores, seguimos nuestra caminata por la Champs Elysées de Barcelona, donde pasamos por la Casa Batlló, a la que no entramos por su elevadísimo precio (16€), y La Pedrera, a la que no entramos por su elevadísima cola (alrededor de una hora, según los carteles indicativos). Luego de eso, fuimos al Parc Güell, repleto de gente, pero con la posibilidad de recorrerlo casi en su totalidad. Es inmenso y es tan....distinto a lo que uno ve normalmente, que de verdad es un manjar para los ojos. Volvimos al hostel cuando ya no podía verse nada, y mientras comíamos recibo un mensaje de Vico anunciándome que ya estaba en Barcelona. No sé cómo hizo, pero media hora más tarde ya estaba en el hostel, donde el tano rastafari le permitió hacerse de cenar (bah, la que cocinó fue Kelly, a quien no parezco caerle muy bien), charlamos un laaargo rato, y ya después cero ganas de salir. Victor y Kelly se volvieron a la casa de su couch surfer, y esa fue la última vez que los vimos (supongo que siguen vivos, pero bueno, es la última vez que los vimos anyway). Por nuestra parte, nos fuimos a dormir, ya acercándose la 1 y media de la mañana. Esta vez, la habitación no sería sólo nuestra.
Antes de irnos a dormir ya sabíamos que teníamos compañía, pero no sabíamos lo que nos esperaba. Alrededor de las 4 de la matina, ya en mi décimo sueño, aparecen 3 francesas (franciliennes, bah) de lo más desubicadas que se puede esperar. Hicieron tal quilombo que no sólo nos despertaron, sino que impidieron que nos volviéramos a dormir durante al menos una hora. Para peor, a cada grito nuestro respondían con más risas y gritos. Nunca en mi vida odié tanto a los galos como ese día, y tuve que pensar en varios de ellos (cada uno se imaginará si está o no incluido) para recordar que "no son todos iguales". En fin, el lunes fue un día terrible. A pesar de la lluevia, fuimos a Montjüic sólo para enterarnos de que todo estaba cerrado, así que lo único que pudimos hacer fue recorrer el lugar, que de todas formas es de una belleza indescriptible. Va a ser realmente difícil encontrar una ciudad en la que me sienta más a gusto que en Barcelona. Sigamos con el relato: bajamos al mediodía para almorzar, pero yo estaba destruido, no podía más nada, así que me volví para el hostel a hacer una siesta y reponer energías. Alrededor de dos horas más tarde, volví a encontrarme con Julio en el hostel. Boludeamos un rato, cenamos, y a mí se me dio por una caminata nocturna, a la cual él accedió a acompañarme. Caminamos un muy largo trecho, sin rumbo alguno, tal y como a mi me encanta, sobre todo porque el fresco era soportable. Julio tuvo que volverse porque su vejez se manifestó en forma de ampollas que le impedían caminar, pero yo seguí durante alrededor de una hora más, hasta que me cansé y consideré sensato volver al hotel, y una vez que llegué me dormí. Esta noche fueron unas hermanas latinoamericanas (no se si de Colombia o Mexico, aunque sospecho que del segundo) de la habitación contigua, las que interrumpieron mi sueño, pero al menos esta vez fue más temprano y por menos tiempo.
El martes podría decirse que fue un día "deportivo". A la mañana volvimos a Montjüic para entrar al Museo del Deporte, que con la excusa de la celebración de los JJOO de Barcelona '92 muestra un poco de cada deporte, y no se salva absolutamente ninguno se podría decir. Habremos estado aproximadamente dos o tres horas entre el museo, y las afueras del estadio, hasta que decidimos ir al próximo destino: Nou Camp. En el medio, poco después de salir del subte, nos metimos en un restaurant donde, oh casualidad, el dueño y el mozo eran argentinos, así que la comida vino acompañada de charla, cosa nada frecuente (de hecho casi imposible que ocurra) en Francia. Seguimos nuestro camino hasta el estadio, a donde tenía muchas ganas de entrar, pero no tantas como para pagar 14€, que incluian la visita al museo que poco me interesaba (y bueh, un poco de amor propio, yo soy del Madrid). Dimos un paseo por el negocio del club, y después nos fuimos para la zona de la playa, donde buscamos un lugar que nos habían indicado para comprar ropa deportiva, que Julio quería para sus hermanos. No encontramos el negocio, volvimos para el centro, caminamos un rato, y luego back home. Ahora el cuarto se componía de: las 3 francesas molestas, una venezolana que deambulaba por las habitaciones del hostel desde hacía dos semanas aproximadamente, un brasilero que se apropió de la cama de la más antipática de las francesas, y dos canadienses quebecois, mas que simpáticos. Otra vez por la noche nuestro sueño fue interrumpido por las galas.
El miércoles fue un día de poca actividad diurna. Nos despertamos, boludeamos un rato, y el tiempo que tardamos en lavar y secar la ropa nos dio el tiempo necesario sólo para caminar un poco por los alrededores de Barceloneta, el barrio en que nos alojábamos. En lugar de cena, tuvimos nuestro almuerzo de fin de año en un restaurant de por ahí, puesto que el precio a la noche por el mismo menú casi que se cuadruplicaba. Dimos un último recorrido al Passeig de Gràcia antes de volver al hostel, hacer más o menos las valijas, y prepararnos para la noche. No sabíamos lo que hacer, pero decidimos juntarnos con los canadienses Cindy y su hermano Steven, para celebrar. Lamentablemente el almuerzo cayó mal a Julio, así que su consumo de alcohol se redujo al mínimo, mientras que mi inconsciente pareció haber entendido eso como una necesidad de tomar por los dos. No se cuántas veces tomé tanta cerveza en tan poco tiempo, lo cierto es que a duras penas pude llegar a Plaza Catalunya con los demás -grupo de brasileros incluido (posta que la alegría es brasilera, no paran de cantar los hijos de puta)-, unos diez minutos antes de "descorchar" el cava que habíamos comprado. Moraleja: si no hay plata para champagne, mejor brindar con sidra que es más rica y espumante. Con pedalina y todo logré mandar unos 20 mensajes de texto y, por si fuera poco, seguir a Julio, Cindy y Steven hacia el subte y hasta el Port Olimpic, donde estuvimos bailando al costado de la playa durante alrededor de una hora, si no más. Fuimos a pasar un rato a la playa, pero el frío hizo que nos volvieramos al hostel, previa llamada a casa, aunque una hora tarde, porque acá ya eran las 4 AM. De dormir ni hablar, 4 horas mas tarde mi vuelo estaba saliendo de El Prat hacia Paris, y cualquier intento de dormir habría derivado en la pérdida del vuelo, así que sólo me tiré en la cama a esperar.
FELIZ 2009 PARA TODOS!
Hace 11 años

No hay comentarios:
Publicar un comentario