lunes, 12 de enero de 2009

Last stop: Troyes.

Viernes dos de enero. Me levanto relativamente temprano para ser un día "feriado", pero los demás (Robert y Violaine) también estaban despiertos ya, así que me uno al desayuno y, luego de eso, se ponen a limpiar la casa luego de dos dias de visitas (sin incluirme a mí, que seguiría ahí hasta el lunes, claro) y comida en abundancia. No me dejaron hacer absolutamente nada, desconozco la razón, pero si es por vergüenza o algo por el estilo, espero que quien corresponda les diga ahora cuando los vea en mi continente natal que no hay razón para hacerme sentir como un hotel, pues sé bien que no es uno a donde voy. Como sea, aproveché mis horas de ocio para prepararme (bueno, tanto como horas no fueron, mas bien minutos) para ir al encuentro de la promoción 2005 del lycée Camille Claudel. ¿Qué carajo iba a hacer yo ahí? Bueno, básicamente reencontrarme con Manon (Manon es nombre francés de nena, NO es una galletita, en este caso), quien fue la que me invitó, y de paso pude volver a ver a varios que hasta me reconocieron después de 4 años de desaparición! En fin, con un frío polar caminé los 2 km. que separan Sainte-Savine del centro de Troyes, lo que me permitió ver lo desolador que es un viernes 2 de enero en este país: casi no se veían personas por la calle, y de haber habido gente, no habrían tenido casi nada para hacer, pues casi todos los negocios estaban cerrados. Encontré a todos con unos minutos de retraso y fuimos a buscar un kebab abierto (cosa que no fue taaan sencilla como uno esperaría), mientras ellos intentaban recordar la sarta de pelotudeces que habían hecho en casa de Polo por estar en pedo durante el 31 a la noche. Emma ya se había vuelto a Rouen para poder estudiar, estos malditos franceses cínicos ponen los exámenes de mitad de año justo después de las fiestas.
Llegamos al dichoso kebab y el dueño se debe haber hecho el día, o al menos el mediodía, porque de la nada le cayeron 12 pendejos para almorzar. Ahí fue cuando pude charlar un poco con Manon cara a cara, después de (como con casi todos) 4 años. Su estadía en España el año anterior había hecho maravillas en su español, obviamente dejando de lado el acento. Terminamos de comer y emprendimos viaje en busca de un café. Luego de dos partidos de metegol (sisi, acá existe por suerte) algunos pidieron una cerveza, en tanto que yo me conformé con un café con leche (intentaba inutilmente empezar mi rehabilitación), y una charla con Coco (no sé de qué es pseudónimo), luego de lo cual salimos a wonderear about Troyes. Nos despedimos de casi todos, pero Manon, Luc (su novio, bastante capo la verdad), Paul, su novia y yo fuimos a la Fnac a seguir dando un par de vueltas. Pasando por los stands de los libros me percaté de que excepto los de Lance Taylor que me recomendó Ari de economía, no tenía libro para entretenerme, así que como de costumbre, pedí consejo a conocidos. Luc y Manon discutían por qué libros eran recomendables y cuáles no lo eran tanto, y ahí cometí mi primer error de 2009, sólo que me percataría de ello una semana más tarde: compré "Au bonheur des ogres", que me había recomendado Manon (Manon, nunca más tomo una recomendación tuya, ahora probaré con las de Luc). Salimos y fue ahí donde los saludé, ya era tiempo de volver a la casa Dumez.
El frío, en lugar de aflojar, aumentó, y para colmo, cuando llegué, me recibe Robert con un "Laurent y yo vamos a correr alrededor de una hora ¿nos querés acompañar?". Y bueh, negarme hubiera sido hasta un poco descortés, sobre todo porque no tenía nada que hacer. No fue tan malo de todos modos, y el volver extenuado me permitió dormir más profundamente, no sin antes seguir comiendo las sobras del 31, junto con alguna otra cosa preparada por Violaine. Ofrecí preparar un DVD para ver Nueve Reinas, pero la compu no cooperó, así que la propuesta tuvo que quedar trunca por el momento, por lo que me retiré a dormir, no sin antes empezar el libro que acababa de comprar.
