viernes, 9 de enero de 2009

.....and a happy new year

Primero de enero de 2009. Un nuevo año da inicio, y la primer actividad del día es tomar el avión a Paris. Salimos con Julio alrededor de las 6 de la matina, check-out con despedida del tano rasta copado incluida, y caminamos hasta la estación de trenes, donde tomamos un.......micro, sí, porque hay huelga de trenes (ya casi me siento en Francia). Lo más increible, aunque mi estado de ebriedad y cansancio no me permitieron percibir en el momento, fue que en la misma estación de tren, en un salón enorme que fue aparentemente arreglado, había una fiesta.....¿se imaginan una fiesta de fin de año en Constitución o Retiro? Bueno, yo tampoco, pero en Bcn todo es posible. En fin, el micro tardó mucho menos de lo previsto, llegamos a El Prat, y buscamos nuestras terminales. Cuando nos dimos cuenta de que nuestros vuelos partían de diferentes lugares, fue el momento de despedirnos. Mi primer contacto con un amigo argentino después de 3 meses había llegado a su fin, por lo que nos saludamos, y cada uno tomó su rumbo.
Check-in en el aeropuerto, y a esperar, aproximadamente una hora, hasta que empezáramos a embarcar ¿ya había dicho que estaba en pedo? Bueno, ya no lo estaba más, pero había pasado al estado "resaca": una sed inconmensurable que obviamente no pude calmar con una botella de medio litro de agua, y mi cuerpo que me decía "sacame todo lo que me metiste ya!" (por favor, nada de interpretaciones maliciosas, era sólo alcohol), reacción que se intensificó ya dentro del avión. Fue la primera vez en mi vida que estuve por vomitar en un avión, y por suerte no fue a causa del vuelo. Mis esfuerzos por no pasar vergüenza el primer día del año dieron sus frutos, y llegué sano y salvo a CDG. Antes de recuperar mi mochila (que por suerte fue la primera en aparecer), hice una escala técnica -sí, a pesar de que ya habíamos aterrizado- y luego a buscar la manera de llegar a la Garde de l'Est. Primero fue el CDGVal, o algo así, un trencito supermoderno (como el metro de Lille), que te lleva de un lado a otro de ese inmenso aeropuerto. Luego, una vez en la estación de trenes, primera buena noticia del año: transporte gratuito hasta las 12. Llegar a la estación fue entonces más placentero aún, a pesar de la soledad del tren. Llego a Gare de l'Est, saco mi pasaje, y llamo a lo de los Dumez, con temor a despertar a todos, a pesar de que ya son las 11 y media, hay que tener en cuenta que es 1° de Enero. Sin embargo, Robert me atiende con voz de haberse despertado al menos hace media hora, le deseo feliz año como corresponde, y le aviso que llego en dos horas. Espero un tiempo hasta que anuncian el andén del tren, entro y a dormir.
Una hora y media más tarde llego a Troyes, donde me recibe Robert, siempre con buena cara, siempre contento, como si no le calentara para nada que yo fuera a joder la tranquilidad de la casa justo un primero de Enero (yo creo que ese día no salgo de casa ni para abrirle a mi hermano). Nuevamente nos deseamos buen año, y vamos directo para la casa. Las calles están casi desiertas, y una vez más me acuerdo de que el primero de Enero casi nunca saqué la nariz fuera de casa. Llegamos y, para mi sorpresa, en la entrada aparece un ovejero alemán. La hermana de Robert y una pareja de amigos se habían quedado a pasar la noche, y próximamente comeremos parte de los restos de esa cena. Cinco minutos después llega Laurent, en un estado de resaca y cansancio bastante peor que el mío, lo cual me alivia. Mientras charlamos un poco (sobre todo con Laurent), y se termina de preparar la comida, vamos a por el apéro. Sí, como si no hubiera tenido suficiente la noche del 31, durante toda la tarde del año nuevo sigo con la ingesta de bebidas alcohólicas. En fin, los "restos" de la cena son un manjar en relación a lo que vengo comiendo desde que llegué al Viejo Continente, y eso que no como nada mal: Foie Gras, Terrine, carne, quesos varios, todo en cantidades aparentemente ilimitadas. De postre, bûche, tiramisú y chocolates ¿qué más se puede pedir? Ah, sí, una siesta, porque a pesar de haber estado sentado durante las aproximadamente 2 o 3 horas que duró la comida, mi cansancio no tenía límites. Ni siquiera pude esperar a que los otros invitados se fueran, simplemente me tiré a dormir sin preocuparme ni por cambiarme ni por asegurarme de estar despierto para la hora de cenar.
Cuando me levanto son alrededor de las 8. Fue una siesta de unas dos horas, pero ya no hay casi nadie en la casa. El resto de los invitados partieron, y Laurent fue a casa de Dorothée (mmmm, ¿se escribirá así?). Para colmo, ninguno de los tres (Violaine, Robert y yo), tenemos hambre, así que apenas si tomamos algo mientras charlamos un poco (las vacaciones, esto, lo otro), y volvemos a dormir.

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