El sábado acompañé a Robert al mercado, que por cierto siempre había visto por fuera. El lugar es bastante impresionante dentro de lo modesto que puede ser el mercado de una ciudad con unos 100 mil habitantes. Compramos lo necesario y volvimos a casa, unas horas antes del almuerzo, asi que esperando seguí leyendo mi libro. Después del almuerzo, llegó la duda de qué hacer durante la tarde. Como Violaine quería comprar unas botas, sugerí un tour de compras, en el que, obviamente, terminé sin comprar nada, pero sobre todo porque supuse que, 4 días más tarde, con el comienzo de las Soldes, conseguiría mejores precios. Segundo error de 2009. Volvimos a la casa y cuando nos debatíamos entre ir o no al cine, yo propuse ver Nueve Reinas, a lo cual los Dumez no solo accedieron, sino que invitaron a Marie Jo, una amiga de Violaine, a cenar y ver con nosotros la película. Bastante simpática Marie Jo, aunque creo que Robert no piensa lo mismo. En fin, luego de la cena dispusimos todo en la sala para ver la película, pero al cabo de 20 minutos en que el DVD se trababa al menos una vez por minuto, y ya hasta se salteaba algunas partes, decidí parar todo y autoritariamente obligué al resto de los presentes a buscar una solución al problema. Intentamos primero conectando la notebook de Violaine al televisor, pero nada. Allí fue cuando surgió la idea de conectarla al proyector de Bertrand y verla en su habitación (que por esos días yo había usurpado). Eso hicimos y, dado que funcionó, allí nos quedamos durante las casi dos horas que duró la peli (shhhhh, de esto no tiene por qué enterarse el damnificado). A todos pareció agradarles, pero bueno, había sueño, así que Marie Jo se volvió pa' su casa, y nosotros cada uno a su cama.
El domingo a la mañana, un poco después del desayuno y de que Violaine pusiera a calentar el pollo del almuerzo, nos fuimos a caminar por un sendero nuevo que habían arreglado que llegaba hasta Troyes, y por el que se veía a mucha gente haciendo ejercicio. El paisaje era casi mágico: los patos en el rio casi congelado, los bancos y las barandas llenas de hielo blanquito. Entre ida y vuelta habremos caminado unos 40 minutos, una hora quizás. Volvimos pasando por la panadería para comprar algo de pan y la "Galette de Rois". Almorzamos, y a descansar se ha dicho. Cuando volví a bajar ya era bastante tarde. Robert se propuso enseñarme a jugar a un juego llamado Abalon, del estilo Ajedrez, Damas, pero al mismo tiempo distinto. Definitivamente no soy bueno para ese estilo de juegos. Yo intenté (creo que exitosamente), enseñarle a jugar al truco, y cuando descubrió que el juego se basaba básicamente en saber mentir, conjugó eso con la película que le había hecho ver el día anterior, y me parece que desde ese momento habrá empezado a ser más precavido con los argentinos, quién sabe....
No mucho después volvieron Laurent y su novia de Paris, donde habían ido al circo. Cenamos pescados (creo que no eran sobras de año nuevo), y la Galette, no sé por qué el 4 y no el 6, pero la tradición acá es así. Como yo era el menor de la mesa, me hubiera correspondido (como indica el protocolo) sentarme debajo de la misma y repartir las porciones. Creo que mi sutil negativa fue comprendida por todos, e hice la repartija sentado en la silla, mientras la Galette era cubierta por un repasador. Terminamos la cena (por cierto, Laurent ganó el premio y fue el rey de la mesa), yo me fui a bañar y a ordenar mis cosas para la partida, me despedí de Laurent y Do, y finalmente terminé en la cama. Mis vacaciones llegaban al principio de su fin.

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